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por Juan Antonio García Borrero
Actualizado: hace 19 horas 26 mins

ENCICLOPEDIA DEL AUDIOVISUAL CUBANO

Mar, 09/19/2017 - 16:38

Me da mucha alegría poder compartir con los amigos del audiovisual cubano esta noticia que, aunque sea algo personal, responde al espíritu que hemos querido defender en el Proyecto “El Callejón de los Milagros”, cuando hablamos del uso creativo de la tecnología.

Lo de “primera versión”, por supuesto, no sirve para describir el carácter de construcción interactiva y permanente que tendría una Enciclopedia como esta (ahora mismo ya estamos hablando de casi 2000 páginas).

Como estudioso, siento que podemos aportar un verdadero punto de giro en nuestras prácticas investigativas, toda vez que al trabajar con varias categorías que se entrecruzan (a modo de mapas mentales), en vez de un solo relato, estaríamos acercándonos a lo que en su momento Godard se propuso:

Querría volver a contar la historia del cine no sólo de una manera cronológica, sino, más bien… arqueológica, o biológica. Tratar de mostrar cómo se han producido movimientos, igual que se podría contar la historia en pintura, de cómo se creó la perspectiva, por ejemplo, o en qué fecha se inventó la pintura al óleo, etc. Pues tampoco en el cine se han producido las cosas de cualquier manera… Debe de haber capas geológicas, corrimientos de tierras culturales”.

Con la Enciclopedia del Audiovisual Cubano tenemos la posibilidad de entrar a esas diversas “historias” que han estado conformando una Historia mayor desde su etapa silente, pero en la cual no solo tendrían relevancia las películas y los autores, sino también las tecnologías, los públicos y los espacios (los cines) donde ellos consumen las cintas.

Comparto con los amigos del blog el texto que aparece en la página principal, y que ha sido publicado en el sitio Cuba Posible.

Juan Antonio García Borrero

POR UNA NUEVA HISTORIA DEL AUDIOVISUAL CUBANO

Por Juan Antonio García Borrero

Ya está lista la primera versión de la “Enciclopedia del Audiovisual Cubano”. Hasta el momento en que escribo estas líneas se contabilizan 1310 páginas, las que permiten consultar no solo un gran número de fichas técnicas, sinopsis y críticas de ficciones, documentales, animados, etc, producidos desde el período silente hasta la actualidad, sino también información sobre los libros publicados alrededor del cine cubano, las salas de cines como espacios de sociabilidad, los eventos y festivales cinematográficos como dispositivos generadores de consensos y comunidades físicas e imaginarias, las tecnologías empleadas.

Al estar concebida como una publicación Wiki que utiliza software libre, la “Enciclopedia del Audiovisual Cubano” permitirá la construcción interactiva del conocimiento, de acuerdo a las modalidades más contemporáneas de la comunicación. Esto significa que más que un Autor (con mayúsculas), el cual decide la forma definitiva que tendrá ese libro que pone a disposición de los lectores, en la Enciclopedia tendríamos una suerte de Editor principal que (ayudado por otros editores o expertos) facilita la circulación de ideas alrededor de un concepto (en nuestro caso el audiovisual cubano, mucho más amplio que el de cine cubano), el cual podrá ser examinado desde los más diversos ángulos, de acuerdo a un paradigma que recuerda la propuesta del filme Rashomon (¿o sería mejor invocar el Aleph borgeano?).

Comencé a trabajar la Enciclopedia del Audiovisual Cubano como si se tratara de una ampliación de la “Guía crítica del cine cubano de ficción”[1], un libro hoy agotado. Sin embargo, en la medida que avanzaba en el proyecto, me fue fácil detectar que ya no es posible pensar y articular la Historia del cine cubano de la misma manera en que lo hacíamos hace veinte años.[2]

En sentido general, aquella “Guía crítica…” también estaba dominada por esa tendencia historiográfica donde lo que más importa (y a veces, lo único que importa) es la historia de la producción cinematográfica, los autores, las películas, un mal denunciado por Jean Mitry en su Histoire du cinema en 1967 al anotar:

Una cosa aparece, pues, con claridad: por muy precisas y serias que sean las Historias del cine existentes hasta la fecha, no son más que una historia de las obras y los estilos concebida de una manera más o menos coherente (…) Ahora bien, un arte, cualquiera que éste sea, no es sólo una sucesión de obras maestras aisladas, sino un devenir temporal, una continuidad viva”.[3]

De allí que la Enciclopedia, a diferencia de la “Guía crítica…”, intente proponer un punto de giro más cercano a lo que en los últimos tiempos Richard Maltby llama “New Cinema Histories”[4]; es decir, una “Historia” que no se quede en el registro de las imágenes que vemos en pantalla, sino que explore con una perspectiva de conjunto las conexiones que se establecen entre los filmes, las tecnologías que todo el tiempo se desarrollan, los contextos económicos, políticos, y culturales, así como los escenarios más íntimos donde los individuos convierten en una práctica sistemática el consumo del audiovisual.

La “Enciclopedia del Audiovisual Cubano” aboga por esa voluntad holística. Pero habría que entender esa pretensión de “Historia integral” del audiovisual cubano, más allá de lo fríamente numérico, en tanto se trata de algo bien diferente a la simple sumatoria de fichas, sinopsis, o estadísticas. O sea, que si como autor en la “Guía crítica del cine cubano de ficción” pude recopilar un conjunto bastante amplio de informaciones que hablaban del cine silente, sonoro pre-revolucionario, revolucionario (representado fundamentalmente por la producción del ICAIC), “sumergido” (centros productores que apenas eran visibilizados en el relato oficial, como los Estudios Cinematográficos de la Televisión o los de las Fuerzas Armadas Revolucionarias), o cine clubes de creación, lo novedoso de la actual Enciclopedia no estaría en la incorporación de novedades informativas (que las tiene), sino en la defensa que hace de la escritura colaborativa.

Como hablar de una “nueva historia del audiovisual cubano” puede sonar demasiado pretencioso, trataré de describir el giro copernicano que viene significando para mí, como investigador, el uso de esta herramienta. Para ello me remontaré precisamente a mis inicios como estudioso del cine cubano, los cuales podría asociar al momento en que decidí conformar la “Guía crítica…”, allá por el año 1996.

En aquellos momentos estábamos en vísperas de festejar el centenario de la llegada del cinematógrafo a la isla. Hoy el catálogo de libros que aborda el devenir del cine cubano es amplísimo, pero entonces había muchísimas limitaciones para acceder a la información, sobre todo si uno vive en provincia, y no hay en el lugar donde residimos un Centro de Documentación o una Cinemateca que te auxilie.

Por otro lado, estaba el interés en hablar del cine cubano no como si se tratara de la historia del ICAIC (el famoso “icaicentrismo” que hoy tanto cuestionamos), sino como el conjunto de prácticas generadas alrededor de la imagen en movimiento (sin importar el lugar donde surge o el soporte que la hospeda), lo cual nos llevaría a hablar de películas, pero también de salas cinematográficas como espacios de intercambio social, y del consumo cultural como un modo de establecer pactos de identidad.

Todavía hoy la información sobre estas otras zonas del audiovisual cubano resulta insuficiente, precariedad que será mayor en la misma medida en que lo digital democratice las maneras de producir. Por buena voluntad que pueda tener un investigador, como individuo estaremos siempre limitados.

Recuerdo mis angustiosos viajes a la capital, con el fin de explorar en los caóticos archivos de los Estudios Cinematográficos de la Televisión, o las entrevistas con cineastas como Tomás Piard o Jorge Luis Sánchez, tratando de reconstruir mediante la consulta de amarillentos documentos y la memoria de ambos, lo que fue la historia del cine aficionado a partir de 1979, o la de los Talleres de Cine de la Asociación Hermanos Saíz.

La “Guía crítica…” me permitió vislumbrar la opacidad de terrenos culturales que permanecían (y aún permanecen) en la oscuridad. De allí que un poco más adelante llegara el libro “Rehenes de la sombra”[5], que indaga sobre lo sucedido en esos “otros” Centros productores de audiovisual que no eran el ICAIC, y que por ende, no alcanzaban a ser visibles en el relato oficial. Más tarde preparé el volumen colectivo “Cine cubano. Nación, diáspora e identidad”[6], que aborda lo producido audiovisualmente por los cubanos que residen más allá de la isla.

Cada uno de estos libros (junto a la otra decena que he escrito) intentan devolver los fragmentos al imán invisible que los une: la representación audiovisual de lo cubano, aun cuando no se viva en la isla. Buenos, regulares, malos, esos libros están allí, ocupando espacio en el librero de alguien que alguna vez los adquirió. Y, sin embargo, viven desconectados, cada uno por su lado, sin recibir atención académica toda vez que, en muchas ocasiones, no llegan a las manos de los investigadores que pueden discutirlos.

Ahora imaginemos toda esa información que yace dispersa en centenares de libros, contenida en una sola plataforma digital a la que se puede acceder y contribuir desde cualquier parte del planeta (ya sabemos cuán dispersos están los cubanos), a través de una computadora, una laptop, o cualquier dispositivo (Tablet, teléfono, etc) que permita conectarse a Internet. Con la ventaja, además, de que la Enciclopedia del Audiovisual Cubano podría ser descargada, consultada y debatida off line.

Una Historia del audiovisual cubano escrita de esa manera pasaría rápidamente de la Historia-relato (narración individual de un cronista que organiza los hechos por él conocidos de acuerdo a los imperativos de la linealidad) a la Historia-problema, esa donde no solo se describen los acontecimientos, sino se pone en perspectiva crítica la metodología utilizadas por los historiadores.

Por otro lado, asumir el audiovisual cubano como una suerte de banco de problemas, en vez del altar ante el cual hay que doblegarse como si fuese un devocionario, nos evitaría el duro reproche elaborado alguna vez por Michèle Lagny cuando escribe que una Historia del cine “redactada por cinéfilos, muchas veces no es más que una historia santa”. [7]

Ciertamente si queremos que la Historia del audiovisual cubano alcance a superar los inevitables sesgos de quien ama con gran pasión esa producción y solo encuentra en la misma virtudes o defectos que nos estimulan a escribir sobre ella, para llegar al rigor científico que explicaría el desarrollo de esta práctica cultural, no a partir de la forzada identidad y lo teleológico que encumbra, sino de las contradicciones y las crisis, entonces será preciso apelar a la mirada plural de los equipos multidisciplinarios.

De allí que la posibilidad de construir esta “nueva historia del audiovisual cubano” no descanse tanto en la gran cantidad de información que ahora podamos tener a mano gracias a las nuevas tecnologías, como en la construcción de una metodología que sea capaz de conectar de modo transversal todos estos escenarios que, a primera vista, parecieran alejados y ajenos.

En este sentido, la “Enciclopedia del Audiovisual Cubano” puede funcionar como repositorio, pero sobre todo como colaboratorio de investigación donde las ideas y los debates fluyan a partir de una interacción tecnológica que nos permitirá desplazarnos a través del espacio y el tiempo de un modo siempre dinámico e impredecible. Como en la vida misma.

Notas


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EL HURACÁN Y LA INOCENCIA

Jue, 09/14/2017 - 15:43

“Irma”, el huracán, me ha dejado sin deseos de escribir otra vez sobre El Callejón de los Milagros. Viendo tantas imágenes del desastre, ¿a quién le importaría ahora lo que diga de ese proyecto?

Ya sé que eso suena a paradoja, porque en medio de las situaciones límites, en medio de la precariedad más absoluta, el ser humano puede encontrar fuerzas para seguir luchando justo en sus reservas espirituales, apelando a su creatividad más íntima.

Pero tal vez influya el hecho de que, antes de “Irma”, el Proyecto ya venía sufriendo los embates de un huracán más terrible: el de la inconsistencia institucional. Allí están como testigos esas puertas endebles de Nuevo Mundo que temí que “Irma” acabase de llevarlas al más allá. O la ausencia casi total de computadoras para apoyar los talleres de creatividad tecnológica que se organizan (antes teníamos cinco a disposición del público, ahora apenas hay una). Podría enumerar otras quejas, pero, insisto, ¿a quién le puede importar ahora “La calle de los cines” de Camagüey luego que tantos coterráneos nuestros lo han perdido todo?

Del montón de fotos que han circulado en estos días por Internet, me quedo con la que lograra Yander Zamora. Una obra maestra, definitivamente. Esa imagen del niño sosteniendo el busto de Martí en medio de la catástrofe, es mucho más que el retrato de un episodio puntual.

En verdad, esa foto simboliza a la inocencia aliándose a la alta espiritualidad que un hombre como José Martí defendiera (pero, ¿no será que en el fondo la alta espiritualidad no es más que un eterno regreso a esa inocencia creativa que, a pesar de todo, nunca hemos perdido?)

Miro esa foto otra vez. Estoy cansado: como si el huracán hubiese pasado por el centro de mí. Pero es la cara inocente del niño sosteniendo a Martí lo que me impulsa a seguir en el juego.

Juan Antonio García Borrero


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LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Y EL USO CREATIVO EN LA PROMOCIÓN CULTURAL

Lun, 09/04/2017 - 06:51

A partir del próximo sábado 9 de septiembre, los miembros de la UNEAC de Camagüey tendrán oportunidad de participar en el Taller sobre las tecnologías emergentes y el uso creativo en la promoción cultural, que estaremos impartiendo en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo durante el mes de septiembre.

Este es un viejo sueño, que comenzó a tomar forma en el contexto del VIII Congreso de la UNEAC celebrado en el 2014. En las conclusiones de aquel encuentro, Miguel Díaz-Canel expresaría:

Debemos evaluar con rigor el impacto de las nuevas tecnologías en el consumo cultural, en la creación y la distribución. No puede verse ese impacto como algo negativo, sino como un reto inédito para la relación de las instituciones con los creadores, que debe reforzarse sobre reglas de juego diferentes. Tenemos que usar las nuevas tecnologías para promover lo mejor del talento con que contamos”.

Con estos cuatro encuentros pretendemos promover el uso creativo de las nuevas tecnologías en función de la promoción cultural. El Taller combinará lo teórico con lo práctico, aprovechando que en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo están creadas las condiciones para acceder de modo gratuito a un Portal Cautivo, lo que nos permitiría entender la lógica de las nuevas modalidades de interactividad (en este caso digital) y consumo cultural.

Primer encuentro:

– Hacia una definición de la revolución digital.

– Tendencias y paradojas en las nuevas tecnologías.

– Importancia de la informatización.

Ejercicios prácticos

Segundo encuentro:

– Características de las nuevas prácticas culturales y los públicos emergentes.

– Dispositivos digitales y redes sociales.

Ejercicios prácticos

Tercer encuentro:

– Creatividad e inteligencia colectiva en los nuevos tiempos.

– Dispositivos y espacios inteligentes

Ejercicios prácticos

Cuarto encuentro:

– La hiperconexión en el mundo actual

– Cultura a la carta. Fortalezas y oportunidades.

Ejercicios prácticos


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LAS PARADOJAS DEL CINE 3D EN CUBA (II)

Vie, 09/01/2017 - 13:51

A propósito de la entrada sobre el cine 3D en Cuba, recibí por privado el siguiente mensaje de un amigo que prefiere conservar el anonimato:

Juan Antonio, debes conocer que en días pasados se inauguró en 31 y 2, en el Vedado, en el barrio La Timba una sala multifuncional con cine, especie de biblioteca, lugar para espectáculos, etc. con todas las condiciones. Pensé en lo mismo que dices: se invierte dinero en crear nuevos centros y no se utilizan los fondos para mantener adecuadamente los que existen. Estoy pensando en el cine 23 y 12 de la Cinemateca, que ahora casi siempre tiene problemas con el aire acondicionado, con La Rampa que tiene igualmente un equipo bastante deficiente. Ningún periodista dice nada de estas cosas, y a mí que pertenezco a la institución ICAIC no me corresponde estar criticando abiertamente la labor del MINCULT”.

Respeto el criterio de mi amigo, aunque no lo comparto. Precisamente porque pertenezco al Centro del Cine de Camagüey, me duele que ocurran estas insensateces. Y si me duele, grito en la esfera pública, no para quejarme de una carencia personal (que como muchos cubanos, las tengo), sino para criticar abiertamente estas decisiones que afectan a toda la comunidad.

Lamentablemente, entre nosotros este tipo de señalamiento se suele interpretar como ataques personales. De allí que muchas personas se sientan intimidadas, y prefieran exponer sus criterios en los espacios privados, esos que solo sirven para el cotilleo estéril, o sencillamente se cruzan de brazos, porque piensan que el mal no tiene solución, y que cualquier tipo de intervención está condenada a quedarse sin respuesta. Luego llegarán las asambleas que se hacen una vez al año y los congresos celebrados cada cuatro, y viviremos, como en una suerte de déjà vu interminable, las mismas quejas y las mismas promesas de siempre. Y mientras tanto, el mal haciendo metástasis a lo largo y ancho de la sociedad.

Hay quien dice que mi confianza en que, a pesar de todo, los argumentos serán escuchados y discutidos (no aprobados, sino discutidos en las instancias que corresponden) tiene algo de patológica. Puede ser, pero para explicar un poco la razón de esa ingenuidad que me achacan, evoco la fábula del hombre que salvó del fuego a la serpiente.

Seguro la conocen. El hombre caminaba cuando vio que en el camino una serpiente se estaba quemando. Intentó apartarla del fuego, pero la serpiente lo mordió. Repitió la operación con el mismo fallido resultado, y alguien que pasaba le gritó que no insistiera, que no había nada que hacer allí.

Entonces el hombre le dijo que su naturaleza era ayudar y la de la serpiente morder. Buscó un caño con qué salvarla a distancia, y luego siguió su camino. Moraleja: nunca dejes que los otros cambien tu naturaleza.

Mi naturaleza en este caso se asocia a la exposición de los argumentos que pudieran ayudar a corregir algo que me parece errado. Que la naturaleza de los otros sea no escuchar, no puede convertirme en un individuo que le rinde culto a la indiferencia.

Juan Antonio García Borrero


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INFORMATIZAR PARA CRECER

Jue, 08/31/2017 - 10:19

Hoy concluyó en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo el Taller de Programación para niños y niñas que rondaban los ocho años de edad. Las computadoras que Copextel nos iba a vender desde antes de abril jamás aparecieron, pero a pesar de eso los pequeños no le pusieron freno a su imaginación, y junto a Jorge Smith, el organizador del Taller, pusieron su imaginación en función de la creatividad.

Es de eso de lo que hablo cuando menciono lo del uso creativo de la tecnología. Hoy el país está inundado de computadoras donde, de modo invariable, vemos a los niños jugando los mismos juegos con los mismos gestos: mucho ocio (que es legítimo), pero cero creatividad.

También sé que la creatividad no se da, necesariamente, allí donde están los mejores recursos. Al contrario. La creatividad hay que estimularla desde edades tempranas justo donde hay poco. Los grandes impulsores de las tecnologías por lo general han empezado en un garaje oscuro, lidiando con la incomprensión de quienes no piensan en el futuro, sino solo en un presente que se va devorando a sí mismo.

Cuando pienso en la informatización de la sociedad cubana no pienso en el uso pasivo de las tecnologías que nos convierte en una suerte de robot alegre, sino en el crecimiento que supone para el individuo el uso consciente de esas herramientas con el fin de incrementar sus conocimientos, su sabiduría.

Entiendo que entre nosotros eso todavía no sea una prioridad. Pero me consuela ver los rostros de estos niños que, quien sabe si en futuro muy cercano, nos estén enseñando a programar para crecer.

Juan Antonio García Borrero


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SOBRE EL CINE DE MUJERES EN CUBA

Jue, 08/31/2017 - 08:54

Esta tarde, en la Cibertertulia “El Callejón de los Milagros” que tendrá lugar en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, a las cinco de la tarde, estaremos hablando de la mujer y el audiovisual cubano.

Es obvio que en apenas una hora no se puede abordar con toda la exhaustividad que uno quisiera, los problemas que se derivan de esa relación. Estudiosas como Danae Diéguez se han encargado de denunciar el proceso de invisibilidad a que ha estado sometida la mujer en esta trama donde pareciera condenada a lucir como un objeto, siempre recreada desde la mirada patriarcal que controla el relato hegemónico.

Por eso debemos hablar de los modos en que el audiovisual cubano más reciente realizado sobre todo por jóvenes realizadoras, cuestiona los fundamentos de una producción canónica que legitima esa ideología falocéntrica.

Muchas veces cuando se habla de la representación de la mujer en el cine cubano, se apela a esos grandes clásicos (Lucía, Retrato de Teresa, por ejemplo) por el solo hecho de que el protagónico ha recaído en los hombros de una actriz.

Sin embargo, el asunto es más complejo, en tanto se deja a un lado el análisis de lo que ha sido la construcción de una historia donde la mujer muchas veces no habla el lenguaje propio, sino que es hablada a través de una voz diseñada por el sujeto heterosexual, que es al final el que controla la cámara e impone las formas de mirar.

Concederle visibilidad a esta otra manera de representar en la pantalla a la mujer; darle a las realizadoras que ya han conseguido conformar todo un corpus de películas el lugar que se merece en la Historia de nuestro cine, es algo que no se logrará de inmediato. Pero cada paso que se dé, por mínimo que parezca, significa algo positivo.

Como ya va siendo habitual, los interesados podrán descargar del Portal “El Callejón de los Milagros” literatura especializada en el tema.

Juan Antonio García Borrero


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LAS PARADOJAS DEL CINE 3D EN CUBA

Mar, 08/29/2017 - 20:02

En noviembre se van a cumplir cuatro años de aquella medida tomada por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, a través de la cual se prohibía de forma inmediata cualquier tipo de actividad vinculada a la proyección de películas 3D en salas privadas. Fue una medida bastante impopular que generó un intenso debate en varios sitios digitales.

Entonces no entendí la medida, pero aun así pensé que, luego de la prohibición, el Estado se encargaría de crear alternativas que dejaran satisfechas las necesidades del público. Porque al final, lo importante siempre será atender las necesidades de ese conjunto de espectadores que quiere estar al día con las novedades tecnológicas que actualmente circulan en el mundo.

Supongo que en la prohibición debe haber pesado un mundo el celo por hacer cumplir una política cultural que, gracias al ICAIC, permitió formar durante mucho tiempo espectadores que podían disfrutar de una programación diversa, lo mismo en cuanto a nacionalidad que en cuanto a temática. Pero la medida, lejos de trabajar en esa dirección, lo único que ha dejado detrás de sí un vacío institucional que ayuda muy poco a que la gente recupere el gusto por el cine “serio”.

En Camagüey hemos tenido la suerte de que el Proyecto El Circuito exhiba en el antiguo Cine Encanto películas 3D. Creo que eso ha funcionado como una espada de doble filo, porque para mí la verdadera relevancia de ese Proyecto no está en la exhibición del 3D, sino en las exposiciones que han montado (como la que organizaron durante el verano, que sí resulta lo más revolucionario que hemos podido ver en ese campo en nuestro país), o el Festival Internacional de Video Arte.

Lo que me ha llamado la atención en estos días en cuanto a esto del 3D es que en Camagüey se acaba de anunciar la apertura de una nueva sala, ubicada en el Centro Comercial “El Cristal”, la cual es administrada por Artex. Mi pregunta es: ¿por qué si tenemos una Calle de los Cines, con instituciones cinematográficas como el Casablanca o Nuevo Mundo, el Estado no piensa en protegerlas invirtiendo en estos sitios que ya existen?, ¿o será que Artex de ahora en lo adelante será la responsable de garantizar la formación de espectadores críticos que, además de cine 3D, sean capaces de ver otro tipo de obras audiovisuales?

Sabemos que la experiencia del 3D no es algo que el público estará dispuesto a convertir en lo único que ve tal como la disfruta ahora. El gran historiador del arte Ernst Gombrich anotó alguna vez: “Cuando el cine introdujo la «tercera dimensión», la distancia entre lo esperado y lo percibido fue tan grande que muchos sintieron la excitación de una ilusión perfecta. Pero la ilusión se gasta una vez que la expectativa sube un peldaño; la damos por sentada y queremos más”. A ello habría que sumar lo vinculado a la obsolescencia programada con muchos de estos equipos que se harán “viejos” en apenas meses.

Lo que quiero decir es que, ahora mismo, más que prohibir de modo autoritario determinadas prácticas culturales, lo que necesitamos es estudiar las estrategias que nos permitirían, como Estado o sistema institucional, intervenir en esos espacios donde ya se están “formando” de modo informal los nuevos espectadores, para hacer llegar hasta allí el legado de toda esa alfabetización cinematográfica que en su momento se logró.

Juan Antonio García Borrero


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ECOS DEL DEBATE SOBRE LA INFORMATIZACIÓN EN IPS

Lun, 08/28/2017 - 20:55

Es muy raro que los debates que tienen lugar en algún blog, alcancen con sus ecos a los medios oficiales. Todavía es demasiado dominante la idea de que la gestión de los blogueros no va más allá del impresionismo intrascendente.

Por eso es que agradezco tanto que un sitio como IPS comente algunas de las ideas que aquí se exponen, en este caso relacionadas con la informatización a que ha sido convocada la sociedad cubana.

Mientras más debates tengamos alrededor de este asunto, más enriquecidos saldremos todos, porque es evidente que en cuanto a este fenómeno no existe un punto de vista privilegiado: Etecsa, Desoft, Joven Club, Citmatel, Unión de Informáticos de Cuba, todos estamos aprendiendo.

El Estado podrá ser dueño de cada uno de los recursos que pone en función de esa futura informatización, podrá regular las maneras en que se utilizarán esos recursos, pero la creatividad es necesaria estimularla con la creación de escenarios donde la gente se sienta motivada a compartir su talento, como mismo ocurre en el mundo virtual dominado por Internet.

Por eso pienso que más que imponernos una informatización de corte institucional, necesitamos una informatización ciudadana (igual que se habla de ciencia ciudadana), donde sean los miembros de la comunidad los que, junto a expertos e informáticos, aporten ideas de acuerdo a sus intereses y problemas concretos.

El país necesita pasar de ese momento actual que vivimos, donde el consumo pasivo es lo hegemónico, a la construcción de una agenda en la que la creatividad sea lo fundamental. De allí que la complicidad de IPS para concederle visibilidad a esas urgencias nos resulte tan útil.

Juan Antonio García Borrero

ACCESO A INTERNET Y USO DE TECNOLOGÍAS ESTIMULA DEBATE EN BLOG CUBANO

(Tomado deIPS Cuba)

La ampliación del acceso a Internet y el consecuente diseño de políticas públicas para humanizar y hacer más creativo el uso de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones (TICs), centró un debate en el blog Cine Cubano, la Pupila Insomne.

Para el autor de la bitácora, el crítico de cine Juan Antonio García Borrero, “estamos en pañales en la construcción de una “cultura de la informatización” que aproveche mejor y ponga en el camino del crecimiento sostenible el talento y la tecnología en el país”.

A su juicio, en los escenarios donde se discute la informatización sigue como gran ausente la comunidad de usuarios, “la que a diario pone a circular aplicaciones para sus teléfonos que, de modo off line, les ayuda a saber un poco más de los medicamentos que necesita, los restaurantes que pueden visitar, la orientación por calles”.

El también crítico de cine añadió que si bien el Gobierno prioriza la informatización del país a partir de un perfil humanista, sigue sin tomarse en cuenta la emergencia de los nuevos usuarios ni las características de las prácticas culturales actuales.

Por ello instó a que el Estado, “de la misma manera que les garantiza a las personas la posibilidad de acceder a la Educación a través de programas de enseñanza e instituciones educacionales, configure escenarios donde se estimule la creatividad y no el mero consumo”.

Por su parte, el profesor Maikel Pons matizó que el salto en la creatividad y utilización de las posibilidades tecnológicas no se expresan al unísono, pues “todavía el uso académico, profesional, docente, investigativo, humano que se hace de las tecnologías que la universidad pone gratuitamente a nuestro alcance es insuficiente, limitado”.

Consideró que las redes sociales tienen que servir, ante todo, para una globalización del desarrollo armónico y saludable, y “no para condicionar a las personas a ser esclavas de criterios y conductas hegemónicas”.

Al debate se sumó el periodista José Raúl Gallego, quien mostró preocupación por que el fomento de la creatividad no fuera usada como un pretexto por “aquellos con poder de decisión o quienes apuntalan desde el discurso ideológico las políticas del país, como una especie de zanahoria utilizada para entretenernos y justificar las demoras y restricciones al acceso a Internet”.

Defendió dos ideas esenciales: “La creatividad no debe ser ´controlada’, dirigida a conveniencia, ni mucho menos pensar que será el resultado únicamente de políticas trazadas ‘desde arriba’”.

Y que Internet “constituye un derecho humano y que así debe ser reconocido tanto en la reforma constitucional o en la nueva constitución que “se rumorea” debe formularse pronto, como en la tan esperada Ley de Prensa –que también “se rumorea”– debe estar al “aparecer”.

Gallego subrayó que no se puede esperar un uso novedoso de las tecnologías “cobrando a las personas uno de los precios de conexión más altos del mundo y en condiciones de incomodidad extrema que para nada facilitan ese uso creativo que requiere de exploración, análisis, tiempo”.

Argumentó que en Cuba sí se constata una utilización inteligente de las TICs, pero en muchos casos al margen de las políticas institucionales, lo cual coloca a muchos emprendedores en situación de ilegalidad o a-legalidad.

Entre varias recomendaciones para revertir esta situación, propuso eliminar las restricciones que entorpecen el uso no lucrativo del espectro radioeléctrico, así como “la censura y vigilancia sobre la libre expresión de las personas en Internet, siempre que esta no viole las leyes del país”.

Asimismo, propuso facilitar la creación de cooperativas u otras formas jurídicas que reconozcan el aporte a la sociedad de los profesionales que hoy se mueven informalmente en la producción de software y tecnologías afines.

Según informes internacionales, Cuba ocupa el lugar 160 en infraestructura de acceso para establecer una conexión y el número 44 respecto a la capacidad y formación intelectual para entender el mundo digital; tal cifra la ubica como una de las naciones con mayor empeño para concientizar la utilidad de Internet y las TICs.

El 28 de febrero pasado, el Consejo de Ministros aprobó una política integral para el perfeccionamiento de la informatización de la sociedad que además de ordenar y priorizar las TICs como un sector estratégico para la nación, se orienta al crecimiento de la economía.

Existen a nivel nacional unas 1.157 áreas públicas de navegación, alámbricas e inalámbricas, de las cuales cerca de 320 son sitios públicos wifi.

No obstante, el alto costo de las tarifas de conectividad, 1,50 pesos cubanos convertibles (CUC, equivalente al dólar) por cada 60 minutos de conexión pone en duda el carácter “público” del servicio, en un país donde el salario medio ronda el equivalente a 29 dólares mensuales.

A ello se suma una obsoleta infraestructura de telecomunicaciones que si bien se ha ido modernizando en los últimos años, todavía limita las posibilidades reales para satisfacer la creciente demanda de conectividad. (2017)


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LOS FILMES MÁS POPULARES DEL ICAIC

Dom, 08/27/2017 - 11:55

Con razón se dice que el cubano ama su cine. En otros países de Latinoamérica, la producción local es silenciada en virtud de una cartelera donde lo hegemónico serían las propuestas hollywoodenses.

Pero en Cuba, el estreno de cualquier película cubana levanta un buen conjunto de expectativas a su alrededor. Tal vez donde mejor se pueda apreciar eso es en el mes de diciembre, cuando en pleno Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, que se supone sea la vitrina que nos pone en contacto con películas extranjeras que quizás no veamos nunca más en pantalla grande, la gente (literalmente) se mata por ver las cubanas.

No sé si este es el único país donde sucede eso. En términos sociológicos existen varias explicaciones. Una de ellas tendríamos que asociarla al hecho de que el cine cubano ha puesto en pantalla muchos temas e historias que más bien hubiesen correspondido a la prensa. En esos casos, el factor “crítico” ha operado como el gran gancho, si bien sabemos que el cine es una cosa, y el periodismo otra.

Lamentablemente en Cuba no se suele ofrecer, de modo transparente, las cifras que permitirían estudiar en profundidad la recepción del cine cubano por su público. No sabemos con exactitud cómo se comportan los ingresos en el ciclo de la exhibición. Tampoco tenemos idea de su comportamiento en la arena internacional (se suele afirmar que Cecilia/ 1980, de Humberto Solás, es la que más ingresos ha generado al país, pero yo no me atrevería a suscribirlo a falta de datos oficiales).

Solo conozco una relación de los filmes más populares del ICAIC. Fue elaborada en 1997 por la investigadora María Eulalia Douglas para su valioso libro “La Tienda negra”. Han transcurrido exactamente veinte años, por lo que supongo que esos resultados han variado, al incorporarse otros filmes que han gozado de un gran favor del público (estoy pensando, por ejemplo, en Conducta, de Ernesto Daranas, o Havanastation, de Ian Padrón).

Pero la comparto ahora con los lectores del blog, porque sigue siendo un buen mapa sobre todo para saber por dónde han ido las preferencias de los espectadores cubanos, casi siempre silenciados a la hora de dar su voto cuando se escribe la Historia del cine nacional.

Juan Antonio García Borrero

FILMES MÁS POPULARES DE LA PRODUCCIÓN DEL ICAIC HASTA 1990

Por María Eulalia Douglas (Cinemateca de Cuba)

Aventuras de Juan Quinquin (1967),de Julio García-Espinosa

Los pájaros tirándole a la escopeta (1984), de Rolando Díaz

La Bella del Alhambra (1989), de Enrique Pineda Barnet

Guardafronteras (1980), de Octavio Cortázar

Se permuta (1983), de Juan Carlos Tabío

Elpidio Valdés (1979), de Juan Padrón

El hombre de Maisinicú (1973), de Manuel Pérez

El brigadista (1977), de Octavio Cortázar

De tal Pedro tal astilla (1985), de Luis Felipe Bernaza

Las doce sillas (1962), de Tomás Gutiérrez Alea

Retrato de Teresa (1979), de Pastor Vega

Una novia para David (1985), de Orlando Rojas

La muerte de un burócrata (1966), de Tomás Gutiérrez Alea

Cuba’ 58 (1962), de Jomi García Ascot y Jorge Fraga

Cuba baila (1960), de Julio García-Espinosa

Lucía (1968), de Humberto Solás

Patty-Candela (1976), de Rogelio París

Clandestinos (1987), de Fernando Pérez

Polvo rojo (1981), de Jesús Díaz

En tres y dos (1985), de Rolando Díaz

Historias de la Revolución (1960), de Tomás Gutiérrez Alea

El joven rebelde (1961), de Julio García-Espinosa

Los días del agua (1971), de Manuel Octavio Gómez


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CONVOCATORIA PARA EL FESTIVAL DE CINE DE LASA (BARCELONA 2018)

Dom, 08/27/2017 - 06:05

El Festival de Cine de LASA2018 tiene el agrado de invitar a realizadores de todos los países del mundo a compartir sus producciones sobre América Latina. Se aceptarán tanto cortos como largometrajes realizados en 2016 y 2017. Puede tratarse de documentales, ficciones, animaciones o cine experimental. El propósito del Festival es dar a conocer lo más variado de la producción cinematográfica concebida a nivel mundial sobre temas latinoamericanos.

En el proceso de selección de las películas se contemplará su calidad artística y técnica; su contribución a la reflexión y discusión sobre cuestiones políticas, sociales y culturales que atañen a los pueblos latinoamericanos; su aporte a la construcción de una cinematografía de y sobre la región; y su pertinencia con las temáticas e intereses del Congreso.

Las películas seleccionadas competirán por el Premio al Mérito Cinematográfico LASA2018 y dos Menciones Especiales.

No se requiere ser miembro de LASA para participar. Con excepción del portugués, es requisito que las películas no habladas en castellano cuenten con subtítulos en este idioma. Para la selección, es opcional que los films en español o portugués presenten subtítulos en inglés, y si son elegidos para exhibición, deberán contar obligatoriamente con subtítulos en inglés.

La inscripción debe realizarse del 1 de julio al 1 de octubre de 2017. Los films seleccionados serán anunciados el 15 de diciembre de 2017. Se comunicará vía e-mail a los realizadores los pasos a seguir para el envío de la copia de proyección.

MECANISMO DE INSCRIPCIÓN

Para la postulación de las películas se deberá descargar, completar y enviar por e-mail a lasafilmfest el lasafilmfest.

Si el postulante así lo prefiriera, puede imprimir el formulario y enviarlo con una copia en DVD de la película a través de FedEx o DHL a:

Ana Laura Lusnich
José Bonifacio 865, piso 7, dto. 2
CP 1424, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Argentina

Por favor, indicar en el sobre “Sin valor comercial. Material cultural”.

Se deja a criterio del postulante la elección de uno u otro sistema.

En caso que algún realizador/a tuviera inconvenientes con las modalidades de envío, le pedimos por favor que se comuniquen con nosotros vía e-mail con el fin de evaluar mecanismos alternativos para la recepción de las películas.

En caso de enviar un DVD para el visionado de la película, este no será devuelto y se depositará en el archivo del Festival.

Las películas seleccionadas serán exhibidas en soporte digital.


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SOBRE EL CONSUMO CULTURAL EN CAMAGÜEY

Mié, 08/23/2017 - 16:47

Con alguna tardanza he leído el reportaje que sobre el consumo cultural en tiempo libre ha publicado la revista Bohemia (7 de julio de 2017, Año 109, Nro.14, pp 28-30).

En el reportaje se alude a lo que sucede en Camagüey del siguiente modo:

Ni siquiera en la ciudad de Camagüey los adultos mayores tienen donde escoger. “¡Hasta en la Casa de la Trova ponen reguetón!”, protesta un anciano de 70 años cuyo pasatiempo consiste en sentarse en el parque mientras anhela aquellos espacios, ya inexistentes, destinados a las melodías de antaño.

El mismo parque donde a una camagüeyana de 27 abriles se le va el tiempo libre conectada a la Wi-Fi. Según declara: “actividades recreativas para personas de mi edad no hay en moneda nacional”. Al escucharla no es posible dejar de pensar que Camagüey es una plaza fuerte en propuesta de danza, artes escénicas, audiovisuales y otras manifestaciones artísticas cuyo cobro es precisamente en moneda nacional.

Así, la calle República se torna pasarela de jóvenes que parten hacia el Casino Campestre –tan bello como subutilizado, al decir de una trabajadora por cuenta propia- o el patio que antes pertenecía a la Sepmi, a bailar y tomar bebidas alcohólicas sin gastar tanto como en la discoteca Copacabana o el cabaret Caribe”.

Confieso que no me parece justa esa impresión que queda de Camagüey como si se tratase de un desierto cultural. Me consta que en la ciudad, a diario, se organizan muchísimas actividades. Invito a que se revise la cartelera que semanalmente llega a mi buzón. Hay opciones de todo tipo, pensadas para todas las edades. Es decir, no creo que el problema esté exactamente en una ausencia de opciones, sino en algo más complejo que tendría que ver, quizás, con la manera de promover las mismas, o incentivar la asistencia a esos eventos.

En este sentido, creo que el gran problema sigue estando en que nos falta el diagnóstico que permita establecer, por una buena vez, por donde anda en Camagüey el consumo cultural, y sobre esa base, trazar estrategias. Lamentablemente aquel Foro sobre Consumo Cultural celebrado en su momento en La Habana, y que en principio estuvo diseñado para que sucediera en la ciudad agramontina, jamás tuvo ecos acá. Y todo lo discutido y propuesto para una agenda práctica cayó en el olvido.

Como tampoco las dos relatorías del Primer y el Segundo Encuentro sobre Cultura Audiovisual celebrados en Camagüey han sido tomadas en cuenta por las instituciones culturales, a los efectos de enriquecer sus respectivas programaciones con lo investigado por los diversos expertos que han participado en esos eventos.

Es decir, que en cuanto al consumo cultural, el pecado de Camagüey (aunque yo creo que se pone de manifiesto en todo el país) estaría en que se sigue programando y pensando en los espectadores de estos tiempos como si todavía viviéramos en el siglo XX, cuando precisamente los más recientes estudios sobre el consumo cultural que se realizan a diario en el mundo, nos hablan de la emergencia de nuevas prácticas culturales, y, asociado a ello, nuevos consumidores.

Juan Antonio García Borrero


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LEO BROUWER SOBRE EL PAPEL DEL DIRIGENTE EN LA CULTURA

Mar, 08/22/2017 - 20:23

Hoy, mientras buscaba información sobre el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC para un amigo, me puse a releer el libro de entrevistas de Jaime Sarusky (La Habana, 1931- 2013). Como saben los que lo han leído, encontramos allí el intercambio que el periodista sostuviera en el año 1971 (ese que tan bien ha estudiado Jorge Fornet en “El 71”) con varios de los miembros de aquel gran laboratorio musical que fue el GESI.

Para muchos es la época en que se inicia en Cuba el Quinquenio Gris, si bien desde antes ya se dejaban ver los síntomas de la parálisis que a partir de entonces comenzaría a vivirse en el país. Sin embargo, recomiendo el libro porque vamos a encontrar aquí reflexiones muy lúcidas que trascienden el diálogo de coyuntura, para asomarse a problemas de fondo que ahora mismo nos siguen afectando (muy interesante lo que se habla acerca de la música, los gustos populares, y las políticas culturales de entonces: ¿no les resulta familiar todo esto en cuanto a lo que viene ocurriendo con el reguetón, por ejemplo?).

La reflexión de Leo Brouwer que pongo al final del post me parece muy lúcida. Quisiera recordar que Brouwer está hablando en el año 1971. Todavía no hay un Ministerio de Cultura, y está en su apogeo el reclamo de un arte pedagógico que, en el fondo, era precisamente lo que el Che había denunciado en “El socialismo y el hombre en Cuba” cuando apuntaba: “Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios”.

Repito que hay que contextualizar. Hoy es otra época, con otros desafíos. Y en lo personal sí creo que en Cuba han existido dirigentes de la cultura que están conscientes de que el arte no es política a secas, que el arte es algo mucho más complejo que debe ser examinado a la luz de sus propias dinámicas, y no en función de reclamos ajenos a su perfil. No digo que estén en mayoría, pero han existido y existen. De todos modos, aquello que dijera Brouwer en 1971 a mí me sigue invitando a pensar de un modo permanente el asunto:

“¿Cuál es el papel del dirigente con relación al artista o al pueblo? No es más que uno. En tres palabras: es el vehículo. Entre tres polos para comunicar, es el vaso comunicante. El dirigente es el que comunica. Nos pone a nosotros en contacto con el pueblo. Esa es la labor más importante del dirigente. No pedir determinada cosa, porque entonces está hablando a título individual de qué hay que darle al pueblo, porque se cree con la verdad en la mano. Estamos hablando groseramente, porque esto es muy delicado, muy profundo, habría que repasar toda la sociología marxista y no marxista también. ¿Por qué no decirlo? Habría que repasar a Benjamín, a Mac Luhan, a Marcuse y a todos los grandes mitos, todos estos grandes nombres. Ese es el papel del dirigente y no lo hemos tenido en la cultura”. (1)

Juan Antonio García Borrero

Nota:

(1) Sarusky, J. (2005). Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. La Habana, Cuba: Editorial Letras Cubanas, p 26.


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LA MUJER EN EL AUDIOVISUAL CUBANO

Mar, 08/22/2017 - 07:08

En nuestra próxima Cibertertulia “El Callejón de los Milagros” (Jueves 31/ 5.00 pm/ Complejo Audiovisual Nuevo Mundo) estaremos hablando de la representación de la mujer en el audiovisual cubano.

Este es un asunto que, gracias a estudiosas como Danae Diéguez (nuestra pionera en este tipo de análisis), es ahora que comienza a adquirir importancia en las agendas investigativas del país.

En la perspectiva crítica tradicional, se creía que la simple presencia de una mujer en el protagónico bastaba para considerar a ese filme como feminista. En la nueva mirada las cosas no funcionan de modo tan inocente, porque aunque la mujer sea protagonista, está formando parte de un relato que es pensado y contado desde la subjetividad de los hombres, los cuales seguirán prolongando en pantalla ese gran conjunto de fantasías falocéntricas donde lo que a la larga se reafirma es el orden patriarcal.

Desmontar esa falacia no resulta fácil, toda vez que incluso la mujer (aun accediendo a la dirección de la película) puede convertirse en agente reproductora de esa ideología machista. De allí que resulte tan importante revisar las estructuras profundas de nuestro cine canónico, y examinar el modo en que se ha representado a la mujer sobre todo en la esfera privada, que es donde todavía sigue siendo hegemónica la inequidad.

Debemos alegrarnos de que en Cuba la presencia de la mujer en los espacios públicos (ya sea como dirigente o simple contribuyente al desarrollo de la sociedad), sea cada vez mejor reconocida. Pero si de verdad queremos aportar a su emancipación integral debemos dirigir la mirada crítica a las raíces del mal, ubicadas en esa manera asimétrica de adjudicar roles y tareas de acuerdo al género, y donde son los hombres los que siguen llevando la ventaja.

Y como ya va siendo habitual en nuestra Cibertertulia, los interesados podrán descargar gratuitamente del Portal El Callejón de los Milagros, un módulo de archivos relacionados con el tema de la charla, donde se incluyen libros, bandas sonoras, fragmentos de películas, etc.

Juan Antonio García Borrero


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44 AÑOS CON “HISTORIA DEL CINE”

Sáb, 08/19/2017 - 22:55

Hoy 20 de agosto se están cumpliendo 44 años de la primera emisión del programa de la Televisión Cubana “Historia del Cine”.

Nunca alcancé a hablar con su fundador José Antonio González (1945- 1989), pero el recuerdo de su voz, la manera tan fluida que tenía de comunicar sus conocimientos (para mí ha sido, junto a Enrique Colina, el paradigma inmejorable de crítico de cine que interviene en la televisión), el lenguaje corporal con el que acompañaba sus disertaciones, ha terminado por convertir su presencia en algo que perdura.

Para muchos cubanos (me incluyo) el programa “Historia del cine” ha sido una especie de colegio invisible. Allí, al igual que en los cineclubes y en la Cinemateca, hemos podido crecer como espectadores. Hemos enriquecido nuestros gustos. Hemos ensanchado nuestras maneras de representarnos el mundo.

Cuando hicimos en Camagüey el Primer Taller Nacional de Crítica Cinematográfica (marzo de 1993) festejamos con Carlos Galiano, su actual conductor, los veinte años del programa. Y con algo de vergüenza le confesé a Galiano que yo había participado en un concurso que convocaran en 1983 para celebrar el décimo aniversario.

Supongo que si hoy leyera las respuestas que entonces envié la vergüenza sería intolerable. Pero al mismo tiempo, sé que le debo al programa mis primeras visitas en serio a la sala de arte de la Biblioteca “Julio Antonio Mella”. Aquel concurso me obligó a investigar, a buscar en las enciclopedias que todavía existen allí, a enterarme de toda esa gran Historia de excelencias artísticas que hay detrás del mero cúmulo de imágenes y sonidos comerciales que hoy nos acosan.

Siempre que hablo de estos asuntos, sé que corro el riesgo de que me asocien a la nostalgia infecunda. Y nada hay más lejos en mi intención que la remembranza por la remembranza. Hoy la Historia del Cine se narra en las academias de un modo muy diferente al que se hacía veinte o treinta años atrás en la televisión, pero las raíces de lo que se pretende con programas como estos permanecen intactas: brindarles al espectador herramientas críticas que le permitan crecer como individuo, como ser humano.

Desde aquí le envío a Carlos Galiano el abrazo agradecido en el cual, probablemente, se reconocerán muchísimos televidentes.

Juan Antonio García Borrero


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SERGIO Y SERGEI (2017), de Ernesto Daranas

Sáb, 08/19/2017 - 11:41

Los admiradores de la obra de Ernesto Daranas (Los dioses rotos/ 2008; Conducta/ 2014) ya pueden obtener información sobre Sergio y Sergei (2017), su próximo largometraje, visitando la página oficial de la película. Aprovecho para compartir en el blog este link donde se habla del rodaje del filme.


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SOBRE EL PROGRAMA DE ALFABETIZACIÓN TECNOLÓGICA EN CUBA (II)

Jue, 08/17/2017 - 16:24

En la foto puede verse a un grupo de niños de ocho años (todavía las niñas no han llegado) atendiendo al profesor Jorge Enrique Smith Sáez, quien imparte todos los martes y jueves, en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, el Taller “Programar es crecer”.

Las condiciones están lejos de ser las mejores, pues aún no tenemos las cinco máquinas que Copextel tiene comprometidas con el Proyecto, y Etecsa no ha logrado reponer la AP que en su momento fue utilizada en el marco del II Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales.

A pesar de estas y otras carencias, y el insoportable calor, los niños siguen asistiendo entusiasmados al Taller. Están motivados y quieren aprender a “programar”, a crear sus propias animaciones, a “contar historias” con sus dispositivos. Ahora son apenas cinco o siete, pero cuando terminen el Taller tal vez puedan contagiar a otros. Para mí lo más importante es que se han acercado a esa zona que suele quedar escondida en esos escenarios donde abundan las máquinas y los videojuegos: la zona de la creatividad.

Hoy un periodista se acercó a mí porque tiene interés en hacer un reportaje sobre el Proyecto. La verdad es que no puedo quejarme de la promoción que últimamente ha recibido todo esto que hacemos en El Callejón de los Milagros. Pero aproveché para recordarle que no estamos hablando de un proyecto personal, sino de algo que tiene que ver con lo público, como ahora se confirma con la anunciada Campaña de Alfabetización Tecnológica.

Y digo todavía más: si en su momento Jorge Luis Tapia Fonseca, Primer Secretario del PCC en la provincia, no se hubiese interesado por este asunto, nada de lo que hoy tenemos en El Callejón existiría. Por eso he mostrado mi desacuerdo cuando se manifiesta que no hay interés por parte del Gobierno en extender a la sociedad los beneficios de la informatización, que incluye el uso de Internet. No en balde este Proyecto tiene cuatro instituciones rectoras: Sectorial Provincial de Cultura, Unión de Informáticos de Cuba, Asociación Hermanos Saíz, y Centro Provincial del Cine.

Creo, entonces, que los problemas más graves (que los tenemos) andan por otro lado. Algunas de esas manquedades traté de describirlas en el post Debilidades de la informatización en Cuba. Para empezar, falta una Política Pública que coloque a las Humanidades Digitales en el centro de ese proceso de Informatización de la sociedad.

Hasta que no logremos construir un escenario donde la Educación, la Cultura y las Nuevas tecnologías interactúen de modo natural, va a seguir creciendo la brecha participativa. Es decir, tendremos un número cada vez más creciente de personas “conectadas”, consumiendo Internet todo el tiempo, pero sin un ápice de creatividad, o al menos, sin una idea básica de las utilidades que pudiera reportarle cualquier dispositivo.

Sé que todo lo que hable del Proyecto automáticamente quedará bajo sospecha, pues nunca ha funcionado eso de ser juez y parte. Pero en estos dos años tratando de impulsarlo no he encontrado a lo largo y ancho del país algo similar que intente impactar en la Política Pública. Es decir, que busque salir de lo que pudiera ser el consumo estrecho en los predios de la institución donde se brinda el servicio, para convertirse en una perenne formación de usuario.

Juan Antonio García Borrero


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OCIEL DEL TOA EN DOS TIEMPOS

Sáb, 08/12/2017 - 18:26

Hoy Rafael Almanza, uno de los intelectuales cubanos más cultos que he tenido la oportunidad de conocer, me invitó a la Peña del Júcaro Martiano (la número 25) que celebra en su casa de la calle Rosario.

En la invitación que me dejara se avisa de que asistiríamos a una conversación con Ociel Romero Labañino. Dicho así, este nombre dice poco, pero otra cosa sucede cuando nos aclaran que hablaríamos con el mismísimo Ociel del Toa, protagonista de uno de los documentales más celebrados de Nicolás Guillén Landrián.

Este “Guateque por Landrián” organizado por Juannier Rodríguez Matos, Mario Félix Ramírez, y Almanza como anfitrión, fue bien emotivo, porque no siempre tenemos la oportunidad de conversar con el protagonista de un documental de culto.

Por lo general, es el cine de ficción el que prodiga ese tipo de reencuentro con quienes en algún momento se convierten en hitos de alguna representación visual. Pero en el documental es difícil ese tipo de intercambio o recuperación porque tales prácticas cinematográficas se nutren de lo que ya “está siendo o deviene” en el tiempo en que se filma, muchas veces a partir de lo anónimo, de lo que ni siquiera el director está seguro sobrevivirá a ese minuto en que se graba.

Escuchar el testimonio de Ociel Romero Labañino me enriqueció la imagen que ya tenía del mítico documental. Sobre todo porque ayuda a entender el origen de algunos de los sugerentes textos que vemos en pantalla. O nos enteramos de qué manera adquirió el protagónico.

Y como en Rashomon, vamos armando una Historia donde las diferentes versiones de quienes participaron en esa indiscutible joya de nuestra cinematografía (Guillén Landrián como director, Livio Delgado como fotógrafo, Caíta Villalón como editora, Rodolfo Plaza como sonidista, Ociel y su cayuca como protagonistas) terminan describiendo la hermosa complejidad de lo creado. O lo que es lo mismo: la hermosa complejidad de eso que trasciende desde lo creado en algún momento.

Juan Antonio García Borrero


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SARA GÓMEZ SOBRE EL DOCUMENTAL DIDÁCTICO

Sáb, 08/12/2017 - 08:18

No puedo plantearme el cine didáctico como una especialidad, sino como una necesidad. Para muchos de nosotros la vocación de cineastas nos nació con la de revolucionarios y ambos oficios han llegado a constituirse como inseparables. Si sentimos la necesidad de un cine didáctico en tanto que revolucionarios, éste siempre será útil, interesante y cinematográficamente válido en tanto que cineastas.

El cineasta cubano se expresa siempre en términos de revolucionario; el cine, para nosotros, será inevitablemente parcial, estará determinado por una toma de conciencia, será el resultado de una definida actitud frente a los problemas que se nos plantean, frente a la necesidad de descolonizarnos política e ideológicamente y de romper con los valores tradicionales ya sean económicos, éticos o estéticos.

Cuando asumimos la realización de un documental científico considerándolo como una necesidad revolucionaria no cabe duda que nos estamos expresando, estamos aceptando y proclamando que es indispensable conocer y hacer conocer, por ejemplo, las ventajas de la propagación del cultivo de los cítricos por injertos en planta patrones que tengan características de resistencia a determinadas enfermedades típicas; estamos utilizando el cine como arma en esta lucha de múltiples aspectos.

Esta contribución consciente y militante al dominio de nuevas técnicas y métodos eficaces de producción va a constituir un auténtico acto de descolonización, va a tener un significado trascendente dentro de la propia obra revolucionaria, que en nuestro caso quiere decir artística. Y es que en una sociedad que se fija como meta la necesidad de llegar a transformarlo todo, hasta sí misma, el artista se expresa, siempre y cuando refleje esa desesperada necesidad. Expresar esa angustia será lo culturalmente válido.

El cine como medio de comunicación de masas es de tal agresividad que muy a menudo siento mi profesión como un reto y un privilegio. Cuando pensamos que millones de espectadores con diferentes niveles y extracciones van a recibir nuestras imágenes sonoras, y que éstas les agredirán en la pasividad de una sala cinematográfica garantizando toda la atención de aquellos, nos sentimos obligados a un rigor ideológico y formal sin límites.

Y en nuestro caso, que los complejos recursos técnicos que se necesitan para la realización de una película han sido creados por esa propia masa de espectadores, el compromiso se multiplica. Tenemos una serie de necesidades que satisfacer que abarcan desde la simple expansión hasta la información y la formación. Tenemos un público tan vasto que va desde dirigentes y obreros de las áreas urbanas hasta campesinos de las regiones serranas; y entre ellos una masa de niños y adolescentes con un criterio que se amplía con el creciente desarrollo de los planes de educación integral.

Por ello y para ellos habrá que hacer un cine sin concesiones, que toque la raíz de sus intereses, un cine capaz de expresarlos en sus contradicciones y que tenga como objetivo ayudar a hacer de todos nosotros hombres capaces de plantearse la vida como un eterno conflicto con el medio en el que sólo el hombre deba vencer. ¿Será demasiado ambicioso? ¿Podremos lograrlo? Ese debe ser el propósito.

Tomado de La crítica en tiempo de Revolución. Antología de textos de Pensamiento Crítico (Editor: Fernando Martínez Heredia), pp. 294, 295. Santiago de Cuba: Editorial Oriente.


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LAS CINCO LEYES DE LA ALFABETIZACIÓN MEDIÁTICA SEGÚN LA UNESCO

Mar, 08/08/2017 - 21:25

Gracias a la intelectual camagüeyana María Antonia Borroto Trujillo, puedo compartir este gráfico publicado por la UNESCO en su sitio oficial, y comentado en el blog Universo Abierto.

Como hemos repetido en varias ocasiones, el proceso de Informatización de la sociedad cubana debe ir acompañado de un cuerpo de ideas donde se enriquezca el desarrollo tecnológico con el perfil humanista que debería perseguirse en la sociedad.

Lamentablemente, el debate sistemático y actualización teórica que necesitamos no se ha impulsado todavía. Y muchas veces vemos cómo acciones muy nobles terminan empantanadas en el círculo vicioso de un consumo de contenidos o prácticas culturales que, lejos de estimular el aprendizaje y la creatividad, transforman al usuario de la tecnología en simple consumidor.

Me complace advertir que buena parte de lo que la UNESCO suscribe ya está contemplado en ese conjunto de acciones y escritos que existen a propósito del Proyecto “El Callejón de los Milagros” de Camagüey. Los dos Encuentros sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales que se han celebrado, las Cibertertulias celebradas los últimos jueves de cada mes, así como los contenidos que se pueden descargar gratuitamente del Portal del mismo nombre, arrojan ahora mismo un voluminoso cuerpo de reflexiones, debates, estrategias.

El problema estaría en la escasa visibilidad que todavía tiene el Proyecto en el seno de la comunidad camagüeyana. No hemos logrado aún que la radio y la televisión agramontinas (oídos y bocas de la ciudad camagüeyana) se hagan ecos de lo que allí se proyecta (de nada vale que el periódico Granma elogie el Proyecto si acá no ponemos al tanto a nuestra gente de lo que pasa allí). Tampoco Educación ha podido integrarse de un modo natural. Ni los diversos aliados estratégicos (Etecsa, Joven Club, Universidad) aportan de manera sistemática.

Como bien se apunta por la UNESCO:

La alfabetización mediática e informacional no se adquiere de manera inmediata, es un proceso vivo y una experiencia dinámica”.

A diferencia de los que creen que en Cuba la informatización ahora mismo tendría que partir de cero, pienso que dentro de la isla se ha avanzado muchísimo. Donde sí estamos en pañales es en la construcción de una “cultura de la informatización”. Una cultura que nos permita aprovechar mucho mejor lo que tenemos, y que ponga en el camino del crecimiento sostenible todo ese talento y esa tecnología que existe dentro de la isla.

Juan Antonio García Borrero


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DE GARCÍA BORRERO A PONS GIRALT

Sáb, 08/05/2017 - 12:41

Estimado Maikel:

Gracias por el comentario aportado. Por ahora estas son apenas opiniones que aparecen en un blog, pero estoy seguro que sirven para ir creando una conciencia alrededor de este asunto que necesita ser debatido en el marco de las humanidades.

Hasta ahora la informatización en Cuba es pensada apenas en el universo tecnológico, lo cual es natural, porque nuestros humanistas todavía no ven a este proceso como parte de su actividad creativa: la aprecian como algo ajeno, algo que le corresponde desarrollar a los informáticos. Y, lo peor de todo, como algo que solo es posible llevar adelante si se tiene Internet.

No quiero repetir los argumentos expuestos en mi intercambio con Gallego. Para mí Internet es fundamental, pero no el fin, sino en todo caso el medio que nos puede llevar a la verdadera meta: el uso creativo de todas esas tecnologías.

En otro post que publiqué con anterioridad hablé de las que considero las principales debilidades de la informatización en Cuba. Y debo reconocer que me convencieron las objeciones de algunos colegas que no estuvieron de acuerdo con mi crítica a la subjetividad analógica de nuestros directivos (aunque exista).

En efecto, hay muchos directivos que apuestan por la informatización de sus respectivas gestiones, pero: ¿dónde está la respuesta de nuestros informáticos?, ¿por qué la Universidad de Camagüey, por ejemplo, no acaba de extender a la comunidad camagüeyana muchos de los saberes que ya ha puesto en práctica en su recinto?, ¿por qué el Joven Club no sale de sus sedes e interviene allí donde Etecsa ya ha creado nichos de actividad digital gracias a los numerosos puntos Wifi?, ¿y por qué Etecsa, además de preocuparse por la gestión comercial, no establece alianzas con Cultura y Educación, y además de los servicios que les corresponde, estudia el fomento de nuevos “espacios inteligentes”?

Para mí sigue siendo un gran misterio ver cómo se consolidan en los barrios periféricos (y no tan periféricos) las redes informales a través de las cuales es posible “jugar” o intercambiar archivos, y nuestras salas cinematográficas, bibliotecas, museos, galerías, Ferias del Libro, etc, apenas se enteran de que existe este tipo de interacción entre los nuevos usuarios de las tecnologías emergentes.

Es decir, que en pleno siglo XXI en Cuba seguimos pensando que la cultura (que ya sabemos es mucho más que arte y literatura en su concepción clásica) se consume de la misma manera que hace veinte años, lo cual provoca que la brecha entre el sistema institucional y las nuevas audiencias sea cada vez mayor.

Lo curioso es que a lo largo y ancho de la isla hay numerosos ejemplos de informatización y uso creativo de la tecnología. Solo que al no operar sobre lo que pudiera ser una plataforma común, el impacto queda limitado a los predios donde tiene lugar, lo cual entra en contradicción con la esencia de la informatización, que busca atravesar de un modo integral a toda la sociedad.

Insisto que no es cosa que podamos lograr de un día para otro. Hay que discutir mucho, argumentar mucho, y sobre todo estudiar y escuchar mucho a ese gran ausente en todos estos escenarios donde se discute la informatización: la comunidad de usuarios. Porque es esa comunidad de usuarios (y no los directivos) la que a diario pone a circular aplicaciones para sus teléfonos que, de modo off line, les ayuda a saber un poco más de los medicamentos que necesita, los restaurantes que pueden visitar, la orientación por calles, y un largo etc.

Es ese tipo de inventiva la que yo veo que falta en la informatización pensada desde el sistema institucional. Siento que es hacia allí, hacia el ser humano que inventa los equipos, y no hacia los equipos de condicionan el comportamiento del individuo, que deberíamos dirigir primero nuestra atención.

Un abrazo bien grande,

Juan Antonio García Borrero

PD:

Aquí te pongo otras entradas que dentro del blog hablan de este asunto:

Cultura e informatización del trabajo cultural en Cuba: tan lejos, tan cerca

Sobre la informatización ciudadana

La informatización explicada a los niños

Final y principio de un encuentro sobre cultura audiovisual y tecnologías digitales


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