Vigotsky y la crisis de la psicología: vanguardia y contemporaneidad

Resumen: 

Se presentan aspectos esenciales de la vida y obra del científico bielorruso Liev Semiónovich Vigotsky, fundador del Enfoque Histórico-Cultural del desarrollo psicológico. Se valoran sus aportes a la Psicología de su tiempo y de la actualidad, con énfasis en su visión marxista de la ciencia y la naturaleza humanas. Se destaca a la Psicología cubana como heredera de su pensamiento científico revolucionario. 

 

Abstract: 

Essential aspects of the life and work of belarusian scientist Liev Semyonovich Vigotsky, founder of the Historical-Cultural Approach to psychological development, are presented. His contributions to the past and current Psychology are valued, emphasizing his marxist view of science and human nature. Cuban Psychology stands out as heir to his revolutionary scientific thinking.

 

Vigotsky cruzó, como una furia veloz, la psicología científica de nuestro siglo.

                                                            Ángel Rivière

 

Los clásicos no son llamados así gratuitamente. La frescura y actualidad de sus ideas permiten retomarlas en debates y polémicas actuales sobre nuevos o antiguos dilemas. Liev Semiónovich Vigotsky es un clásico «por el encuadre histórico de su trabajo, pero, a la vez, va a funcionar como un novel-actual por el encuadre histórico de la difusión de ese trabajo» (Álvarez y Del Río, 1991: 16). Y es que la mayor parte de su obra se divulgó muchos años después de ser escrita y luego de sortear no pocos obstáculos. Su texto El significado histórico de la crisis de la Psicología. Una investigación metodológica (1991b) también es un clásico por las ideas de vanguardia que desarrolla y por la polémica que aún suscita.

La coexistencia en la psicología de sistemas de conocimientos antagónicos e irreconciliables, la necesidad de integración de sus saberes teóricos y prácticos, la importancia del materialismo dialéctico e histórico en la fundamentación de una psicología integradora, son cuestiones que aún están en debate y que de forma pionera fueron señaladas por Vigotsky en su célebre texto.

A casi nueve décadas de su creación, deseo no solo compartir algunas consideraciones sobre su lectura y análisis, sino también homenajear la vida y la labor de un científico universal, y señalar su legado para la psicología en Cuba y más allá.

 

El hombre y sus circunstancias

Vigotsky nació en noviembre de 1896 en Orsha, pequeña ciudad no lejana de Minsk, capital de Bielorrusia, aunque vivió su infancia y juventud en Gomel. Murió de tuberculosis, en junio de 1934, a la temprana edad de 37 años.

La posición de su familia era bastante acomodada, y tanto su padre como su madre eran personas de mentalidad abierta y preocupadas por la cultura (Rivière, 1984), lo cual marcó el carácter y la actitud del joven hacia el mundo.

Desde pequeño, sus estudios e intereses estuvieron dirigidos hacia la lingüística y la literatura, la crítica y la filosofía, además de las lenguas clásicas. Se dice que además del ruso y el hebreo, dominaba los idiomas alemán, inglés, francés, griego y latín, lo cual le permitió, años después, acceder a una amplia bibliografía en psicología, pedagogía y filosofía, que le facilitó tener una amplia visión del panorama de estas ciencias en su tiempo y aportarles sus ideas (Rivière, 1984).

Matriculó la carrera de Derecho en la Universidad Imperial de Moscú y realizó estudios de Historia y de Filosofía en la Universidad Popular Shanyavsky, donde pudo estar en contacto con el pensamiento crítico de su época, al tener este centro una estrategia educacional más libre y abierta (Rivière, 1984). Se graduó de Leyes en 1917, aunque nunca ejerció.

Su quehacer profesional, una vez graduado, estuvo marcado por tres grupos de motivaciones: 1) las relacionadas con cuestiones pedagógicas y educativas; 2) las referidas a la estética, crítica y promoción institucional del arte; y 3) las propiamente psicológicas. Según Angel Rivière (1984), los intereses de Vigotsky por la psicología nacieron de sus inclinaciones estéticas, de su preocupación primaria por la génesis de la cultura y por los resultados superiores de esta. Desde el principio relacionó sus intereses pedagógicos con la exigencia de una explicación psicológica de los procesos de aprendizaje y desarrollo. Antes de ser psicólogo, Vigotsky fue «enseñante y paidólogo», al desarrollar una motivación predominante por la pedagogía, específicamente por el uso práctico de los resultados de la investigación psicológica, puestos al servicio de la formación del ser humano (Manacorda, 1979: 31-9).

Por la diversidad y riqueza de sus aportes científicos, fue llamado el Mozart de la psicología por el filósofo Stephen Toulmin. Muchos otros autores contemporáneos lo consideran un adelantado a su época, aunque para Rivière era «el hombre adecuado en el tiempo propicio» (1984: 8). Lo cierto es que surge, para esa disciplina, en un momento significativo para su nación, cuando se exigía la construcción de una nueva sociedad y de un nuevo tipo de persona. Y Vigotsky, por su formación humanista y su bagaje cultural, reunía las condiciones necesarias para idear una nueva concepción en la educación, la paidología y la psicología (Lucci, 2006).

Antes de 1924, Vigotsky era un desconocido en el medio psicológico soviético. En ese año se trasladó a Moscú, invitado a trabajar en el Instituto de Psicología, y comenzó la última década de su corta y fructífera vida. Fue la más intensa etapa en cuanto a su producción científica, en la que se destacó el establecimiento de las bases de una nueva psicología, cuyos principios fundamentales se exponen en el texto que motiva este artículo.

 

Un retrato vivo y un análisis crítico de la psicología de la época

Si se lee detenidamente El significado histórico de la crisis de la psicología. Una investigación metodológica, puede apreciarse un retrato en movimiento de esa materia en la época, un testimonio crítico de su historia. Puede accederse a las tendencias del pensamiento psicológico de entonces y a las contradicciones que se manifestaban entre ellas; a los puntos en común y las divergencias entre autores, teorías y escuelas; a los fundamentos filosóficos que sustentaban sus diferentes posiciones.

A través de sus páginas desfilan figuras insignes de la psicología como Wundt, James, Stern, Piaget, Koffka, Pávlov, Watson, Allport, Freud, Jung, Adler, Wertheimer, Köhler, Kornílov, y filósofos como Husserl, Binsvanger y Hegel, todos sometidos a una rigurosa crítica que resalta sus aciertos y polemiza sobre sus limitaciones.

Vigotsky era severo y a la vez justo en sus valoraciones. En sus interpretaciones iba más allá de lo dicho explícitamente, descubriendo entre líneas la verdadera ideología y fundamentos filosóficos de los autores estudiados. Señalaba con total convencimiento la importancia de estudiar y evaluar adecuadamente cada resultado o hallazgo de la ciencia, lo que lo convierte en un ejemplo de cómo hacer una sistematización crítica del conocimiento.

En el texto puede accederse al origen de antagonismos que persisten en la ciencia psicológica como los existentes entre teoría y práctica o entre ciencia y profesión; y a postulados y corrientes que aún conservan su esencia. Es el caso del eclecticismo, sobre el que refería Vigotsky:

Los intentos eclécticos de conjugar elementos heterogéneos, de distinta naturaleza y de distintos orígenes científicos, carecen de ese carácter sistemático, de esa sensación de estilo, de esa conexión entre nexos que proporciona el sometimiento de las tesis particulares a una sola idea que ocupa un lugar central en el sistema del que forma parte. (1991a: 293)

 

Y más adelante sintetizaba su significado:

Todos estos planteamientos toman la cola de un sistema y la adaptan a la cabeza de otro, intercalando entretanto el tronco de un tercero. No es que tan monstruosas combinaciones sean erróneas, todas ellas son verídicas hasta la última fracción decimal, pero la pregunta a que tratan de responder está planteada equivocadamente. (294)

 

¿Qué más actualidad que estas palabras escritas en 1927 sobre una situación que perdura en la ciencia y la sociedad, y que busca reconciliar antagónicos? Sobre este peligro alertaba Vigotsky tempranamente, en lo que coincide con lo señalado antes por algunos pensadores cubanos del siglo xix como José de la Luz y Caballero y José Martí (Arias, 2005).

El análisis de la crisis de la psicología es el centro de atención del texto, el cual sirve de hilo conductor a la exposición de temas cruciales como la ausencia y necesidad de una disciplina general dentro de la ciencia psicológica; la importancia de las disciplinas aplicadas en la superación de la crisis; la relación entre el lenguaje conceptual de la psicología y su nivel de desarrollo como ciencia; el vínculo interdependiente entre la filosofía y las ciencias particulares.

Este análisis exhaustivo le permitió a Vigotsky ir descubriendo los nudos metodológicos que aprisionaban a la psicología en su desarrollo y que se apreciaban (y se aprecian) en la multiplicidad de escuelas existentes. Según demostró, estas eran solo casos específicos de una lucha más profunda entre dos maneras de hacer ciencia o entre dos tipos de ciencia: la psicología científico-natural y la espiritualista (Vigotsky, 1991b: 350). Develaba, además, las dos posturas filosóficas que estaban en la base de ambas: el idealismo (base de la espiritualista) y el materialismo (base de la científico-natural).

Es sobre la rama materialista donde consideraba que debía construirse la nueva psicología, rescatando todos los aportes científicos alcanzados hasta ese momento por las diferentes escuelas psicológicas. Por lo tanto, no compartía la idea de construir artificialmente una que integrara, superara o subordinara las existentes, sino que consideraba la necesidad de identificar entre ellas la tendencia materialista y, sobre su base, construir la nueva. Esta no debía renunciar ni a su nombre ni a su historia, y alcanzaría una nueva dimensión en la medida en que pudiera revolucionar su metodología y acoger críticamente su práctica.

Estos planteamientos muestran a Vigotsky como el marxista convencido y consecuente que fue. El marxismo era para él una herramienta del pensamiento, lo que le impedía asumirlo de forma escolástica y mecanicista. Su actitud de pensar con cabeza propia fue criticada en la época estalinista cuando el marxismo se deformó y se convirtió en una ideología dogmática. En ese contexto de «pureza ideológica», fue acusado de defender una concepción de «historicismo vulgar», «eclecticismo» y «falta de enfoque clasista y partidario» (Shuare, 1990). Pero él manifestaba un total conocimiento, manejo y personalización del marxismo no como un conjunto de principios aplicados a la psicología, sino como una concepción, conscientemente asumida del mundo, de la sociedad, del ser humano y de la ciencia. Esa postura es la que brinda coherencia, solidez y credibilidad a sus ideas.

Utilizar la dialéctica con maestría y naturalidad en el análisis de la crisis de la psicología y de las corrientes más prominentes de su época, le permitió adicionar un mérito a su obra: ser un excelente material didáctico para ilustrar cómo utilizar el método dialéctico en el estudio de la historia de la psicología. El enfoque vigotskyano de las problemáticas que esta ciencia estudia es considerado precursor de la perspectiva de la complejidad en ella (Fariñas, 2005a).

El significado histórico... es una expresión consecuente de cómo construir la psicología desde el marxismo, señalando como camino integrador la creación de un eslabón metodológico intermedio entre las disciplinas aplicadas y la filosofía de la ciencia: una Psicología General que equivaldría, según palabras del propio Vigotsky, al «materialismo psicológico» o «dialéctica de la psicología». Es en esta obra donde se expresan, con mayor claridad, las pautas más generales para la construcción de esa disciplina. Y es el enfoque histórico-cultural del desarrollo psíquico el resultado de los esfuerzos de Vigotsky y de sus colaboradores por crearla.

Su destreza al traducir en palabras su línea de pensamiento y acción, es una expresión sintetizada de su versatilidad en el ejercicio de las funciones en las cuales se formó como persona y como científico: fue crítico de arte, semiólogo, filósofo, maestro, y un teórico, metodólogo, y profesional de la psicología; se movía con comodidad entre las disciplinas teóricas y las aplicadas, entre la investigación, la clínica y el magisterio. Su quehacer circulaba permanentemente entre estos niveles y su obra es el reflejo de ello. De ahí que su propuesta científica sea auténtica y verosímil.

Por otra parte, su amplia cultura, que le permitió el análisis histórico y crítico de la psicología de su época y anterior a él, nos muestra la importancia de dominar las cuestiones filosóficas y metodológicas de la ciencia, más allá del área de problemas o escenario concreto en los que se trabaje.

En la obra de Vigotsky no solo se aprecia su genialidad científica, sino su eticidad, que se sustenta en su honestidad como investigador y en el compromiso con su país, su ciencia y su tiempo. Asumir con valentía y congruencia los planteamientos científicos; ser consciente de las raíces filosóficas e históricas de las ideas propias; no ocultar las contradicciones que se originan en las investigaciones, sino interpretarlas adecuadamente; poner la ciencia al servicio de la sociedad, de los cambios y transformaciones necesarias para el mejoramiento humano, son algunas de las enseñanzas éticas que aporta.

Otro legado ético es el reconocimiento de las bases de su pensamiento, que siempre situó en la línea histórica del desarrollo de la ciencia psicológica, sintiéndose parte de un continuo, donde su aporte era solo un paso más hacia la anhelada integración del conocimiento. Por eso es difícil no estar de acuerdo con él cuando señalaba: «¿Es que los constructores del futuro comienzan todo desde sus cimientos, es que no son los rematadores y herederos de todo lo que hay de verdadero en la experiencia humana, es que carecen de aliados y antecesores en el pasado?» (Vigotsky, 1991b: 358). Excelente llamado de atención a aquellos que, sin dejar de ser fundadores, a veces ignoran las raíces de su pensamiento en ideas u obras anteriores.

Otros muchos aspectos son desarrollados en El significado histórico…, aunque solo se han destacado algunos. De analizar esta y otras obras de tan singular profesional, se han encargado más ampliamente otros autores cubanos (Revista Cubana de Psicología, 1999).

 

Aportes del pensamiento de Vigotsky y del enfoque histórico-cultural del desarrollo psíquico a la psicología cubana y más allá

El impacto de la obra de Vigotsky va más allá de la psicología y abarca a científicos e intelectuales de numerosos países. Por ejemplo, sus investigaciones en Psicología del Desarrollo constituyen hoy el sustento de muchas de las teorías más modernas de aprendizaje y enseñanza, tanto en Europa como en los Estados Unidos y Latinoamérica (Fernández, 2007).

La entrada de las ideas de L. S. Vigotsky en Cuba a partir del triunfo revolucionario estuvo determinada históricamente por los cambios sociales que se fueron produciendo en las diferentes esferas de la sociedad, sobre todo en la educación, así como por los crecientes vínculos con los países del entonces campo socialista, fundamentalmente con la Unión Soviética y con la República Democrática Alemana (Ortiz, 2012). La investigación y la práctica en educación preescolar, primaria, especial y universitaria en la Cuba revolucionaria han sido desarrolladas, en gran parte, desde los fundamentos del enfoque histórico-cultural creado por Vigotsky (Arias, 2005).

Un punto de coincidencia entre su obra y la psicología cubana es su vocación por el marxismo y el empleo de la crítica como medio para lograr el sentido científico y riguroso del saber. El movimiento cubano hacia lo que fue conocido, en determinado momento, como «psicología marxista» fue debido a la práctica, los intereses comunitarios y el compromiso de los profesionales con la transformación social. Más tarde, la orientación histórico-cultural basada en los postulados de Vigotsky se convertiría en su más común y compartida base teórica, y es actualmente una de sus características principales (De la Torre, 2006).

Sin embargo, no todas las personas que dicen adscribirse al enfoque histórico-cultural cuentan con un pensamiento analítico y una visión dialéctica y materialista de la problemática psicológica. Junto a la revisión crítica del pensamiento vigotskyano y el de sus seguidores, se impone también una revisión crítica de la producción que en el campo de la ciencia psicológica en Cuba (y fuera de ella) se publica bajo ese título. No basta con usar categorías y leyes de este enfoque, sino de ser consecuentes con sus postulados, abarcando el fenómeno estudiado en su multidimensionalidad y complejidad.

Autores cubanos que bebieron directamente de discípulos y colaboradores de Vigotsky han sistematizado, en variadas publicaciones y en diferentes momentos, algunos de los aportes más importantes de este autor. Para referirnos a ellos, nos basaremos fundamentalmente en lo presentado al respecto por Guillermo Arias en su artículo «Los aportes de L. S. Vigotsky a la psicología de todos los tiempos» (2006: 11-22).

Arias señala cinco grandes aportes. El primero reúne una serie de contribuciones puntuales correspondientes al conjunto de leyes y categorías que distinguen al enfoque histórico-cultural, que se integran en lo que él llama lo característico de este: la concepción histórico-cultural del desarrollo psicológico humano, la cual se fundamenta en que

el desarrollo psicológico es un proceso muy complejo, que tiene su origen o fuente en las condiciones y la organización del contexto social y cultural que influyen sobre el sujeto, a todo lo largo de su historia personal, pero que se produce, definitivamente, como resultado de la acumulación de su experiencia individual, a partir de sus vivencias. (Arias, 2005: 113)

 

Esta concepción incluye no solo asumir la unidad indisoluble de la sociogénesis y la psicogénesis, sino además, intentar explicar su dinámica o la manera en que ellas se interdeterminan. En esta explicación ocupan un lugar esencial tres de las leyes fundamentales que Vigotsky formulara:

  • Ley genética fundamental del desarrollo psicológico (llamada también por él ley genética general del desarrollo cultural o ley de la génesis social —sociogénesis— de las formas superiores de comportamiento);
  • ley de la dinámica del desarrollo o de la situación social del desarrollo; y
  • ley de la mediación cultural.

 

También se destaca el análisis de categorías como: otros, vivencia, zona de desarrollo próximo y nivel de ayuda (Echemendía, 2006).

Sobre la primera ley, el propio Vigotsky decía:

Podemos formular la ley genética general del desarrollo cultural del siguiente modo: toda función en el desarrollo cultural del niño aparece en escena dos veces, en dos planos; primero en el plano social y después en el psicológico, al principio entre los hombres como categoría interpsíquica y luego en el interior del niño como categoría intrapsíquica […] Tenemos pleno derecho a considerar la tesis expuesta como una ley, pero el paso, naturalmente, de lo externo a lo interno modifica el propio proceso, transforma su estructura y funciones. Detrás de todas las funciones superiores y sus relaciones se encuentran genéticamente las relaciones sociales, las auténticas relaciones humanas […] Por ello, el resultado fundamental de la historia del desarrollo cultural del niño podría denominarse como la sociogénesis de las formas superiores del comportamiento. (Vigotsky, 1991a: 150)

 

Precisando el significado de «externo» escribía:

Cuando decimos que un proceso es «externo» queremos decir que es «social». Toda función psíquica superior fue externa por haber sido social antes que interna, la función psíquica propiamente dicha era antes una relación social de dos personas. El medio de influencia sobre sí mismo es inicialmente el medio de influencia sobre otros, o el medio de influencia de otros sobre el individuo. (150)

 

Esta ley apunta al determinismo social de lo psíquico, pero no como algo externo que actúa y determina linealmente lo psicológico. Lo social es entendido en una perspectiva multidimensional: como formador, como contenido y como contexto de formación, desarrollo, expresión y transformación de lo psicológico. Esta concepción sobre lo social supera otras anteriores, contemporáneas y posteriores a la de Vigotsky, que también colocaron lo social en el centro de explicación de lo psicológico, pero sin ese alcance explicativo.

Otra ley, la de la dinámica del desarrollo o ley de la situación social del desarrollo, quedó definida por Vigotsky cuando expresaba:

Al inicio de cada período de edad la relación que se establece entre el niño y el entorno que lo rodea, sobre todo el social, es totalmente peculiar, específica, única e irrepetible para esta edad. Denominamos esa relación como situación social del desarrollo en dicha edad. La situación social del desarrollo es el punto de partida para todos los cambios dinámicos que se producen en el desarrollo durante el período de cada edad. Determina plenamente y por entero las formas y la trayectoria que permiten al niño adquirir nuevas propiedades de la personalidad, ya que la realidad social es la verdadera fuente del desarrollo, la posibilidad de que lo social se transforme en individual. Por tanto, la primera cuestión que debemos resolver, al estudiar la dinámica de alguna edad, es aclarar la situación social del desarrollo. La situación social del desarrollo, específica para cada edad, determina, regula estrictamente todo el modo de vida del niño o su existencia social. (204)

 

Esto significa que cada edad tiene sus especificidades, donde se combinan las adquisiciones psicológicas de la persona, las características de su entorno social y las particulares relaciones que la persona establece con este y su mundo psicológico.

La categoría «situación social del desarrollo» adoptada como principio, «permite conceptualizar, sin riesgos de limitar, las infinitas constelaciones y coordenadas de condiciones que pueden influir en el desarrollo de la personalidad y de sus procesos a lo largo de la vida» (Fariñas, 1999), por lo que es considerada por esta misma autora como un macroconcepto, término enraizado en el paradigma de la complejidad.

Por su parte, la ley de la mediación cultural no fue formulada por Vigotsky como las otras; sin embargo, constituye un principio fundamental de análisis en toda su obra. La mediación es el proceso que permite relacionar lo psicogénico y lo sociogénico. Es el concepto que permite que Vigotsky supere la dicotomía entre estos dos extremos de la determinación de lo psíquico humano.

Se dice que Vigotsky tomó el concepto de mediación de Hegel y Marx, aunque también estaba presente en Bacon. Alude a la multidireccionalidad y multicausalidad de las relaciones entre las personas, de los objetos e instrumentos de la cultura, de las intenciones y objetivos personales y sociales (Arias, 2005).

Mediadores en la formación de lo psíquico son el ámbito familiar, todo el sistema de relaciones interpersonales (estudiantil, laboral, social, comunitario) en los que está inmersa la persona, los objetos e instrumentos de la cultura, los otros y otras que participan en el proceso de apropiación e interiorización de los contenidos de la cultura proponiendo determinadas formas de relaciones que se constituyen, además, en modelos de los que también se apropia e interioriza la persona, conjuntamente con los contenidos propiamente dichos. Pero también son mediadores los contenidos internos ya formados en la persona desde tempranas edades, que permiten establecer una específica relación con su propia realidad interna y con la circundante, a través de las vivencias.

Dentro de la mediación cultural está el papel esencial que Vigotsky le otorgó a las otras personas o los «otros» en la formación de lo psíquico. Sin embargo, no pudo profundizar en sus características ni en su dirección, pues presupuso que se orientaba fundamentalmente al desarrollo favorable de la subjetividad. Datos aportados por la Psicología del desarrollo, la Psicopedagogía, la Psicopatología y la Psicología clínica permiten afirmar que las interrelaciones que se establecen entre los individuos, si bien logran que la cultura se trasmita de persona a persona propiciando la formación y desarrollo de su psiquismo, no garantizan su adecuado funcionamiento psicológico en las diferentes etapas de su vida, ni una integración social fructífera y saludable.

Es importante destacar que, aunque partimos de la esencia sociohistórica de lo psíquico, lo social influye de manera diferente en cada persona. Vigotsky intentó explicar la forma específica en que cristaliza en lo subjetivo a través de la vivencia, otro de los conceptos más importantes introducidos en su obra para poder entender y explicar cómo se produce la formación de lo psíquico. Ha sido uno de los más polémicos, quizás por no haberle dedicado más espacio a su comprensión y conceptualización. En el texto donde más claramente aparece explicado es en «La crisis de los siete años»:

La vivencia constituye la unidad de la personalidad y del entorno tal como figura en el desarrollo […] La vivencia debe ser entendida como la relación interior del niño como ser humano, con uno u otro momento de la realidad. Toda vivencia es una vivencia de algo. No hay vivencias sin motivos, como no hay acto consciente que no fuera acto de conciencia de algo. Sin embargo, cada vivencia es personal.

 

Y más adelante precisaba:

La verdadera unidad dinámica de la conciencia, unidad plena que constituye la base de la conciencia es la vivencia. La vivencia posee una orientación biosocial, es algo intermedio entre la personalidad y el medio, que significa la relación de la personalidad con el medio, revela lo que significa el momento dado del medio para la personalidad […] en la vivencia se refleja, por una parte, el medio en su relación conmigo y el modo que lo vivo y, por otra, se ponen de manifiesto las peculiaridades del desarrollo de mi propio «yo». En mi vivencia se manifiestan en qué medida participan todas mis propiedades que se han formado a lo largo de mi desarrollo en un momento determinado. (Vigotsky, 1991c: 296)

 

Algunos estudiosos de la obra de Vigotsky plantean que este no debería ser uno más en el esquema conceptual del enfoque histórico-cultural, sino un prisma a través del cual reevaluar y reestructurar todo el anterior conocimiento psicológico para construir el nuevo saber (Fariñas, 1999), refiriéndose específicamente al tema de la unidad cognitivo-afectiva en el estudio de la regulación del comportamiento, asignatura aún pendiente en la psicología actual.

Otro de los conceptos esenciales aportados por Vigotsky es el de zona de desarrollo próximo o potencial, considerado por algunos autores como el punto de llegada de toda su investigación psicológica y pedagógica (Manacorda, 1979).

Este concepto aparece asociado a las tareas del diagnóstico del desarrollo en el niño, así como a las cuestiones de la instrucción y la enseñanza. Para Vigotsky, «la esfera de los procesos inmaduros, pero en vía de maduración, configura la zona de desarrollo próximo del niño» (Vigotsky, 1991c: 208). Esto significa que las funciones maduras, o ya formadas, definen el nivel de desarrollo actual y las inmaduras, o en vías de maduración, apuntan al nivel de desarrollo futuro o potencial. Esta concepción asesta un duro golpe a toda la tradición psicométrica en la conceptualización y medición de la inteligencia, y sugiere la elaboración de metodologías más abiertas que permitan explorar no solo lo que el sujeto conoce, sino aquello que puede conocer con la ayuda de un otro, a través de diferentes niveles de ayuda. Justamente en esas potencialidades ocultas es que Vigotsky colocó las posibilidades de la instrucción.

Como se puede apreciar, la mayoría de las leyes y conceptos que el psicólogo aportó en su obra tienen un carácter abierto y se originan en la investigación experimental y en la práctica psicopedagógica, lo que les otorga una mayor validez y utilidad práctica y teórica, además de solidez y pertinencia, al surgir como respuesta a problemas científicos concretos.

Otros distintos aportes de Vigotsky a la psicología se suman a este primero. Uno de ellos se relaciona con la aplicación del análisis histórico y dialéctico como metodología de trabajo en la construcción del conocimiento psicológico. Vigotsky fue «un iniciador del uso del enfoque y la terminología de la complejidad en la psicología» (Arias, 2006: 18). Otro, es el hecho de que sus análisis permiten perfeccionar las prácticas sociales, educativas, culturales y clínicas, justamente porque parten de las necesidades de ellas. Un cuarto aporte está asociado con su visión dinámica de la relación entre enseñanza, aprendizaje y desarrollo, la cual se operacionaliza a través de las categorías «zona de desarrollo próximo» y «niveles de ayuda». El quinto aporte que señala Arias es la ubicación de sus ideas y de su enfoque histórico-cultural, en la línea de los planteamientos críticos de la posmodernidad en la psicología, siempre que se interpreten como

una crítica a muchos de los contenidos hiperbolizados de la modernidad y una búsqueda de solución a los extremos y callejones sin salida en los que se cayó en esta etapa, incluida una visión mecánica y parcial del desarrollo psicológico humano. (18).

 

Por último, muchos autores consideran que los principios y conceptos a los que llegó Vigotsky a través de su intensa producción científica trazaron las bases fundamentales de su propuesta de disciplina general, imprescindible para la integración del conocimiento psicológico. El enfoque histórico-cultural originado por sus ideas ha sido considerado «el más hospitalario dentro de toda la psicología, para asumir e integrar las mejores ideas y métodos provenientes de otras concepciones psicológicas e incluso de otras disciplinas, principalmente sociales» (Fariñas y Arias, 2002: 2). Esta condición de hospitalario viene dada por su carácter dialéctico y por aportar macroconceptos, como ya se señalaba, y principios explicativos que «permiten argumentar tanto la complejidad, como la dinámica del desarrollo psíquico» (8).

La misión del gremio de profesionales con interés real y orgánicamente asumido de contribuir a la integración de nuestra ciencia es desarrollar una labor ininterrumpida de mirada crítica hacia los hallazgos realizados en la psicología. Eso requiere de preparación, de tenacidad, y de un amplio conocimiento de cuáles son realmente esos hallazgos, pues no todo lo que se escribe o «descubre» cada día en psicología, representa realmente un avance en el campo científico. Requiere también de debates, de trabajo colectivo, de intercambios, de escucha tolerante y flexibilidad de pensamiento sin claudicar en las ideas básicas. No podemos olvidar que:

[s]er histórico culturalista no es asumir el concepto tal o más cual propuesto por sus autores, como tampoco ser psicoanalista se define por la asunción de conceptos como resistencia o mecanismo de defensa. En el ideario histórico culturalista esto significa que cada enfoque debe tomarse críticamente en su totalidad, como parte de toda una cultura de pensamiento. (Fariñas, 2005b: 4)

 

La difusión del enfoque histórico-cultural y de toda la obra de Vigotsky se ha expandido hacia otras áreas de la psicología en las que originalmente este autor no incursionó. Es el caso de la psicoterapia y la orientación psicológica. Como ejemplo está el trabajo desarrollado por más de dos décadas por un grupo de profesionales en el Centro de Orientación y Atención Psicológica a la Población «Alfonso Bernal del Riesgo», de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, en el que se destacan Guillermo Arias, María Febles, Odalys Roche y la autora.

Actualmente es reconocido que muchos de los psicólogos cubanos trabajan de una u otra forma en la fundamentación de la psicoterapia desde una perspectiva histórica y cultural, y participan en el intento de lograr una práctica profesional orientada a la integración y a la convergencia y no al eclecticismo acrítico (Arias, 2005; García, 2013; Echemendía, 2014).

El enfoque histórico-cultural continúa teniendo futuro. Según Fariñas, lejos de pretender perpetuarse como sistema conceptual cerrado —lo que sería contrario a su planteamiento esencial— procura principalmente ordenar el pensamiento crítico del investigador desde el punto de vista gnoseológico-ético, y tomando como ejes la historia y la cultura. Persigue la concepción compleja del desarrollo humano, a la que subordina su aparato conceptual. En este enfoque lo válido son las integraciones y la composición múltiple del objeto de estudio, no las simplificaciones ni las dualidades. Es adaptable a las eventualidades de la vida social en sus diferentes contextos, sobre todo en aquellos que exigen una mejor educación y un elevado desarrollo humano. Por todas estas razones, la autora citada considera que «este enfoque está llamado a desempeñar un papel crucial en el desarrollo futuro de la psicología, de la pedagogía y otras ciencias sociales» (Fariñas, 2009: 20).

Desde la Cátedra L. S. Vigotsky de la Universidad de La Habana, fundada en 1997, se postula la continuidad y el rescate de una sistematización crítica de la teoría del enfoque histórico-cultural de todos los tiempos. Uno de sus principales objetivos es realizar un análisis profundo de las bases del pensamiento histórico-cultural presentes en los pensadores cubanos y latinoamericanos de las distintas épocas (Arias, 2009).

En cuanto a la psicología, aún quedan retos por vencer desde que Vigotsky escribiera El significado histórico de la crisis de la psicología. Una investigación metodológica. La necesidad de una Psicología General como disciplina integradora continúa en pie, como bien señalan profesionales que han estudiado la obra de este autor de manera sistemática y que ven en el enfoque histórico-cultural un buen cimiento para ella (Fariñas y Arias, 2002: 8).

Vigotsky continúa presente en nuestras prácticas y teorías, pero su propuesta aún está pendiente de realizar. El reto es continuar su legado, desde nuestra realidad.

 

Referencias

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