Cortando las alas

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Foto: The New York Times.

Cuando Diplo DJ y Major Lazer subieron al escenario de la Tribuna Antimperialista de La Habana en marzo de 2016, el aire se llenó de energía y emoción que capturó un momento especial en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. Cientos de miles de jóvenes cubanos llenaron el emblemático malecón habanero, posicionándose para tener la mejor vista del grupo de música electrónica estadounidense, despejando el espacio para girar y saltar a los ritmos resonantes. El entorno no podría haber sido más perfecto: la embajada de los Estados Unidos, la bandera estadounidense ondeando en el fondo y el famoso Hotel Nacional, lleno en ese momento de ciudadanos estadounidenses que visitaban la Isla, todos con vistas al histórico concierto. Todos sabían que solo unas semanas más tarde el presidente Obama visitaría la Isla con su familia, dando el ejemplo de que era legal, seguro, divertido y genial venir a Cuba. Sonrisas, lágrimas, abrazos y choques de puño estaban en plena exhibición y la energía capturó el sentimiento del pueblo cubano: no había marcha atrás. Los Estados Unidos y Cuba finalmente estaban normalizando las relaciones y Cuba finalmente se encontraba en la dirección correcta.

La realidad cambió significativamente solo siete meses después; pero para peor. La victoria electoral de Donald Trump en noviembre de 2016 fue seguida rápidamente por tweets hostiles sobre Fidel Castro, una alianza política con respecto a Cuba, entre la Casa Blanca y el senador Marco Rubio, una directiva presidencial emitida en Miami rodeada de elementos anticubanos y la reducción del personal de la embajada de los Estados Unidos en La Habana. La política de la Administración Trump hacia Cuba, conceptualizada por Rubio, pretendía absorber el aire de los 450 000 jóvenes cubanos que disfrutaron de Diplo y millones de cubanos y estadounidenses que buscaban mejores relaciones. Quienes se oponen a las relaciones normalizadas entienden muy bien que el intercambio educativo, cultural y de otro tipo entre nuestros dos países ayudó a construir la opinión pública, las relaciones y el apoyo político para poner fin al embargo. Un elemento central de su política es congelar todo diálogo y contacto entre los gobiernos y los pueblos, con la esperanza de frenar el impulso para mejorar las relaciones.

 

Una estrategia para poner fin a los contactos pueblo a pueblo

El elemento clave de la política de la Administración Trump para desacelerar el proceso de normalización con Cuba es cambiar la psicología de los viajeros, las instituciones y los empresarios que interactúan con la Isla. Los vuelos comerciales, las reservas de un clic con Airb&b y la visita de Obama hicieron que Cuba fuera normal para el estadounidense promedio. Un gran aumento de visitantes y amplios intercambios académicos y culturales solidificaron las relaciones entre los pueblos y los acuerdos de trabajo. Al afirmar que “canceló” el acuerdo de Obama, modificando las regulaciones de viaje y la continua retórica sobre el “mal” gobierno cubano, Trump intentó cambiar la psicología en torno a Cuba, con la esperanza de ahuyentar el interés. Muy poco de este discurso fue respaldado por medidas reales, aunque la administración modificó las regulaciones de viaje y emitió una lista de entidades prohibidas con el objetivo de infundir confusión y miedo.

La nueva política de Trump hacia Cuba, anunciada en junio y promulgada en noviembre, prohibió a los estadounidenses visitar la Isla de forma individual (sin una organización patrocinadora) en la categoría de pueblo a pueblo. Durante la Administración Obama, los estadounidenses podían visitar Cuba bajo esta categoría simplemente comprometiéndose de buena fe a evitar el turismo y pasar la mayor parte de su tiempo interactuando con los cubanos. Esta fue la forma más sencilla y común para que los estadounidenses promedio pudieran visitar la Isla, y es la razón por la cual Trump (y Rubio) la prohibieron. Poco o ningún cambio se realizó en las otras categorías de visitas legales, incluidos viajes académicos tradicionales, conferencias, reuniones, competiciones deportivas e investigación profesional. Trump también prohibió realizar transacciones financieras directas con una lista de cerca de doscientas entidades cubanas asociadas con las Fuerzas Armadas cubanas o el aparato de inteligencia, incluidos varios hoteles y establecimientos turísticos importantes. La lista, sin embargo, no incluía a la gran mayoría de las empresas estatales cubanas ni a ninguno de los cientos de miles de B&B,[1] restaurantes y proveedores de servicios privados.

Dado el hecho de que Trump originalmente amenazó con “cancelar” todo lo que la Administración Obama había hecho, estos cambios moderados fueron meros ajustes. Viajar a Cuba es mucho más legal y factible. Desafortunadamente, las regulaciones complicadas y los mensajes de Trump llevaron a informes de prensa que “los estadounidenses no pueden quedarse en hoteles”, “los viajeros solo pueden visitar la Isla siendo parte de grupos turísticos” y, en algunos casos, “Trump detiene viajes a Cuba”. La Administración fue intencionalmente vaga sobre las nuevas regulaciones, que se niegan a proporcionar claridad sobre la categoría de “Apoyo al pueblo cubano”, que claramente permite a los estadounidenses visitarlos como individuos (sin una organización), si pasan tiempo reuniéndose con cubanos y frecuentando establecimientos privados.

Las nuevas regulaciones eran inquietantes y confusas para los posibles viajeros. Sin embargo, no fueron demasiado dañinas porque los cambios no fueron significativos; expertos, abogados y especialistas en mercadotecnia trabajaron para aclararlos. La industria de viajes y la comunidad política se apresuraron a informar al público y a los viajeros interesados que se acercaron para aclararse. Era confuso cuán significativo iba a ser el impacto que tendrían los cambios regulatorios si no hubieran estado acompañados por algo más grande.

 

El cierre de la embajada de los Estados Unidos y la advertencia de viaje

El discurso de junio del presidente Trump preparó el escenario para golpear fuertemente las relaciones diplomáticas y los intercambios culturales y educativos. El 20 de agosto llegó la noticia de que los diplomáticos estadounidenses habían sufrido algún tipo de incidente de salud mientras servían en La Habana. Esta situación mantenida bajo estrictas prácticas durante meses mientras ambas partes investigaban, se deshizo rápidamente una vez que llegó a la prensa. La presión política de los opositores al compromiso, la falta de confianza y comunicación entre las contrapartes estadounidenses y cubanas, y una mezcla de lesiones de salud, paranoia y confusión llevaron a la administración Trump a poner en práctica una salida ordenada de la embajada de los Estados Unidos en La Habana. Todos los miembros del personal y familiares “no esenciales” recibieron órdenes de regresar a su hogar, la gran mayoría en contra de su voluntad, y un escaso grupo de una docena de diplomáticos quedaron para servir. Además, la reducción provocó una advertencia de viaje obligatoria, que aconsejaba a los estadounidenses no visitar Cuba por razones de seguridad.

De la noche a la mañana se borró una década de progreso a través de los intercambios de pueblo a pueblo, la cooperación de gobierno a gobierno y la afluencia de visitantes estadounidenses, incluido el propio presidente Obama, que hizo que Cuba fuera normal y segura. Informes no confirmados de “armas sónicas” y “ataques dirigidos” se leen como un thriller de la guerra fría y Cuba apareció en la portada de los principales periódicos y las noticias nacionales como la escena aterradora de un sofisticado y atemorizante crimen contra diplomáticos estadounidenses. No importó que el FBI reconociera que no había evidencia de ningún ataque o que el gobierno de los Estados Unidos creyera que el cubano no estaba detrás de los incidentes y que la mayoría de los diplomáticos estadounidenses en La Habana se sintieran seguros y quisieran quedarse. Esta era una historia demasiado jugosa y los informes interminables, infundados e incorrectos, muchos filtrados deliberadamente por funcionarios estadounidenses, cambiaron rápidamente la percepción que el ciudadano promedio tenía de Cuba.

La narrativa interminable y negativa en los medios estuvo acompañada por consecuencias muy graves como el cierre de la embajada y la advertencia de viaje injustificada. El Departamento de Estado dejó a un solo funcionario consular, a quien se le ordenó no emitir visas para la migración, programas de intercambio y visitas familiares. Miles de cubanos quedaron separados de sus familias, cientos de académicos y grupos culturales cancelaron las visitas de intercambio a los Estados Unidos y los cubanos que esperaban visitar a su familia allí se vieron obligados a suspender sus planes de viaje. Eventualmente, las entrevistas de visas fueron reprogramadas, primeramente para Colombia y luego para Guyana, agregando miles de dólares en costos, creando dificultades logísticas y reduciendo la probabilidad de obtener visas lo que devendría una verdadera tragedia, la política casi ha paralizado todos los viajes académicos, culturales y empresariales desde Cuba a los Estados Unidos.

La advertencia de viaje también ha causado un daño enorme: por ejemplo, numerosas universidades, escuelas secundarias, instituciones culturales y empresas han eliminado sus planes de viaje a Cuba. Muchas instituciones tienen políticas internas que impiden viajar a cualquier país que tenga una advertencia de viaje, por motivos de seguridad y responsabilidad. La redacción de la advertencia, siendo puramente un tema político, es más fuerte que las de los países con un riesgo grave de terrorismo, inestabilidad política y delitos violentos. Además, la descripción de las circunstancias es intencionalmente vaga, teniendo en cuenta que cuanto más específico es el idioma, más fácil es para las instituciones y las personas evaluar el riesgo y tomar medidas de mitigación.

La combinación de la reducción de personal de la embajada y la advertencia de viaje tuvo un impacto desastroso en los intercambios de pueblo a pueblo. Teatros y clubes nocturnos en los Estados Unidos cancelaron actuaciones de actos culturales cubanos. Las universidades estadounidenses se quedaron sin profesores visitantes cubanos y los proyectos de investigación fueron truncados. Las conferencias académicas, médicas y científicas en los Estados Unidos una vez más se quedaron sin la presencia cubana. Aproximadamente de 20 a 25% de los programas de estudios en el extranjero planificados en Cuba se cancelaron. Varias empresas estadounidenses interesadas en el mercado cubano pensaron dos veces en seguir adelante, y un sinnúmero de viajeros estadounidenses decidieron anular planes para visitar la Isla.

Las regulaciones de viaje son fáciles de explicar. Los ataques sónicos no lo son. La situación de la embajada fue un verdadero regalo para el senador Rubio y su pandilla de guerreristas fríos, capaces de usar cualquier cosa para detener el progreso bilateral.

 

La diplomacia suave y la reconciliación

La mejor forma de luchar contra los oponentes al compromiso que han creado la situación actual es haciendo exactamente lo que pretenden detener. Los intercambios de pueblo a pueblo degradan los estereotipos, generan confianza y conducen a fuertes amistades y relaciones profesionales. Un juego de ligas menores de beisbol entre los Estados Unidos y Cuba cambia más corazones y mentes que un discurso político. Los grupos cubanos de danza que llenan los teatros de los Estados Unidos recalibran las percepciones estadounidenses sobre Cuba, más que los editoriales de los periódicos. Los estudiantes y profesores de los Estados Unidos son los mejores mensajeros de la realidad y la sólida política cubana.

El gobierno cubano tiene una ventaja increíble en esta batalla, que es la rica cultura y el increíble talento de su pueblo. La diplomacia cultural inteligente como el Festival de Artes de Cuba en el Kennedy Center y el concierto de los Rolling Stones es extremadamente poderosa. El Gran Teatro, la Plaza de la Revolución y otros locales cubanos deberían ser anfitriones de docenas de grandes artistas internacionales cada año. Los equipos deportivos estadounidenses e internacionales deben ser recibidos con los brazos abiertos para jugar en suelo cubano. Las universidades cubanas deberían continuar participando con contrapartes estadounidenses y las asociaciones médicas y científicas deberían buscar activamente alianzas con colegas estadounidenses.

Fuimos testigos de un gran progreso en este ámbito mientras estaba Barack Obama en el poder, y el gobierno cubano no debe permitir que la hostilidad de Trump cierre las puertas a este importante compromiso. Por el contrario, Cuba debería continuar con más energía y convicción que antes.

Quizás la mayor tragedia de la política de Trump en Cuba y particularmente del cierre de la embajada ha sido el silencio en Miami. Miles de cubanos postergaron o cancelaron sus planes de reunificación familiar. Muchos más celebraron cumpleaños, graduaciones y bodas o sufrieron cirugías y funerales sin familiares de Cuba, que no pudieron obtener visas. Sin embargo, los medios locales apenas han cubierto las dificultades y no solo los miembros del Congreso cubanoamericanos han ignorado su sufrimiento, sino que son ellos quienes impulsan esta política. No hay organización y ni activismo.

La política del gobierno cubano de volver a involucrar a la comunidad cubanoamericana es muy importante para cambiar este contexto. Los pasos adicionales para facilitar a los cubanos en el extranjero regresar a Cuba, para visitas o de forma permanente, y participar en la vida cultural, económica y social de la Isla los fortalecerán políticamente en los Estados Unidos y ayudarán a crear y hacer crecer una comunidad de aliados. Las organizaciones locales también deben trabajar arduamente para crear una conciencia política y promover el registro de votantes y la participación civil. Nunca ha habido un momento más importante para impulsar el compromiso y la reconciliación con la comunidad cubanoamericana.

 

Contraatacando mediante el compromiso

En el lado estadounidense, los defensores del compromiso deben vivir de acuerdo con el dicho “cuando las cosas se pongan difíciles, lo difícil se pone en marcha”, y deben continuar. Las universidades y las asociaciones educativas deben trabajar juntas para compartir información sobre sus experiencias en Cuba y ayudar a las nuevas instituciones a enfrentar los desafíos presentados por la advertencia de viaje. A pesar del costo adicional y los desafíos logísticos para las visas, deberían participar activamente en conseguir estudiantes y académicos cubanos en sus campus. Es desafiante, pero es posible. Deben ser proactivos al compartir historias exitosas con los medios locales y nacionales y con colegas de otros departamentos y otras escuelas.

El Centro Kennedy ha demostrado un gran liderazgo en el frente cultural. Ayudaron a que más de trescientos cubanos volaran a México para procesar las visas para el tan esperado mes de la cultura cubana en Washington. Están llevando a Cuba al público estadounidense por todas las razones correctas: arte, baile y música increíbles. Las instituciones culturales y el sector privado deberían seguir sus pasos, cambiando una vez más la narrativa sobre Cuba.

Finalmente, los partidarios del compromiso deberían seguir la iniciativa del presidente Obama y visitar Cuba, trayendo consigo a tantos miembros del Congreso, gobernadores estatales, alcaldes de ciudades, líderes del pensamiento y estadounidenses comunes como sea posible. La buena voluntad, las relaciones profundas y la mentalidad cambiada que resultarán cuando visiten Cuba establecerán las condiciones para otro 17D y es la clave para salir de este momento difícil.

 

 

[1] B&B (Bed and Breakfast): casas de renta donde se ofrece desayuno.

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