François Houtart: Una sociología de la liberación

François Houtart estuvo vinculado a la revista Temas desde sus días iniciales. Al morir, era miembro de nuestro Consejo Editoria, y su labor facilitó la colaboración de investigadores latinoamericanos y asiáticos a lo largo de estos años. Él mismo escribió en varias ocasiones, y se mantuvo muy cerca de la actividad editorial generada por la revista. Sirva este trabajo de homenaje póstumo al sociólogo marxista y teólogo de la liberación.

 

Al fallecer en junio del 2017, François Houtart dejó una considerable obra y un legado para los actores y los investigadores que deseen contribuir a un mundo más justo y más solidario. Este artículo analiza los principales ejes de sus contribuciones a las ciencias sociales contemporáneas. Luego de haber reconstruido brevemente su recorrido y su contribución a la teología de la liberación, el artículo retoma las convicciones que guiaron su compromiso como sociólogo. Analista y activista, fue un importante protagonista de algunos de los principales proyectos de emancipación contemporáneos, junto a los movimientos sociales en los Foros Sociales Mundiales o incluso junto a gobiernos progresistas en América Latina y en Asia. Una de los mayores aportes de François Houtart a las ciencias sociales es su papel de precursor y de promotor de las “epistemologías del Sur” que invitan a analizar el mundo, los mecanismos de opresión y los proyectos de emancipación desde las perspectivas de los actores sociales y de los oprimidos del Sur del planeta siguiendo el enfoque de “la otra mundialización”, la de la justicia y la vida.

 

François Houtart: Una sociología de la liberación

Sacerdote comprometido y sociólogo de renombre, François Houtart falleció el 6 de junio del 2017, en la Fundación de Pueblos Indígenas de Ecuador, donde había fijado su residencia desde hacía siete años. Nombrado profesor de la Universidad Católica de Louvain en 1958, fundador del Centro Tricontinental y doctor Honoris Causa de la Universidad de Notre-Dame (Indiana, Estados Unidos, 1966), fue el autor de unos sesenta libros y de innumerables artículos. Desde la década de los 50, se compromete en la solidaridad internacional, particularmente junto a los pueblos cubano, tamil en Sri Lanka y vietnamita. Enseña en la universidad de Sri Lanka desde 1968 hasta 1972 y luego en Vietnam desde 1977 hasta 1980. A la edad de 92 años, seguía recorriendo el mundo para denunciar las masacres contra el pueblo tamil en Sri Lanka, la ocupación de Palestina y la guerra al Este del Congo, para conseguir la paz en Siria y en Colombia, acompañando al movimiento campesino de los Sin Tierra en Brasil o para entender la situación en Venezuela[1]. Profesor de sociología, François Houtart se caracterizaba por un humanismo anclado en la fe cristiana y por su implicación junto a los movimientos sociales.

I. Fe, compromiso y sociología de las religiones:

    Para François Houtart, el compromiso religioso y el compromiso social no podían ser disociados, como tampoco podían serlo el análisis de la realidad social y las luchas sociales por transformarla. Era al mismo tiempo teólogo, sociólogo y activista.

    Nacido en 1925, nieto de un ex primer ministro y el mayor de una familia de 14 hijos, François Houtart se ordena sacerdote en 1949. Después del seminario de Maline, inicia estudios de sociología de las religiones y de sociología urbana en Louvain y más tarde en la universidad de Chicago entre 1952 – 1953. En los inicios, pone la sociología urbana al servicio de la Iglesia Católica, a través de una larga encuesta y de una primera obra consagrada a las parroquias de Bruselas, publicada en 1952. Nombrado presidente de la Federación Internacional de Institutos de Investigación Sociorreligiosa, asume la dirección en 1960 de la revista Social Compass, hasta 1999 y la convierte en una de las principales referencias internacionales en esa especialidad.

    François Houtart promueve una sociología de las religiones que se niega a replegarse en sí misma y se inscribe, al contrario, en un diálogo constante con el análisis crítico del capitalismo, la sociología política y del desarrollo y las epistemologías del Sur (Houtart, 2001a, 2005a). Acentuaría la dimensión ecuménica de la “teología de la liberación”, poniendo de relieve las orientaciones y las prácticas similares en el islam, el budismo, el hinduismo o el judaísmo (Houtart, 2000). Dedica su tesis de doctorado al budismo en Sri Lanka (Houtart, 1974).

    Apoyándose en los contactos de la Juventud Obrera Cristiana, Houtart recorre América Latina desde los años 1950. Entre 1958 y 1962, coordina los equipos que redactaron 43 tomos sobre la Iglesia en América latina. El Cardenal brasileño Helder Camara le solicitará en aquel momento, la redacción de un resumen que sería distribuido a todos los obispos participantes en el Concilio Vaticano II y lo invitaría más tarde a participar activamente en este Concilio en calidad de experto miembro del Consejo Episcopal Latinoamericano. Desempeñará un papel muy activo en la redacción de la constitución pastoral Gaudium et Spes (Alegría y Esperanza) “sobre la Iglesia en el mundo de estos tiempos” que fue uno de los principales documentos emanados del concilio. François Houtart afirmará claramente siempre elegir “preferentemente a los pobres” que se sitúa en el centro de lo que su amigo Gustavo Gutiérrez llamó en 1970 la “teología de la liberación”: vivir la fe, y analizar la sociedad y transformarla partiendo del punto de vista de los pobres ayudándolos a transformarla. Para François Houtart, el mensaje del Evangelio es radical: debemos apoyar la emancipación de los oprimidos y luchar contra la raíz de la opresión que es el sistema capitalista.

    Muy implicado en la orientación de los trabajos de los estudiantes y los jóvenes investigadores que pasaban por Louvain, fue especialmente el profesor y amigo de Camilo Torres, sacerdote católico fundador de la facultad de sociología en la Universidad de Colombia, quien desarrollaría el concepto de “amor eficaz”, al que François Houtart y Jaime Caycedo (2010) dedicarían un libro de homenaje y análisis[2].

    Fiel al impulso espiritual y social de Vaticano II, François Houtart sin dudas, inscribió su lucha en el seno de la Iglesia católica, colocando la visión del Evangelio al servicio de los pobres. Con el auge de los conservadores dentro de la Iglesia romana y el cuestionamiento de algunas orientaciones del Concilio, François Houtart y los teólogos de la liberación estarían cada vez más en contradicción con la doctrina conservadora de la Iglesia, sobre todo a partir de la llegada de Juan Pablo II (Houtart, 2005b). Karol Wojtila había sido un amigo antiguo de François Houtart, quien lo recibía en su casa para pasar las vacaciones de verano en la época en que ambos estudiaban en el seminario. Pero el pontífice polaco veía en los experimentos progresistas en Vietnam y Nicaragua la amenaza de un comunismo ateo y en las comunidades de base y en la teología de la liberación la simiente de una división de la Iglesia.

 

II. El compromiso sociológico: Arraigar las luchas en el análisis de la realidad social.

    La fe, la justicia social y la sociología están estrechamente relacionadas con el compromiso y las convicciones de François Houtart. Por lo que resulta natural que en la homilía pronunciada en la iglesia de Louvain-la-Neuve en el 2003 definiera claramente el sentido de su compromiso como sociólogo: “Nunca antes ha tenido la humanidad tantos medios materiales y conocimientos científicos, y nunca antes tantos seres humanos han sufrido hambre y miseria” (Houtart, 2005a:166). Las fuentes y causas de la miseria no se encuentran en los problemas materiales o de producción, sino en las relaciones sociales, aspecto que se debe analizar con rigor.

    La necesidad de anclar las luchas sociales en el marco de un análisis sólido y riguroso de la situación y del sistema era el verdadero leitmotiv de François Houtart. Este era el sentido de su trabajo como sociólogo, de sus innumerables intervenciones en las universidades y se manifestaba en su relación con los actores sociales. Deseaba atacar las raíces de la opresión que identificaba en el seno del sistema capitalista, hallando a su vez en el marxismo la base intelectual de su análisis, recalcando que el capitalismo no es solamente un sistema económico, sino sobre todo una relación social que somete a los seres humanos y a la naturaleza a la lógica de la acumulación (Houtart, 2005a). El sistema capitalista se basa en una ideología, un conjunto de valores y una visión del mundo determinados, a los que atribuía toda su importancia, como sociólogo de la religión, con el objetivo de deconstruirlos y denunciarlos. La crítica del sistema debería articularse en torno al análisis de las experiencias de la transición hacia una sociedad post-capitalista, ya sea el análisis de la acción de los gobiernos progresistas (Vietnam y Nicaragua en los años 1980, y luego en diferentes países latinoamericanos a partir del año 2000) o las resistencias y las alternativas de los movimientos sociales. A comienzos de los años 2000, regresó al poblado vietnamita de Hai Van donde había analizado la transición hacia el socialismo en la década de los 80, y publica en esta ocasión su análisis de esta doble transición, primero hacia el socialismo y luego hacia el capitalismo, en una obra que utiliza datos estadísticos, experiencias locales y análisis sistémico (Houtart, 2004).

 

III. Analista y protagonista de las transformaciones sociales.

    François Houtart no fue solamente un analista entendido de la evolución de los movimientos sociales y de las ciencias sociales. También fue un protagonista. Sobre todo en el ámbito de la convergencia de los movimientos sociales a nivel mundial, encarnada por el Foro Social Mundial, así como su apoyo crítico a diferentes gobiernos progresistas que consideraba como actores mayores del cambio social.

Convergencias y mundialización de las resistencias.

    Desde la década de los 60, François Houtart no cejó en su empeño de luchar contra la fragmentación de las luchas, “fruto de las divisiones geográficas y sectoriales. Mientras que las bases materiales de la reproducción del capital (…) se sostienen cada vez más a nivel global, las resistencias son aún esencialmente locales” (2001b: 65). Contra la mundialización neoliberal, él contaba oponer “La mundialización de las resistencias y de las luchas” (Houtart / Amin, 2002). Este fue el objetivo de la anti-cumbre alter mundialista “El otro Davos” (Houtart / Polet, 1999) que organizó en Suiza, y luego del Foro Social Mundial (FSM) que contribuyó a fundar en el 2001 y que se fijara como objetivo el de articular la crítica del sistema en torno al surgimiento de alternativas y de hacer converger las luchas que se llevaban a cabo en todos los continentes. François Houtart fue un actor importante en los Foros sociales mundiales posteriores y en el Consejo Internacional del FSM hasta el 2010.

    Escéptico frente a las perspectivas que proponían “cambiar el mundo sin tomar el poder”, François Houtart estimaba que “desconocer la importancia de la esfera política es pura ilusión” (Houtart, 2005a: 195). La llegada al poder de gobiernos progresistas es necesaria para “promover alternativas y realizar cambios sociales” (Houtart, 2005a :158). Participó en el encuentro de países no alineados en Bandung en 1956, y luego había sido consultante de los gobiernos sandinista en Nicaragua y comunista en Vietnam. Comprometido con la solidaridad con Cuba desde los años 1950, fue consejero del régimen en el marco de la preparación de la histórica visita del Papa en 1997 y desempeñaría más tarde un papel importante en la vida intelectual de la isla. Se implicó en la experiencia del gobierno sandinista en Nicaragua durante la década de los 80, enseñando ciencias sociales en la Universidad Centro-americana de 1983 a 1990 y convirtiéndose en uno de los consejeros más cercanos al gobierno. Junto a la socióloga Geneviève Lemercier, llevaba a cabo encuestas de opinión con el fin de aconsejar al gobierno y cuyo análisis les condujo a ser los únicos capaces de prever la derrota de los sandinistas en las elecciones de 1990.

    François Houtart mantuvo una profunda amistad con Fidel Castro y con los presidentes progresistas llegados al poder en América Latina en los años 2000, en particular con Daniel Ortega (Nicaragua), Hugo Chávez (Venezuela) y Rafael Correa (Ecuador), este último había sido alojado en el Centro Tricontinental (CETRI) cuando estudiaba en la UCL. Si bien su visión estaba a veces sesgada por la amistad construida durante las antiguas luchas comunes[3], François Houtart llamó regularmente la atención de estos dirigentes e hizo un balance crítico de los regímenes de la izquierda latino americana, juzgando sus políticas “post-neoliberales, pero no post-capitalistas” (Houtart, 2015). Señaló las contradicciones entre los discursos inspirados por la ecología y las políticas que favorecían a las industrias de extracción en esos países. Se mostró también muy crítico frente a la represión de los movimientos indígenas y de investigadores, que él visitó en la prisión, al final del régimen de Rafael Correa en Ecuador.

 

IV. Un sociólogo precursor y global

Epistemologías del sur

    Tanto en su obra como en su vida, François Houtart fue protagonista y precursor de una de las principales tendencias que transforman las ciencias sociales y que Boaventura Sousa Santos (2009) llamaría mucho más tarde la “epistemología del Sur”: ver y pensar el mundo, la opresión y la emancipación partiendo del Sur y de las perspectivas de los oprimidos.

    Esta perspectiva epistemológica fue ampliamente difundida desde los inicios de los años 2000, al calor de los debates sobre las perspectivas post-coloniales y descoloniales. Medio siglo antes, François Houtart aplicaba ya esta perspectiva desde su primera investigación en América Latina, inspirado por los preceptos del padre Joseph Cardijn, fundador del Movimiento Obrero Cristiano: “ver, juzgar, actuar”. No dejó nunca de enriquecer su análisis con los puntos de vista de los actores y los investigadores del sur, ni de difundir sus puntos de vista al Norte y al Sur del planeta, primero a través del Centro Tricontinental que fundó en Louvain-la-Neuve en 1976 y luego, a partir de 1994, en la revista Alternatives Sud.

    Salir del eurocentrismo, conduce a pensar la emancipación y los movimientos sociales de una forma diferente. François Houtart puso en práctica una sociología del surgimiento, en la que las experiencias locales son de hecho “islas en el océano del mercado mundial, a la vez que anuncian el desarrollo de una visión crítica del modelo contemporáneo desde una perspectiva claramente holística” (Houtart, 2011a : 49).

Ecología y bienes comunes de la humanidad

    La influencia de las perspectivas de los actores del sur es particularmente dominante en la evolución del pensamiento de François Houtart durante los diez últimos años y sobre todo influyó en el lugar central que para él ocupaba la ecología y los bienes comunes de la humanidad para pensar las resistencias y las alternativas hacia una sociedad post-capitalista. Los caminos de la crítica y de la emancipación se redefinen en un mundo incierto (Houtart, 2009): “Las nuevas circunstancias exigen una renovación de las perspectivas y de los paradigmas de la vida cotidiana de la humanidad” (Houtart, 2011a: 35). Frente a la “mundialización actual que significa la utilización irracional de los recursos naturales” (Houtart, 2005a :168), François Houtart opone los “bienes comunes de la humanidad” y la ecología como núcleo del nuevo paradigma para pensar la emancipación en el siglo 21. Es en este contexto que la agricultura rural, los movimientos indígenas y la defensa de la soberanía en todos los sectores (alimentario, energético o político) toman sentido plenamente (Houtart, 2011a :49). Encontramos aquí la perspectiva holística que tiene la obligación de integrar las relaciones con los hombres, con la sociedad y con el planeta, en la que las dimensiones material y espiritual están estrechamente articuladas:

   El ser humano es uno: su espiritualidad presupone la materia, y su materialidad no tiene sentido sin el espíritu. Una visión culturalista de la espiritualidad que ignore la materialidad del ser humano, es decir, un cuerpo para el individuo y una realidad económica-política para la sociedad, es una desviación conceptual que conduce al reduccionismo (Houtart, 2011a :57).

Se percibe una fuerte influencia de los movimientos indígenas, campesinos y ecologistas del sur (Houtart, 2010), y también de la cosmovisión del Buen vivir, muy presente en Ecuador, que promueve el respeto de la naturaleza, la inserción del hombre en la comunidad y un concepto de lo que significa una vida buena, muy diferente a la percepción propuesta e impuesta por la modernidad capitalista y colonial (Houtart, 2011b).

    La ecología de François Houtart no es un complemento del alma ni de la lucha de clases, ni de un capitalismo en crisis. Sino que se sitúa en el centro del nuevo paradigma para pensar la emancipación y la sociedad post-capitalista en el siglo 21. Esta ecología no puede acomodarse a un capitalismo verde, virulentamente denunciado. Houtart (2009) por cierto, fue uno de los primeros investigadores en constatar la desviaciones de los agro-combustibles, entonces anunciados como “combustibles verdes” que ofrecían una salida a los campesinos y remplazarían el petróleo; demostró que estos combustibles en el fondo favorecían a los grandes propietarios terratenientes, destruyendo la biodiversidad y amenazando a los pequeños campesinos.

    Este nuevo paradigma reconoce el valor de los movimientos indígenas y campesinos así como las resistencias locales quienes, “cada una a su manera, contribuyen a la lucha general que es la de la búsqueda del Bien Común de la Humanidad” (Houtart, 2017 :3). Esta atención otorgada a los pequeños campesinos y a los desafíos de la alimentación no es nueva en lo absoluto. François Houtart le dedica un libro desde 1956. Pero el nuevo paradigma en el que pensamos la emancipación y la superación de la modernidad capitalista le da una importancia renovada y probablemente central en la transición hacia una sociedad ecologista (Pleyers, 2015).

 

V. Un intelectual global

    Su nominación en 2008 como miembro de la comisión de la ONU para la reforma del sistema monetario y financiero internacional, presidida por Joseph Stiglitz, junto con el premio Singh “por la promoción de la tolerancia y de la no-violencia”, que le atribuyó la UNESCO en el 2009, son pruebas de la magnitud del reconocimiento internacional del que disfrutaba François Houtart. Los últimos años de su vida fueron sin embargo ensombrecidos, hacia finales del 2010, cuando admitió públicamente un comportamiento inmoral que había tenido 40 años antes, una acción de la que se arrepentiría amargamente. En aquel momento dimitió de sus responsabilidades en el CETRI y en el Consejo Internacional del FSM. Se mantuvo disponible para apoyar a los movimientos sociales en América Latina, en África y en Asia. Se había establecido en Quito después del 2010 y enseñaba en la Universidad Central de Ecuador y más tarde en el prestigioso Instituto Nacional de Administración de Ecuador, donde había sido nombrado profesor en el 2003, a los 88 años de edad.

    Infatigable crítico de la mundialización neoliberal, François Houtart hizo un llamado en favor de una “mundialización de la justicia, del amor y de la vida[4]”. Políglota, fue un ciudadano del mundo y un intelectual global para quien era necesario aprehender la realidad a un nivel global y llevar las resistencias y las luchas a este nivel. Su análisis polifacético era también holístico, conectando las dimensiones económicas, sociales, políticas, culturales y espirituales de los seres humanos y de las sociedades. Este ecumenista pasaba por la experiencia cotidiana de la interculturalidad en el sentido en que la entiende Fornet-Betancourt (2011): un verdadero encuentro con el prójimo y una apertura a su cultura, su cosmovisión y sus diferencias. Es en este encuentro con el prójimo que François Houtart cimentaba su compromiso y su análisis. Quedará como un sociólogo y un teólogo de referencia, un protagonista de su tiempo que no se conformó con el análisis y que contribuyó al surgimiento de movimientos de emancipación a escala global, y al mismo tiempo como un hombre simple y magnánimo, siempre generoso con su tiempo, que valoraba el contacto con cada uno, cualquiera que fuera su rango.

 

[1] Su biografía (HOUTART F., TABLADA C., 2010), cuyo segundo tomo acababa de terminar, brinda una idea aproximada de una vida inusualmente intensa.

[2] Al respecto, ver el video de François Houtart durante su última intervención en el coloquio de la UCL https://www.youtube.com/watch?v=F7LAKTNTHcY

[3] Los progresistas nicaragüenses le reprocharon su apoyo a Daniel Ortega, antiguo líder de la revolución sandinista, quien volvió al poder como empresario neoliberal en el 2007.

[4] Título de su homilía pronunciada en Louvain-la-Neuve durante la fiesta patronal el 2 de febrero del 2003 (HOUTART F., 2005, pp.165-172).

Comentarios

Una pequena correccion hay que hacer al texto sobre que fue designado como profesor en el 2003. Es en el ano 2013, a mi parecer. Porque no corresponde con al edad de François. El no tenia 88 anons en el 2003.

¡Excelente artículo!, muy buena síntesis de la vida y obra de François Houtart. Recoge, me parece, fielmente la inspiración fundamental de sus trabajos y de su voluntad ética y política de contribuir a la emancipación de los pueblos en contextos de globalización y destrucción de la naturaleza.
Fui su alumno doctoral. Estuve cenando con François en Lovaina la Nueva en noviembre pasado (2016) y me contaba de sus recientes conversaciones con Lula da Silva, Creo que hay que agregar también a Lula entre sus amistades latinoamericanas relevantes.

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