La ley, la política y la ansiedad: El intercambio académico Cuba-EE.UU. Las imágenes conflictivas del presente en el contexto de la historia

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En esta nueva era en que los buques de cruceros de Tampa y Miami aparecen en la Plaza de San Francisco, es una ironía perversa que las comunidades académica y cultural en Cuba y los Estados Unidos sigan enfrentando vientos de proa de la ley y la política. Precisamente cuando los buques de cruceros arrojan sus masas de visitantes vistiendo camisas de flores a los adoquines de La Habana Vieja en busca de un poco de historia, un trago de ron y quizás una rápida lección de mambo, académicos, investigadores y estudiantes en ambos países ven su trabajo cargado de complejidad y dificultad con la perspectiva de problemas legales. Ahora los grandes buques con sus piscinas flotantes, casinos, lecciones de aeróbicos y noches de gala con el Capitán van y vienen libremente mientras que los académicos y artistas se preocupan por algún peligro legal indefinido que podría sobrevenirles tras una visita.

Antes de la imposición de restricciones a los viajes por parte de Estados Unidos a principios de 1960 hubo una relación bien establecida entre las comunidades académica y cultural en los dos países. El baseball llegó a Cuba a través de dos estudiantes que regresaban a su casa de Spring Hill College en Mobile, Alabama. La Universidad de Alabama y otros centros universitarios de los EE.UU. enviaron representantes a las escuelas secundarias cubanas en busca de solicitudes. En 1957, entre los estudiantes de primer año en Alabama estaba el joven Fernando Vecino Alegret, de La Habana, quien posteriormente se convertiría en ministro cubano de Educación Superior. No fue un intercambio de una vía. También a finales de la década de 1950 Joab Thomas, entonces estudiante de postgrado de  Harvard y luego distinguido botánico, profesor y presidente de la Universidad de Alabama, hizo su investigación de campo para el doctorado en Cuba. Antes de ser interrumpido debido a tensiones políticas y restricciones a los viajes por parte de los EE.UU., hubo un intercambio académico y cultural maduro, vibrante y mutuamente gratificante entre estos dos países.

La realidad legal y práctica en la actualidad

Hasta tanto la Corte Suprema de los Estados Unidos no ponga fin a su deferencia no crítica hacia las políticas del Congreso de los EE.UU. y del presidente de esa nación hacia Cuba y restablezca el derecho de sus ciudadanos a viajar a Cuba con las mismas libertades de que disfrutan para realizar otros viajes internacionales, los intercambios académicos y culturales entre los dos países continuarán siendo afectados por la incertidumbre y la ansiedad por la perspectiva de un peligro legal.[1] El Congreso y cada presidente estadounidense desde Robert Kennedy hasta Donald Trump han limitado los viajes a Cuba con restricciones siempre cambiantes[2]. Aunque estas limitaciones tienen sus altibajos de un gobierno a otro, yendo desde la prohibición casi total de viajar a niveles con menos regulaciones, ellas comparten un aspecto central: la labor académica y creativa de universidades, fundaciones, estudiosos y artistas está sujeta a la supervisión y aprobación del gobierno estadounidense, y las violaciones enfrentan  la posible acción judicial y multas civiles.

Este ensayo se divide en tres partes:

Cambios recientes en las restricciones legales de los EE.UU. al intercambio académico
Fuerzas adicionales que lo desalientan
Medidas en ambos países que pueden alentarlo

El término «intercambio académico» se usa ampliamente en este ensayo. Dicho término incluye todo tipo de intento educacional, intelectual y creativo, y no está limitado a cursos formales de «estudios en el extranjero» de universidades o a conferencias sobre investigaciones profesionales. Y comprende tanto la visita de un ómnibus lleno de estudiantes de inglés de colegios universitarios estadounidenses que suben la loma de Finca Vigía en busca de algún tipo de inspiración literaria como las reflexiones de un autor solitario que no tenga un doctorado o una conexión con alguna institución educacional, y que traiga su barco al pequeño puerto de Cojímar para aprender algo sobre la vida de un pescador cubano.

Cambios recientes en las restricciones legales de Estados Unidos y su efecto en el intercambio académico

Es difícil medir el impacto de las restricciones estadounidenses a los viajes a Cuba en el trabajo individual académico o creativo. Más claro está su probado efecto en los cursos mayores y más organizados de colegios universitarios y universidades. Las dramáticas fluctuaciones en el número de universidades de los EE.UU. con cursos activos de cooperación con sus instituciones cubanas son una amplia evidencia de este efecto. Las regulaciones más restrictivas o más complicadas tienen un efecto inmediato y desalentador en los cursos formales de universidades estadounidenses en Cuba.[3] La aguda reducción en el número de universidades estadounidenses con relaciones activas con la Universidad de La Habana después de las enmiendas del gobierno de Bush en 2004 a las regulaciones para viajes a Cuba de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC)[4] es prueba de la vulnerabilidad de este tipo de intercambio académico. Las enmiendas de la OFAC en 2004 incluyeron una nueva regulación que exigía a los estudiantes de postgrado permanecer un mínimo de diez semanas en cualquier viaje de estudio a Cuba. Inmediatamente se hizo más difícil y caro para las universidades organizar y financiar oportunidades de estudio en la Isla, y a menudo fue imposible que los estudiantes programaran todo un semestre académico lejos de su colegio universitario. Como resultado de este y otros cambios en 2004, el número de instituciones de los EE.UU. con relaciones activas con la Universidad de La Habana cayó vertiginosamente hasta llegar a ser solo unas pocas.

Cuando muchas de las enmiendas de la OFAC en 2004 fueron rescindidas durante el gobierno de Barak Obama (incluyendo el requisito de diez semanas para los estudiantes universitarios), las cifras de cursos de intercambio aumentaron. Pero Obama ya no es presidente, y su sucesor prometió repetidamente durante la campaña que anularía muchos aspectos de su política hacia Cuba. En realidad, al igual que tantas promesas políticas de la campaña, los cambios que realmente se produjeron en 2017 –al menos en cuanto afectan el intercambio académico– fueron escasos. Con una excepción importante que se aplica solo a los viajes educacionales bajo la licencia general «pueblo a pueblo», las reglas de la era de Obama para el intercambio académico permanecen inalteradas.

Las actuales reglas de la OFAC para viajes educacionales a Cuba siguen permitiendo cursos de estudios a corto plazo, intercambios de estudiantes universitarios, estudiantes de postgrado y profesionales; investigación y publicaciones en colaboración entre estudiosos estadounidenses y cubanos, acuerdos continuados entre universidades de EE.UU. y Cuba y actividades similares. Sin embargo, la enmienda de 2017 a la licencia general para viajes educacionales a Cuba ahora exige que todos los viajeros de la categoría «pueblo a pueblo» estén acompañados en Cuba por un agente pagado de una agencia de viajes u organización estadounidense aprobada radicada en EE.UU.[5] Ello es un golpe al corazón para el trabajo de estudiosos, autores y artistas individuales, pero a menudo se pasa por alto porque no se aplica a los intercambios mayores entre universidades ni limita los viajes para asistir a conferencias académicas o alguna de las disposiciones de las licencias utilizadas con mayor frecuencia. Tampoco tiene gran efecto práctico en los programas de viajes grandes de «pueblo a pueblo» que son acompañados por guías de turismo pagados.

El daño a la erudición y creatividad independientes llega de dos formas: el gasto adicional requerido para viajar bajo los auspicios de una agencia u organización patrocinadora radicada en los EE.UU. más los gastos y honorarios de un agente radicado allí. como compañero de viaje es prohibitivo económicamente para muchos. Incluso sin el gasto adicional, el daño al trabajo creativo fundamental sería peor. ¿Puede uno imaginarse seriamente el efecto de estas regulaciones, de haber estado en vigor en La Habana en 1939 o en Cojímar en 1951? El grave efecto para la literatura habría sido mucho mayor que el costo de una habitación adicional en el Hotel Ambos Mundos u otro cubo de carnada para pescar agujas.

Fuerzas adicionales que afectan el intercambio académico

El efecto de supresión que las restricciones estadounidenses ejercen sobre un intercambio académico es mucho más amplio que los contornos de estatutos o regulaciones específicos. La historia de limitaciones legales en desarrollo y a veces contradictorias en sí mismas a los viajes a Cuba ha tensado la capacidad de muchas universidades estadounidenses para comprender los requisitos que deben ser cumplidos o para tolerar las incertidumbres que acompañan a estos. El diseño curricular puede tomar años, y reunir un profesorado competente con un grupo de estudiantes interesados en una oferta académica especializada aún más. Las decisiones importantes en la dirección de una universidad toman mucho tiempo. El hecho de que los programas académicos que involucran a Cuba siguen siendo objeto de las oscilaciones de péndulo del cambio político es, en sí mismo, un elemento disuasorio para muchos esfuerzos académicos institucionales e individuales.

Otros factores que afectan el intercambio académico Cuba/Estados Unidos

Por razones comprensibles, la mayoría de las discusiones sobre la cuestión se han centrado en las dificultades impuestas por la ley estadounidense, pero esa es solo una dimensión de un asunto más complejo. La incertidumbre general en la comunidad académica de los Estados Unidos acerca de los requisitos para viajar a Cuba (tales como las visas cubanas adecuadas para tipos específicos de viajes) las dificultades para establecer relaciones iniciales con organizaciones académicas y culturales cubanas, y las posibilidades de trabajar con universidades cubanas fuera de La Habana desalientan dicho intercambio.

Para que exista un verdadero intercambio académico es una necesidad que los estudiosos, estudiantes y artistas cubanos tengan oportunidades de viajar a los EE.UU. Aunque ahora está permitido por las regulaciones de la OFAC, los viajes a Cuba hace ya tiempo que han sido gravados por el proceso caro e imprevisible de obtener visas de los EE.UU. para el viaje. Los recientes recortes del personal consular en la embajada de ese país en La Habana y de la embajada cubana en Washington D.C. casi han paralizado este proceso, y prácticamente han eliminado el aspecto bilateral del intercambio.

Medidas que cada país puede tomar para alentar el intercambio académico

Desde la década de 1960, Cuba ha sido una excepción en la protección que los tribunales estadounidenses brindan a los viajes internacionales. La mejor evidencia para futuros desafíos judiciales o políticos a las restricciones a los viajes a Cuba, y el más poderoso argumento legal y político para la normalización de las regulaciones para viajes entre los EE.UU. y Cuba será un registro de los sustanciales beneficios culturales, científicos y artísticos del intercambio académico continuado. Aquellas instituciones con programas en activo deben mantener sus esfuerzos a pesar de cambios transitorios en las relaciones políticas internacionales y protocolos de cumplimiento demasiado complicados. Aquellos que sean nuevos en el intercambio académico con Cuba no deben dejarse desalentar por un malentendido de las limitaciones legales o prácticas de su trabajo. Tanto las leyes estadounidenses como las cubanas siguen permitiendo intercambios sustanciales y significativos, y a pesar de apariencias superficiales, viajar a Cuba es más conveniente (y a veces más económico) que lo que ha sido en largo tiempo. Dado el historial de esfuerzos oficiales y extraoficiales hechos por los EE.UU. con posterioridad a la década del 60 para desalentar el intercambio académico o incluso cualquier viaje significativo a Cuba o comercio con ella, sería presuntuoso sugerir acciones correctivas para Cuba. No obstante, podría ser útil recordar que esta historia también ha tenido un profundo impacto en las instituciones académicas y culturales de los EE.UU. Muchos académicos estadounidenses llegan por primera vez a Cuba con inseguridad e incluso con cierta ansiedad sobre todo el proceso. En la medida en que las comunidades académicas y culturales cubanas y los ministerios gubernamentales correspondientes puedan aclarar y simplificar los protocolos para crear y mantener relaciones con sus contrapartidas en los EE.UU., se aliviarán las aprensiones de los socios estadounidenses y sus esfuerzos aumentarán.

 

Traducción: Olimpia Sigarroa

 

Notas

[1] Para un análisis del papel de los tribunales de EE.UU. en la política hacia Cuba y su efecto sobre ciertos principios legales, incluyendo el derecho a los viajes internacionales, véase Murphy, «The Cuba Factor in U.S. Courts, 59», Temas n. 48 (2009).  

[2]  Es importante comprender que la política de los EE.UU. hacia Cuba, incluyendo las restricciones a los viajes, desembolso de dinero, y colaboraciones académicas y comerciales, está controlada tanto por estatutos de los EE.UU. (leyes promulgadas por el Congreso) como por normas administrativas (regulaciones y lineamientos emitidos por agencias federales como la OFAC). Para la mayoría de los demás países, la política estadounidense no está determinada tan fuertemente por el Congreso, sino que se deja a cargo de la rama ejecutiva (presidencial) del gobierno.

[3] Para un recuento histórico de los efectos de las cambiantes leyes y políticas de los EE.UU., véase Martinez y Resende Academic Exchange between Cuba and the United States: A Brief Overview, Latin American Perspectives, v. 33 n. 5, 29-42. 

[4] Debido a que una premisa de política subyacente en las restricciones a los viajes a Cuba ha sido negarle a Cuba el beneficio financiero del turismo y los viajes desde los EE.UU., se asignó el diseño principal e implantación de las reglas al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, del cual forma parte la OFAC.

[5] Los cambios de 2017 exigen que todos los ciudadanos de los Estados Unidos que viajen amparados por la licencia de «pueblo a pueblo» sean acompañados por: «una persona sujeta a la jurisdicción de los EE.UU. que sea un empleado, consultor pagado, agente u otro representante de la organización auspiciadora que acompañe a cada grupo que viaje a Cuba, para garantizar que cada viajero tenga un programa a tiempo completo de actividades de intercambio educacional» 31 CFR 515.565.

 

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