Conciliar los intereses comunes: un desafío de cada día.

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A propósito de la firma del Acuerdo de diálogo político y cooperación entre la Unión Europea y Cuba en diciembre de 2016, Temas entrevistó al embajador de esa institución plurinacional, Sr. Hermann Portocarero. Agradecemos al doctor Eduardo Perera la realización de la entrevista, y al Sr. Portocarero la oportunidad de acercar a nuestros lectores una visión de la situación actual de las relaciones de nuestro país con el conjunto de países europeos, y sus proyecciones para el futuro mediato.

 

Eduardo Perera (E.P.): Desde que Cuba y la Unión Europea (UE) —entonces Comunidad Económica Europea— establecieron relaciones en el año 1988, alcanzar un acuerdo bilateral, o sea, institucionalizar la relación, se convirtió prácticamente en el punto fundamental de la agenda entre ambos actores. Ahora eso parece una cuestión resuelta, se ha despejado esa incógnita de la ecuación con la firma de un acuerdo. ¿Qué cree usted que ha cambiado?

Hermann Portocarero (H. P.): Ante todo, el remplazo del unilateralismo por el diálogo; ese es el mayor mérito del Acuerdo. La Posición Común de 1996 quedó sin efecto al mismo tiempo en que se firmó el Acuerdo, y es realmente el reconocimiento de dos cosas: primero, que el mundo ha cambiado mucho en los últimos veinte años y que todos nosotros estamos en una situación mucho más vulnerable, necesitando cada vez más diálogo, y también que durante ese tiempo se desarrollaron diplomacias bilaterales de los Estados miembros con Cuba. El propósito final era que en un solo acuerdo hubiera una base única, sólida, legal, para todas las diplomacias europeas, tanto la de los Estados miembros como de la Unión como tal, y eso fue lo que se logró por fin el 12 de diciembre de 2016.

 

E. P.: El Acuerdo se define como de diálogo político y cooperación. Sería muy interesante tener su valoración acerca de su contenido y saber si incluye algunos aspectos en materia comercial.

H. P.: De cierta forma el Acuerdo reconfirma y da una base a cosas que ya estamos haciendo en cooperación bilateral. Por ejemplo, como usted sabe, tenemos muchos proyectos y programas que empezaron mucho antes, desde 2008; pero ampliamos el alcance del Acuerdo incluyendo nuevos temas, sin decidir sobre los recursos porque es una discusión que no pertenece al convenio; así que seguimos con la cooperación bilateral con los recursos que hay y con las prioridades que se han definido para el período 2012-2020.

El diálogo político es otra cosa, porque en sí existió, pero de manera un poco abstracta. Hubo como siete u ocho sesiones de encuentros a alto nivel, pero siempre fue con agenda ad hoc. Ahora tenemos un acuerdo marco muy amplio, donde se definen también los temas políticos. Como siempre, para nosotros, los derechos humanos y la buena gobernanza son un tema central, y eso se reconoce en el Acuerdo. Lo discutimos ampliamente con las contrapartes cubanas y se aceptó.

Hay otros temas que nunca se habían tocado entre nosotros: desarme, protección del medioambiente, migración; temas de actualidad, a veces muy complicados, que ahora son parte de una agenda consolidada, ya que antes el diálogo político era más bien ad hoc.

En resumen, el Acuerdo ofrece un marco legal mucho más amplio y sólido, y con muchos más detalles para el diálogo político futuro.

En lo personal—me queda poco tiempo en Cuba—, el enfoque central va a ser lo que llamamos diálogos sectoriales, detallado en el Capítulo 3, y específicamente en dos artículos: primero, quiénes son los actores en la cooperación, con la inclusión de la sociedad civil y otros importantes para nosotros, y segundo, cuáles son los sectores más importantes. Lo consideraré como mi última tarea en Cuba, realmente.

 

E. P.: Desde que concluyeron las negociaciones y se rubricó el Acuerdo entre el Canciller cubano y la Alta Representante de la Unión Europea, uno de los temas que había que resolver con urgencia era decidir si el Acuerdo iba a ser mixto o no, o sea, si iba a involucrar solo a la Unión Europea o también a sus Estados miembros. Esta decisión se alcanzó en la última parte del año, a favor de la variante mixta. ¿Qué implicaciones tiene para el proceso de ratificación parlamentaria y para la entrada en vigor progresiva del Acuerdo?

H. P.: La complejidad institucional de la Unión Europea siempre es una caja de Pandora. El punto de vista de los diplomáticos del Servicio de Acción Exteriorera lograr un acuerdo de aplicación provisional lo más amplio posible, aun en las partes que sean de competencia mixta o de competencia nacional. Eso dio lugar a una discusión muy larga por la parte europea, pero logramos finalmente que la aplicación provisional fuera más amplia que en ningún otro acuerdo del mismo tipo con otros países, a través de la complejidad institucional de siempre, con largas discusiones con los Estados miembros. El Acuerdo tiene que ratificarse en los parlamentos nacionales; es un proceso de muchos años, porque, por ejemplo, en el caso de Bélgica, no solo es el parlamento federal, sino también los regionales, y puede ser igual en otros países.

Vista la complejidad de la ratificación nacional, era muy importante lograr la aplicación provisional, que no depende de ninguna ratificación de los Estados miembros. Es una decisión que tomó el Consejo y que tendrá que evaluar el Parlamento Europeo dentro de un par de meses. Así que estaremos en condiciones de aplicar el Acuerdo provisionalmente, digamos, a partir del segundo semestre de este año.

 

E. P.: Hay un tema que ha estado girando todo el tiempo alrededor de la relación Unión Europea-Cuba, que es el de la normalización de las relaciones, a la que este Acuerdo al parecer contribuye. Me gustaría conocer su valoración sobre el tema; pero quizás más que eso me interesaría preguntarle: ¿usted cree que el Acuerdo puede contribuir a la toma de experiencias comunes en terrenos afines? Por ejemplo, estoy pensando en el de las políticas públicas.

H. P.: El término normalización me parece un poco excesivo. Lo que pasó es que la negociación entre nosotros coincidió, más o menos, con la de Estados Unidos y hay cierta tendencia a comparar los dos procesos. Realmente no son iguales, porque nosotros tenemos relaciones diplomáticas desde hace más de treinta años, así que para mí no se trataba de un proceso de normalización. Más bien, es la consolidación de esa relación, tanto con la Unión Europea en la parte de cooperación, como con los Estados miembros en inversión, turismo, cooperación jurídica, etcétera.

En cuanto a tu segunda pregunta, la idea de la UE, coincidiendo con el proceso de normalización con los Estados Unidos, era ante todo definir una posición sui generis hacia Cuba. Somos representantes de un modelo de sociedad, que esperamos que contenga ideas acerca del futuro de la sociedad cubana.

Al momento de abrirse más el país al mundo entero, defender los logros sociales para nosotros es una prioridad, porque a pesar de todos los problemas, Europa es un modelo de capitalismo social, que quizás va a ser el último en el mundo, y que está bajo mucha presión, pero lo seguimos defendiendo.

Podemos esperar intercambiar experiencias con Cuba para precisamente mantener un tipo de sociedad que esté más cerca de nosotros que de otros vecinos más cercanos; es una esperanza porque tiene que ser un intercambio.

Hay experiencias por ambos lados. Compartimos una estructura demográfica que también influye en el costo de los programas sociales, obviamente; así como el deseo de mantener un sector público viable. Yo vengo de un país con un sector público importante, pero también lo es el sector privado, así que, a fin de cuentas, somos defensores de un modelo social y económico que puede contener cosas buenas para el futuro de Cuba.

 

E. P.: Ud. mismo sacó el tema de los Estados Unidos, y eso me tienta a hacerle una pregunta relacionada con el triángulo Unión Europea-Estados Unidos-Cuba. ¿Considera que el Acuerdo puede contribuir a la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba?

H. P.: La Unión Europea comparte ciertos valores con los Estados Unidos; pero no siempre compartimos el modelo de sociedad, obviamente, y no sabemos cómo va a ser el futuro del próximo gobierno. En la medida en que la UE pueda ayudar a abrir la economía cubana, otros socios pueden aprovechar las ventajas; lo principal para mí es que haya espacios para todos los socios.

Geográficamente estamos muy lejos de Cuba, pero tenemos una presencia que queremos mantener y ampliar, pero sin ilusión; ustedes están muy cerca de los Estados Unidos y tienen que conseguir algún modus vivendi con el gran vecino. Si podemos ayudar en eso, tanto mejor; pero defendemos también nuestros intereses y nuestra propia visión.

La Alta Representante dijo de manera muy clara en Bruselas, durante la conferencia de prensa, que la política europea se define allí, no en ninguna otra capital, y eso es importante porque mientras compartimos valores, ideas, también somos partidarios de otro modelo de sociedad.

 

E. P.: ¿Y quizás el Acuerdo podría ser un estímulo para la política norteamericana hacia Cuba?

H. P.: (Ríe) Bueno, no me corresponde opinar sobre eso.

 

E.P.: Un estímulo competitivo, quiero decir.

H. P.: Yo pienso que sí. En la economía podemos ser socios, competidores, por supuesto; en ciertos sectores la presencia europea es importante y queremos mantenerla, pero en la política, obviamente no es el momento para decir cualquier cosa sobre los Estados Unidos.(Ríe)

 

E. P.: Una última pregunta. Usted ha conjugado en una misma persona la capacidad de haber sido embajador de uno de los Estados miembros de la Unión Europea, Bélgica, aquí en La Habana entre los años 1995 y 1999 —si no recuerdo mal—, que fue una etapa muy importante en el ámbito bilateral porque fue la primera vez, y la única anterior, en la que se planteó la posibilidad de negociar un acuerdo de cooperación; y además, ha sido jefe de Delegación de la Unión Europea en La Habana desde 2012, lo cual lo hace un conocedor de la realidad cubana, desde la perspectiva bilateral y desde la multilateral de la UE. ¿Qué opinión le merece el futuro de las relaciones entre la Unión Europea y Cuba? ¿Considera que con este Acuerdo que se acaba de firmar, esas relaciones se ubican en el lugar que les corresponde?

H. P.: El desafío mayor, cuando llegué a Cuba en octubre de 2012, como jefe de Delegación, fue explicar que yo era la misma persona, pero que tenía una función muy diferente. El reto profesional era mantener lo más posible una línea común entre dieciocho embajadas de Estados miembros con visiones y actitudes muy diferentes sobre Cuba. En mi caso, por primera vez al encargado de negocios en Cuba correspondía la presidencia permanente del grupo de embajadores, así que nosotros cada semana, cada mes, tenemos algún grupo de trabajo para mantener lo más posible una actitud y una visión común. Ese fue el mayor desafío.

Yo recuerdo bien mi primera cita en el MINREX, cuando explicaba: “Soy la misma persona, pero también soy algo diferente ahora”. Hay que entenderlo, tenía mucho más margen de maniobra como embajador de un país que siempre había apoyado a Cuba, en casi todas las circunstancias, que como jefe de un grupo dentro del cual había opiniones mucho más críticas, para decirlo diplomáticamente. Así que lo más difícil fue conciliar mi experiencia como embajador de Bélgica y como amigo del país y de la sociedad cubana, con mi deber de tomar en cuenta posiciones muy distintas de los Estados miembros de la UE. Si lo he logrado, me puedo considerar un hombre dichoso. Pienso que, de forma general, gracias también al apoyo de mis colegas, lo hicimos funcionar.

Creo que este Acuerdo es evolutivo, da una base; ahora depende de nosotros, de la parte cubana, de todos los actores involucrados, cómo vamos a utilizarlo.

Cuba está enfrentando grandes transformaciones en la economía, en el personal político, y tenemos que ser conscientes de que también la Unión Europea está pasando por sus retos, con cambios de gobiernos, con nuevas prioridades, nuevos desafíos. El interés común es un desafío de cada día porque en la política nada es eterno, siempre hay cambios, las sociedades cambian, y nosotros los diplomáticos somos representantes tanto de las sociedades como de los gobiernos. Ese desafío diario, yo voy a mirarlo, desde mi posición de diplomático jubilado, con muchísimo interés y con amor constante a Cuba. Ustedes saben que soy amigo del país sin coincidir siempre con su política, es normal, porque somos muy diferentes, pero yo siempre digo que es más lo que nos une que lo que nos separa.

 

E.P.: Embajador Portocarero, quiero humildemente felicitarle a usted y a la Delegación que dirige, por la parte que les toca en el logro de este Acuerdo, desearle éxitos en lo que queda de su misión, y agradecerle nuevamente por concedernos esta entrevista.

 

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