Espero que la voluntad de hacer y la autodisciplina me acompañen

La ayuda permanente para la labor intelectual involucra múltiples tipos de saberes, servicios y actos de generosidad espiritual y material en los más disímiles espacios y tiempos. A todos: infinitas gracias.

En primer término, mi recuerdo agradecido a los que están donde ya no se ven:

A mis padres, quienes nos enseñaron a ser honestas, quienes se sacrificaron con alegría para que sus tres hijas estudiaran y fueran buenas profesionales.

A Carlos del Toro, padre de mi hijo, historiador y periodista, con quien compartí proyectos por más de veinticinco años.

A  Ramón de Armas, Panchito Pérez Guzmán, Romualdo Santos, Salvador Redonet y Amaury Carbón, hermanos espirituales, con quienes compartí alegrías y tristezas escribiendo libros y dando clases.

A mis maestros en la Universidad, las bibliotecas y los archivos, quienes generosamente me abrieron todas las posibilidades, me transmitieron sus saberes y experiencias, me facilitaron libros y se involucraron en mis proyectos.

De manera especial, un recuerdo para José Z. Tallet, Juan Marinello, Alfonso Bernal del Riesgo, Enrique de la Osa, Raúl Roa, José Antonio Portuondo, Mirta Aguirre, Vicentina Antuña,  Camila Henríquez Ureña, Rosario Novoa, Julio Le Riverend, Juan Pérez de la Riva, Ángel Augier,  Luis Felipe Le Roy, Francisco Mota, Salvador Bueno, Cintio Vitier, Alfredo Guevara, monseñor Carlos Manuel de Céspedes y Oscar Loyola, quienes me ayudaron a entender  la necesidad de contribuir a las investigaciones en torno a la cultura republicana.

Ahora, quiero agradecer a los que permanentemente se siguen involucrando en mis proyectos.

A mi hijo, a mis dos hermanas, a mi sobrino y a mi sobrino-nieto, quienes siguen el ejemplo de mis padres para mantener la unidad familiar.

A mis maestros.

A mis amigos.

A mis compañeros en la facultad de Artes y Letras y  en la Academia de la Historia.

A los trabajadores de la Biblioteca Nacional, de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, del Instituto de Literatura y Lingüística, del Archivo Nacional, del Centro de Estudios Martianos, de las Fundaciones Alejo Carpentier, Fernando Ortiz y Nicolás Guillén.

A los cubanos que viven en el extranjero y mantienen la identidad patriótica de las emigraciones en el XIX.

A los intelectuales españoles, estadounidenses, franceses, mexicanos, argentinos, entre otros, quienes también materializan la solidaridad con Cuba ayudando en proyectos de libros.

En todos siempre encuentro una  solidaridad muy generosa, benéfica, porque me reafirma la convicción de que debemos hacer el máximo para seguir desarrollando la esencia humanista de nuestra cubanía, tal y como la definía don Fernando Ortiz.

En diciembre de este año,  se cumplirán cuatro décadas de la publicación de mi primer libro. Recuerdo que fue un alumno de los cursos para trabajadores de periodismo, quien silenciosamente y con la complicidad de todos, puso un sobre en la mesa con mi nombre. Terminé la clase y cuando él vio que yo recogía el paquetico, me sugirió que lo abriera.

Ellos disfrutaron riéndose de mi  total sorpresa ante el ejemplar de El Movimiento de Veteranos y Patriotas. Sabía que estaba para imprenta y yo estaba concentrada en la versión final de El Grupo Minorista y su tiempo. Con cada proyecto olvido parcialmente el ya concluido. De modo que siempre me sorprendo cuando lo veo ya impreso, listo para los azares de una vida autónoma.

Investigo, construyo libros, imparto clases, participo en programas de radio y televisión, la interacción de labores me brinda acceso a momentos de felicidad. Tengo que darle las gracias a la vida, como dice la canción de Violeta Parra.

Espero que la voluntad de hacer y la autodisciplina me acompañen para concluir nuevos libros y para imaginar otros. Solo necesito un poco de suerte para que me acompañe la salud. Como se dice en la canción de Joan Manuel Serrat en homenaje al poeta Antonio Machado: “se hace camino al andar”.

 

Foto: Cubarte.