El capital en el siglo XXI. Entendiendo el mundo de hoy desde la economía política

Reseña crítica del libro Capital in The Twenty-First Century (2014), Thomas Piketty. Harvard University Press, Massachusetts, Estados Unidos. Traducción de Arthur Goldhammer del original Le capital au XXI siécle (2013), Thomas Piketty. Editions du Seuil, París, Francia.

En 2013 salió a la luz El capital en el siglo XXI, extenso tratado del economista francés Thomas Piketty, en el que resume quince años de investigación dedicados a entender las dinámicas históricas de la riqueza y el ingreso. El libro discute, mediante la observación de trescientos años de datos sobre Francia y algunos países desarrollados, la evolución, causas y posibles soluciones al problema de la desigualdad en el sistema capitalista.

Ningún libro sobre economía ha suscitado tanta polémica en los últimos años. Los más importantes diarios y revistas especializados lo han reseñado, mientras que muchos de los principales economistas de nuestro tiempo (en un amplio espectro de escuelas de pensamiento y posiciones ideológicas) han participado del debate. En 2014, fue premiado como el Financial Times and McKinsey Business Book of the Year. [1]

Piketty ha recorrido universidades y auditorios diversos en todo el mundo para mostrar sus ideas, removiendo los oídos más ortodoxos o cautivando a líderes de izquierda como Pablo Iglesias, del movimiento PODEMOS en España.[2]

Sin dudas, el éxito editorial de este best seller se debe en gran medida a la calidad de la investigación, lo novedoso en la forma de entender la economía y las conclusiones a las que arriba. Pero también debe su éxito a la coyuntura histórica en que sale a la luz. La crisis económica de principios de siglo ha llevado a académicos y políticos (por no decir la sociedad toda) a un cuestionamiento casi absoluto de lo que aceptábamos como consenso en materia económica. El mundo posterior a la crisis está ávido de nuevas lecturas sobre la economía y nuevas ideas de cómo conducirla.

Veamos, de forma resumida, qué nos propone el autor de El capital en el siglo XXI.

Piketty demuestra, a través de la observación de series históricas, que, contrario a lo que en ocasiones la ciencia económica ha pretendido confirmar, el capitalismo es tan o más desigual de lo que fue en los últimos trescientos años.

Las dos guerras mundiales del siglo XX crearon la ilusión de que los problemas de la desigualdad habían quedado atrás. Efectivamente, disminuyeron enormemente en los países desarrollados durante la primera mitad del siglo pasado debido a la destrucción de capital que provocó la guerra; la pérdida de valor de las activos financieros en manos de los segmentos de mayor riqueza como consecuencia de los procesos inflacionarios de principios de siglo, y las políticas keynesianas (expansión del gasto e impuestos progresivos) que caracterizaron a los gobiernos desarrollados durante la posguerra en un entorno de reconstrucción y bajo los efectos de la Guerra fría.

Sin embargo, Piketty demuestra que, desde los años 80 del siglo XX, los niveles de desigualdad en el mundo desarrollado comenzaron a crecer de manera acelerada, fundamentalmente a partir de la revolución conservadora de Ronald Reagan en los Estados Unidos y Margaret Tatcher en el Reino Unido. A principios del siglo XXI, estos niveles son muy similares a los de los años anteriores a la Primera guerra mundial y es probable que continúen elevándose en lo adelante (o al menos serán iguales al promedio de la historia del capitalismo)

A pesar de esto, sí ha cambiado la estructura de la desigualdad. Ello se refleja en, al menos, cuatro elementos:

En los siglos XVIII y XIX la riqueza se expresaba fundamentalmente en la propiedad de la tierra, mientras que a partir del XX la riqueza lo hace a través de propiedades inmobiliarias y tenencia de productos financieros (bonos, acciones, derivados).
El gran salto del siglo XX es la aparición de la clase media en los países desarrollados, que generó una masa amplia de propietarios “menores” que desplazó una parte importante de la riqueza que se concentraba en los percentiles más altos de la población.
La desigualdad se manifiesta en el plano supranacional (los países exportadores de petróleo y China tienen grandes inversiones en bonos de los gobiernos desarrollados) y en el plano nacional (pocos agentes privados concentran la riqueza del país). Esta última es la más preocupante y la más difícil de controlar.
En los siglos XVIII y XIX la desigualdad se expresaba fundamentalmente en la riqueza (sociedad de rentistas), mientras que el XX incorpora el fenómeno de la desigualdad de los ingresos del trabajo. Comienzan a aparecer, aunque es un fenómeno más acusado en el mundo angloparlante (Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá) gerentes de grandes corporaciones que establecen cifras astronómicas en sus propios salarios, muy por encima del nivel promedio (sociedad de managers).

Sobre este último elemento, la teoría convencional ha justificado la diferencia de los ingresos en el hecho de que la sociedad capitalista actual se basa en la meritocracia (las jerarquías sociales están basadas en los méritos personales). Sin embargo, Piketty revela estudios que demuestran que, en la mayoría de los casos, las ganancias de las superempresas se deben a factores externos, que no dependen de la habilidad del manager. Es lo que llama pay for lucky y explica cómo la desigualdad de ingresos debida a los supermanagers no obedece a ningún criterio racional o de “mérito personal”.

También pronostica que en los nuevos tiempos habrá una puja entre managers (altos ingresos provenientes de su salario) y rentistas (altos ingresos provenientes de las propiedades o herencias). Sin embargo, en la medida que los primeros terminen amasando enormes fortunas, se irán convirtiendo en los segundos, por lo que el capitalismo seguirá siendo inexorablemente una sociedad de rentistas.

La conclusión fundamental del autor se puede leer de forma sucinta en sus conclusiones: “la principal fuerza de divergencia [de la economía de mercado basada en la propiedad privada] está relacionada con el hecho de que la tasa de retorno del capital (r) puede ser significativamente superior por largos períodos a la tasa de crecimiento del ingreso y del producto (g)” (Piketty, 2014: 571).

Y prosigue:

La desigualdad r > g implica que la riqueza acumulada en el pasado crece más rápido que el producto y que los ingresos. Esta desigualdad expresa una contradicción lógica fundamental. El empresario inevitablemente tiende a convertirse en un rentista, dominando cada vez más a aquellos que no tienen más que su trabajo. Una vez constituido, el capital se reproduce a sí mismo más rápido que el crecimiento del producto. El pasado devora al futuro. (571).

 

Otra fuente de divergencia deriva del hecho de que la tasa de retorno del capital (r) no es igual entre los propios capitalistas, lo que responde, en términos generales, a que mientras mayor es el monto del capital, mayor es su rentabilidad. En otras palabras, la concentración del capital no solo responde a que la tasa de rendimiento de los capitales es mayor que el crecimiento de los ingresos, sino a que mientras mayor es la masa de capital, mayor es su rendimiento.

Piketty estudia la evolución de las posiciones de las distintas corrientes de pensamiento en cuanto a la concentración de la riqueza, desde la prohibición de la usura en las primeras civilizaciones, hasta las propuestas de eliminación de la propiedad privada en los proyectos comunistas. Coincide en que esta última, efectivamente, resuelve el problema de que la tasa de retorno del capital crezca más que la de crecimiento del ingreso, pero considera que la propiedad privada (y la sociedad de mercado) tiene también otras virtudes como incentivo para el desarrollo de las fuerzas productivas y la organización de la producción social.

En función de ello, propone como solución el mantenimiento del Estado de Bienestar y la imposición de impuestos progresivos sobre el capital. Aunque admite que es un tanto utópico, advierte que esta propuesta solo estaría completa si fuera posible un impuesto progresivo sobre el capital a escala global.

Quizás es esta la principal limitación del libro, muy convincente en términos del diagnóstico, pero algo ingenuo en cuanto a lo propositivo. Ignorar el peso de los intereses del capital en la configuración de la política en los espacios nacionales y transnacionales, en momentos en que la concentración de la riqueza (tal y como lo describe el libro) se agudiza, implica descontar una variable clave para entender el mundo de hoy. La propia respuesta de los países desarrollados a la crisis es elocuente en este sentido: salvar a los responsables, hacer pagar a las víctimas, postergar decisiones medulares por absurdas pujas entre partidos políticos. No son decisiones resultantes de la torpeza de los políticos, sino que responden coherentemente a los intereses del capital.

En este sentido, el libro es también expresión de una de las principales tendencias del debate político y de las ciencias sociales y económicas en la actualidad: la convergencia. El siglo XXI no se muestra como el del triunfo de uno u otro sistema político, sino como la derrota de las experiencias conocidas. Todos los proyectos y voces alternativas se enfrentan a la necesidad de improvisar el camino, sintetizando lo mejor de las experiencias conocidas.

Piketty apuesta por el Estado de Bienestar, proyecto que desde la lectura de su libro se pudiera interpretar como un accidente histórico del capitalismo en las condiciones de la posguerra y el enfrentamiento a la “amenaza comunista”.

Por último, el libro tiene un valor añadido sin precedentes: el rescate de la economía política. Una revisión de cerca de seiscientas páginas con datos y gráficos que dan solidez a la información, sin modelos sofisticados ni teorías complejas, en un lenguaje que pretende ir más allá del gremio académico y en un llamado a interactuar con otras ciencias sociales. La economía al servicio de la política.

Este regreso a la forma clásica de entender la economía (en un libro que ha hecho moda) debiera ser uno de los principales puntos de nuestro interés, porque es esa manera de entender la economía la más coherente con el modelo económico y social al que aspiramos.

Así lo refleja Piketty en sus páginas finales:

[V]eo la Economía como una subdisciplina de las ciencias sociales, al lado de la Historia, la Sociología, la Antropología y la Ciencia política. Espero que este libro le haya dado al lector la idea de lo que quiero decir con esto. No me gusta la expresión “Ciencia económica”, que me parece terriblemente arrogante, dado que sugiere que a la economía le atañe un estatus científico elevado por encima de otras ciencias sociales. Prefiero mucho más “Economía política”, que puede parecer un concepto antiguo, pero me expresa lo único que la diferencia de otras ciencias sociales: su propósito político, normativo y moral”. (573-4).

Sería muy oportuno que nuestras casas editoriales hicieran un esfuerzo por acercar esta valiosa investigación a los lectores cubanos.

 

 

Bibliografía consultada

Andrés Velasco, "Monsieur Piketty va a América Latina", disponible en: http://www.project-syndicate.org, 30 de mayo de 2014.

Andrew Hill, "Thomas Piketty’s ‘Capital’ wins Business Book of the Year", disponible en: http://www.ft.com, 11 de noviembre de 2014.

Bradford DeLong, "El problema de la derecha con Piketty", disponible en: http://www.project-syndicate.org, 30 de abril de 2014.

David Harvey, "Algunas ideas sobre Piketty", disponible en: http://www.project-syndicate.org, 22 de mayo de 2014.

EFE - Madrid, "Pablo Iglesias dice que Piketty ha dado a Podemos una "válvula de oxígeno"", disponible en:  http://www.eldiario.es, 9 de enero de 2015.

Joseph E. Stiglitz, "La democracia en el Siglo XXI", disponible en: http://www.elpais.es, 14 de septiembre de 2014.

Paul Krugman, "El pánico a Piketty", disponible en: http://www.elpais.es, 4 de mayo de 2014.

Thomas Piketty. Capital in The Twenty-First Century. Harvard University Press, Massachusetts, Estados Unidos. 2014.

 

Notas

[1] En la ceremonia de aceptación del premio, Piketty envió un mensaje en el que defiende que el objetivo de su trabajo fue “promover la democratización del conocimiento económico” (Hill, 2014)

[2] El 9 de enero de 2015, los líderes de PODEMOS se reunieron con Tomas Piketty. Luego del encuentro, Pablo Iglesias afirmó haber recibido una “válvula de oxígeno” al recibir el apoyo del economista francés en muchas de sus propuestas económicas. (EFE, 2015).

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