Cultura y anatomía del consenso: un adelanto del Último Jueves (ideas en construcción)

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A propósito de la realización el próximo 26 de septiembre del panel de Último Jueves dedicado a la Cultura y anatomía del consenso, Catalejo ha invitado a varios amigos de la revista Temas a responder algunas de las preguntas que serán discutidas con los panelistas en el Centro Cultural Fresa y Chocolate. Ya comenzaron a llegar algunas de estas ideas, las iremos publicando aquí para nuestros lectores, a modo de adelanto de lo que ocurrirá en el panel.


Jueves 26 de septiembre

Julio César Guanche

¿Cómo ha cambiado la naturaleza del consenso en los últimos años?

La demostración del consenso en Cuba ha recurrido a las marchas multitudinarias, la aceptación de decisiones y la implicación en proyectos. Ello lo describe, pero no lo explica.

La sociedad civil es cada vez más nacional —con el país más conectado entre sí— y trasnacional. Parte de la emigración es circular y aumentan los repatriados. Las redes se multiplican. La información y productos culturales circulan en tiempo real para todo el país por diferentes canales. La prensa se ha diversificado. El pluralismo de valores morales se ha hecho visible. La sociedad se ha reestratificado, con aumento de desigualdad y pobreza. Las opciones económicas se han pluralizado. Repertorios globales se incorporan a la organización y al discurso social.

Quizás el cambio fundamental en la naturaleza del consenso en Cuba es la visibilidad de su complejidad y pluralidad.

Es necesario politizar su comprensión. El consenso es imprescindible, pero tampoco hay que sobrevalorarlo. Por ejemplo, su búsqueda puede marginar grupos minoritarios, con sus demandas.

El consenso se construye a partir de diversos repertorios de actuación de una ciudadanía activa, que incluyen apoyo, negociación y protesta. Aumenta cuando deja puertas abiertas a las alternativas excluidas dentro de las opciones entendidas como viables por el consenso hegemónico.

Una pregunta que se hace la filosofía crítica actual vale también para Cuba: ¿La democracia es más democrática cuando cobija grandes consensos o cuando da espacio al conflicto? Así, la interesante idea de “consenso conflictivo” quizás sea útil para entender la naturaleza de los consensos cubanos de hoy.


Viernes, 20 de septiembre:

Mayra Espina

¿Cómo ha cambiado la naturaleza del consenso en los últimos años?

El consenso es una herramienta de decisión peculiar: comúnmente se entiende como acuerdo de mayoría, pero no lo es. Alcanzar consenso supone la concertación del mayor número posible de opiniones, lo que implica una transacción que no requiere votación y que no hay minoría que disiente. No significa que se ha logrado el consentimiento activo de todos los implicados, sino que se establece un compromiso de aceptación dentro del cual algunos actores, por un bien común, razones éticas o por cálculo costo-beneficio, están dispuestos a posponer o subordinar sus intereses y apoyar la propuesta de otros.

Construir acuerdos por consenso requiere negociación, transparencia, capacidad empática para comprender el punto de vista del otro y de identificación de puntos medios para encontrar soluciones que puedan honrar todos los involucrados.

Al menos dos cambios significativos han tenido lugar en los últimos años en la naturaleza del consenso, y esto vale para Cuba. Un cambio de alcance: consensuar exige inclusión y participación (de todos los afectados por la decisión), cooperación e igualdad (simetría en el valor de las opiniones y en los medios para hacerlas visibles). No es un ejercicio de políticos.

El otro es un cambio técnico:  las redes sociales han generado una explosión de la opinión pública y de visibilidad de la diversidad y los conflictos, lo que las convierte en un medidor inmediato de posibles consensos y un medio para su construcción. Claro, hay que tener acceso.

Espero que en Cuba la conjunción de las políticas públicas de informatización de la sociedad, de descentralización y de gobierno electrónico amplíen la posibilidad de gestionar por consenso y fomenten participación ciudadana. 

 


Viernes, 20 de septiembre:

Daniel Rafuls

¿Cómo ha cambiado la naturaleza del consenso en los últimos años?

Linealmente entendido, el consenso siempre ha sido un consentimiento unánime entre, al menos, dos personas, en torno a una cosa o asunto, sobre el que debe ser tomada una decisión. Sin embargo, en sí mismo, aun cuando pueda percibirse como justo o injusto, conveniente o no, e, incluso, “bueno” o “malo”, es, sobre todo, un acuerdo que se toma con la anuencia de todos, donde todos pueden ceder en algo y todos también ganan en algún sentido; pero, sin dudas, es un tipo de acuerdo que requiere tiempo de análisis.

Otra forma de consenso, en situaciones de urgencia, pero también sin mucho apremio, puede ser cuando todas las partes dan su consentimiento, o acuerdan que la decisión final corresponderá a los criterios que tenga la mayoría, aun en detrimento de unos pocos. A la falta de consenso se le denomina disenso.

Así entendido el concepto, el reconocimiento público de que haya consenso o disenso en relación a una cosa o asunto, también depende de los intereses de las partes involucradas y del tipo de cultura alcanzada, lo que, asimismo, tiene su propia manifestación en la esfera política. Puede haber consenso, por ejemplo, entre los ciudadanos de un país, acerca de las virtudes del sistema político o del sistema de partidos políticos en que desarrollan su vida; pero, al mismo tiempo, puede haber disenso en la interpretación del desempeño de varios, de la mayoría o de todos sus representantes públicos.

 

 

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