“Cuba y Granada: amigos para siempre”

Autor: 

Hace seis años, el día en que Maurice Bishop habría cumplido 65 años, el aeropuerto internacional de Point Salines en Granada fue rebautizado en su memoria, honrando así finalmente de manera pública a la Revolución granadina y su papel en la construcción del nuevo aeropuerto. El cambio de nombre fue en respuesta a las solicitudes populares de los granadinos a lo largo de muchos años.

A diferencia de lo ocurrido en Granada, donde el traumático fratricidio de camaradas y la instalación de un gobierno de centroderecha luego de la invasión norteamericana contribuyeron a un silencio público sobre el tema de la Revolución, Cuba de inmediato rindió homenaje a la Revolución granadina y a Maurice Bishop.

Una escultura del líder, obra de Alberto Lescay, adorna el sombreado patio de la Casa del Caribe [en Santiago de Cuba]; la escuela “Maurice Bishop”, en Guanabacoa, conmemora su figura. Cuba también honró a sus 24 nacionales que cayeron durante la invasión norteamericana a Granada.La espectacular y gratuita violencia de la invasión estadounidense, así como su más amplia política imperial, facilitan el abordaje de la invasión. Pero la más fundamental, la más profunda angustia de Granada, consistió en que el derrocamiento de la Revolución fue obra de la violencia ejercida desde dentro de la izquierda. Para las personas comprometidas con porvenires revolucionarios e igualitarios, en lo que hay que poner más la atención es en ese nudo, que está tanto más enredado.

Puesto que la Revolución granadina contenía tanto impulsos democratizadores como autoritarios, ¿cómo fue que estos últimos consiguieron imponerse? ¿Cómo fue que se llegó al punto en que el debate y el disentimiento dentro de la izquierda no eran aceptados? ¿Qué alternativas habrían podido desarrollarse mejor, frente a la opción de solucionar los desacuerdos mediante la fuerza? ¿Cuáles fueron las presiones enfrentadas por los variados movimientos y partidos de izquierda en la región, y qué esfuerzos y alianzas hicieron? ¿Cómo podrían las izquierdas regionales democratizarse más a sí mismas, a pesar de las presiones que plantea la hostilidad norteamericana? Las respuestas a esas preguntas requieren la dura labor de volver la mirada hacia dentro, a las pequeñas violencias que fueron acumulándose, escalaron y estallaron el 19 de octubre de 1983.

El hecho de que tantos gobiernos desclasifiquen documentos después de veinticinco o treinta años tiene una razón. Ya ha transcurrido una generación. Pero existen también otras que ahora es el momento fructífero para volver a visitar y a enmarcar la memoria. El contexto global posterior a 2008 no permite el triunfalismo capitalista del decenio de 1980-1989, tal como lo atestiguan la marea rosada en América Latina y las sublevaciones de masas por todo el mundo.

En 2008, Granada fue testigo de su primer gobierno de centroizquierda desde la Revolución. Aunque luego perdió las elecciones y el gobierno, el espacio que el Congreso Democrático Nacional creó para las discusiones y conmemoraciones en torno a la Revolución difícilmente se pueda perder en el futuro. Los juicios, las apelaciones y el encarcelamiento de los “17 de Granada” (los condenados por los asesinados de Maurice Bishop y sus camaradas) finalizaron en 2009.  De manera muy independiente, con respecto al Informe y recomendaciones de la Verdad y la Reconciliación publicado en 2001, muchos granadinos han hallado maneras de estudiar y llegar a un acuerdo respecto a la Revolución, sus fortalezas, errores, pérdidas y desplome.

En 2008, Nadia, la hija de Bishop, pronunció un discurso radial en el cual ofreció su perdón incondicional a los 17 de Granada (y en verdad pidió perdón por la violencia ejercida por su padre como parte del proceso revolucionario). En 2013, un nuevo memorial fue inaugurado para honrar a los 14 soldados del Ejército Revolucionario Popular Granadino muertos en la invasión estadounidense. (Los Estados Unidos los habían tomado por cubanos y embarcaron sus cadáveres a Cuba, país que los devolvió a su debido hogar, Granada, donde yacían en una tumba sin marca alguna hasta que se erigió la reciente lápida mortuoria con sus nombres.)

También en 2013, el embajador norteamericano en Granada, radicado en Barbados, ofreció asistencia para localizar los restos de los dirigentes de la Revolución de Granada muertos en 1983. Comúnmente se cree que los cadáveres fueron trasladados por los norteamericanos desde el sitio original donde [sus asesinos] se habían deshecho de ellos apresuradamente; a pesar de varias búsquedas, no han sido recuperados ni se les ha brindado el entierro debido. Esos ritos para con la dirigencia asesinada debieron sin duda realizarse hace tiempo, como una forma de respeto básico debido a cualquier individuo, pero también como un paso hacia una resolución política.

Placa que reconoce el papel crucial que desempeñó Cuba en la edificación del aeropuerto. [Foto de la autora, 2015] Otras placas cercanas a esta reconocen la contribución de los Estados Unidos, Canadá y Venezuela en varias etapas posteriores de la construcción del aeropuerto. Dichas conmemoraciones oficiales son tardías, pero necesarias.

 

Las personas a menudo hablan sobre el cambio de nombre del aeropuerto y la necesidad de un entierro apropiado como vías para aportar una conclusión a un capítulo turbulento. Pero yo creo que podrían brindar una apertura que pudiera liberar la memoria de la Revolución granadina de su enfoque en los líderes, para recanalizarlo hacia la memoria de las muchas personas comunes que, juntas, hicieron la Revolución. Mi propia esperanza es que los escolares en Granada estudien algún día la Revolución y que, cuando lo hagan, aprendan sobre la manera en que las personas de Granada y los países caribeños vecinos transformaron colectivamente su comprensión sobre la ciudadanía y sus futuros políticos.

Releyendo recientemente a Eduardo Galeano, luego de su fallecimiento, hallé un pasaje en el que conmemora el asesinato de Rosa Luxemburgo, en Berlín, el 15 de enero de 1919, tras el cual arrojaron su cadáver a un canal, quedando su zapato en las calles. Me impresionó el hecho de que también recuerda la mano que recogió su zapato del fango.  Ese es el tipo de labor de memoria que se requiere.

Tan importante como la decisión del Estado de renombrar el aeropuerto de Granada es la única mano que amorosa y anónimamente garabateó un grafiti en la pared: “Saludamos a Fidel-Bishop” y “Granada-Cuba, amigos para siempre”.

“Saludamos a Fidel-Bishop”, “Granada-Cuba, amigos para siempre”, escribió alguien en una pared de Saint George. [Foto de la autora, 2009]

 

Actos como esos recuerdan la Revolución y no solo a sus líderes. Extienden los mejores esfuerzos de la Revolución y atesoran las solidaridades y amistades forjadas en su transcurso.  Cientos de cubanos ayudaron el proyecto revolucionario de Granada. Médicos, obreros de la construcción, traductores, maestros, diplomáticos, asesores en la agricultura y la industria brindaron sus esfuerzos, a menudo haciendo labor voluntaria en el aeropuerto en horas extras, además del trabajo que normalmente hacían. Las amistades entre granadinos y cubanos fueron forjadas tanto a través de las asociaciones formales de amistad como a través de las interacciones diarias de camaradas y estudiantes, aprendiendo las lenguas unos de otros y comiendo la comida unos de otros.

El gobierno cubano brindó equipos, ayuda material, becas y entrenamiento a gran número de granadinos. Artistas y coreógrafos cubanos colaboraron de manera creativa con sus contrapartes granadinas. Debemos agradecer no solo a los cubanos que ofrendaron sus vidas por Granada, sino a todos aquellos que laboraban como trabajadores internacionalistas allí y a los que acogieron a los granadinos en Cuba. Son personas como esas las que mueven el recuerdo de la Revolución granadina más allá de una historia de santos y demonios, traidores, líderes muertos y villanos vivos, a un presente animado de contradicciones y posibilidades.

El problema con la recordación es que favorece a los muertos. Quizás ahora sea el momento de recordar y agradecer a los vivos.