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EL BURÓCRATA Y EL SERVIDOR PÚBLICO

Cine cubano la pupila insomne - Vie, 06/02/2017 - 06:42

Con este texto publicado en el sitio digital Cubarte, Juan Nicolás Padrón nos regala uno de los análisis más lúcidos del fenómeno de la burocracia cultural en Cuba. Su lectura y debate deberían ser obligatorios para todos aquellos a los que les interese defender el bien público, entendido como algo que va más allá de los individuos y los grupos, y nos afecta como comunidad en su sentido más complejo e integrador.

Hay aquí conceptos y matizaciones que uno no está acostumbrado a tomar en cuenta. Porque es real que muchas veces metemos en un mismo saco a todos los individuos y funciones, y eso, lejos de ayudarnos a entender el fenómeno, legitima un orden de cosas donde la impunidad del burócrata insensible termina anulando cualquier posibilidad de diálogo fecundante.

En Cuba no tenemos una conciencia ciudadana de lo que es realmente un servidor público. Muchas veces, y de modo inconsciente, fetichizamos el puesto, la jerarquía. No voy a generalizar. Existen realmente funcionarios que dejan a un lado la obsesión por cumplir lo que dice el reglamento (aunque ese reglamento probablemente solo funcione bien si regresáramos a la Edad Media) y se concentran en estimular la creatividad. Yo he tenido la suerte de conocer varios.

Pero lo importante de un análisis como el que propone Juan Nicolás Padrón es que debemos pasar de lo anecdótico al examen de lo sistémico. La realidad siempre será más compleja que lo que cualquier conjunto de mentes lúcidas pueda establecer. De allí que la necesidad del debate permanente sea tan urgente.

Juan Antonio García Borrero

EL BURÓCRATA Y EL SERVIDOR PÚBLICO

Por: Juan Nicolás Padrón (Tomado de Cubarte)

Después de la Revolución Industrial inglesa y en medio de la creación de la Compañía Británica de las Indias Orientales, se revalorizó el concepto de funcionario; John Stuart Mill, quien trabajó para la Compañía más de dos siglos después de fundada y era miembro del Parlamento, los nombró civil servant ―servidores públicos―, aunque fueran empleados por el gobierno o por privados. Esta buena voluntad de Mill le sirvió al economista y sociólogo alemán Max Weber para analizar las relaciones del capitalismo con sus funcionarios y su capacidad de readecuarlos para eternizar el sistema en los tiempos del imperialismo; Weber teorizó sobre los funcionarios y la necesidad de estos para cualquier Estado moderno.

Los funcionarios se convirtieron en imprescindibles en cualquier sitio del mundo, y lo demuestran sus características: en primer lugar, la permanencia en el cargo y su progreso dependen de la incondicionalidad al jefe; son vigilados mediante calificaciones, evaluaciones, chequeos y controles periódicos, y pueden ser castigados de diferentes maneras, desde las más sutiles hasta penosas sanciones, materializadas en una salida del entorno, el traslado a puestos de menor categoría, demociones o expulsiones deshonrosas; siempre deben sacrificar la opinión individual, y a veces, anular su personalidad; además, sus tareas o funciones no cambian con regularidad y generalmente permanecen constantes sus modos de operar y establecer relaciones, independientemente de quién es el jefe supremo; sus ocupaciones resultan necesarias pero exigen claridad, exactitud, velocidad, eficiencia, eficacia y regularidad; a cada uno se le otorga una cuota de autoridad para realizar su labor, y medios de coerción limitados para usarlos como parte de su jerarquía, con deberes y derechos para supervisar.

Sin ser propietarios, los funcionarios son responsables de los recursos que se les asignan y sus ingresos están determinados por la cartera de funciones que ejecutan, su importancia y dimensión; no heredan ni transfieren sus desempeños, solo aceptan responsabilidades y beneficios de acuerdo con documentos firmados y cuños que avalan; todos son contratados, nombrados y promovidos sobre la base de una conducta exigida y de su lealtad a la razón por la que han sido designados. Con ellos nació una nueva relación del ser individual con el proceso social, pues la modernidad inauguró nuevos tipos de esclavitudes enmascaradas como la de los obreros; sin embargo, los empleados públicos son los menos vulnerables a cualquier cambio del sistema, porque son capaces de reacomodarse, siempre en su provecho personal.

Carlos Marx había avizorado las relaciones entre el individuo y la sociedad, así como las tensiones entre el funcionario estatal y el obrero, que parten de las diferencias entre la labor intelectual y la manual, frente a lo que fue en su época una honda división social del trabajo. La expansión de la economía de mercado y el papel de las finanzas dejaron visible la influencia del aparato burocrático como grupo social distintivo y con relativa independencia; el tiempo lo ha afianzado como casi autónomo, y el “casi” puede desaparecer si el funcionario tiene experiencia y el jefe es un novato. Tanto Marx como Federico Engels ahondaron en la esencia de estas cuestiones al abordarlas en sus estudios sobre la enajenación del ser humano. La explotación capitalista del Estado burgués precisaba más burocracia, y ello provocaba una enajenación que se generalizaba y se potenciaba. En las tesis para explicar el origen y el desarrollo de la enajenación, Marx partía de cuatro fuentes: la religión, el Estado, el comercio y la tecnología; si bien enfatizó en el papel negativo de la burocracia eclesiástica en la Edad Media, asunto dominante todavía en su época, también se empeñó en demostrar el carácter explotador del burocratismo capitalista con su maquinaria estatal, comercial y tecnológica. Al actualizar hoy el papel de los factores que inciden en la enajenación del ser humano, notamos que la incidencia del mercado y los burócratas estatales se ha consolidado en cualquier lugar del mundo.

El impacto mercantilista ha superado aquellas reflexiones que se hacían en el Manifiesto comunista: “Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros”. Si bien los bajos precios de las mercancías siguen constituyendo un arma sumamente poderosa, en no pocas ocasiones los funcionarios, especie de oficiales de campo, deciden tácticas y hasta pueden desviar estrategias. Con esas armas y esos oficiales hay que contar, y hoy resulta imposible desconocer la acción del mercado y el papel de los funcionarios y burócratas en la vida económica, social y política de cualquier país.

En Cuba, como en cualquier sitio, los servidores públicos conviven con los burócratas, y habrá que identificar o distinguir a uno del otro; también, como en todas partes, los representantes de la burocracia tienen sus códigos, capaces de alterar el significado de las palabras, y hasta vaciarlas de contenido.

A los burócratas les produce urticaria la profundización en un determinado hecho y su relación con otros semejantes. La concatenación puede llevar al cuestionamiento de decisiones de sus superiores, a los que debe “lealtad” y de quienes, como ya vimos, depende su estatus. Quizás por esa razón exigen a ultranza “aterrizar los problemas y tocarlos con las manos”. Ello no implica que siempre estén equivocados, pues ciertas teorizaciones pueden adolecer de un lenguaje vacuo que no conduce a la solución de los problemas.

Otro código muy socorrido resulta argumentar que “no es la coyuntura”. Nunca responden a la pregunta: “¿cuándo será la coyuntura?”. Con esa lógica de pensamiento, Carlos Manuel de Céspedes nunca hubiera liberado a sus esclavos en Demajagua, José Martí no hubiera organizado la Guerra de Independencia ni Fidel Castro el asalto al Cuartel Moncada. A veces repetir que “no es la coyuntura” puede revelar el espíritu ultraconservador de guardián demasiado cauteloso frente al reclamo urgente de muchos; en otras ocasiones tras esas demoras se esconde la mano sucia de la corrupción, una “fuerza oscura” que retrasa el desencadenamiento de acciones cuya investigación perjudica a funcionarios inmorales.

Resulta común escuchar que “estamos trabajando en esa dirección”. Es la respuesta de quien no desea profundizar en el problema planteado, y como el tiempo es un recurso que los burócratas saben manejar a la perfección para su beneficio, el gerundio puede prolongarse hasta el advenimiento de una nueva era geológica; oculta, además, la causa de la deficiencia, no precisa en magnitud medible el tiempo de ejecución de las tareas que la resolverían, ni los posibles obstáculos o las personas e instituciones implicadas.

Casi inmediatamente después de esa frase acuñada, y como un libreto aprendido, viene la argumentación esperada: “el bloqueo”; y aunque tal vez una buena parte de los factores ―directos o indirectos― que obstaculizan la solución, provienen de los conflictos ―a veces no muy visibilizados― del bloqueo comercial, económico y financiero, no es menos cierto que se escamotea, minimiza u oculta una historia de deficiencias que alcanzan las decisiones del burócrata, de su organismo o de malas políticas implementadas o ejecutadas en diversos niveles. El bloqueo existe y presumiblemente existirá, y hay que contar con él como si fuera un asunto biológico, por eso es inadmisible que la explicación sobre estas causas externas y los daños provocados por los desmanes del bloqueo, no dejen margen para el análisis de las razones internas y temas concernientes a los errores de planificación o inversión, imprevisión, descoordinación, desatención, desidia, olvido, descontrol, incumplimientos, negligencias, impagos, y un largo etcétera.

Otro mecanismo de defensa de los burócratas cubanos cuando se sienten cuestionados y perdidos, es recurrir a la política. La politización, que a veces deriva en politiquería, es un medio de emergencia en que se acomodan para defenderse en una contingencia; estamos cansados de ver a funcionarios inmorales apelar a un discurso en que se ha corrompido el patriotismo trocándose en patrioterismo, acompañado de intrigas, bajezas, superficialidades y ligerezas, y, como resguardo, el rezo de que “el enemigo no descansa”. Para ellos cualquier respuesta ante una “pérfida maniobra del enemigo”, siempre ―absolutamente siempre― tiene que ser “contundente”; esa falsa combatividad ha pervertido el lenguaje al punto de que es posible suprimir los sustantivos y seguir entendiendo la fórmula: “ante la pérfida, la contundente”.

Los burócratas viven cuidándose. Su única previsión es cómo será leído por sus jefes lo que hacen, el pulido de su actuación, que nadie les pueda “rayar el vinil”, independientemente de las razones para decidir cualquier cuestión. La crítica es anatema porque tras el señalamiento casi siempre está lo que no supieron, no quisieron o no pudieron hacer; tal vez por esta razón, cuando alguien les hace una crítica, si se registra por escrito en un informe o noticia, la frase que se impone es: “hay que ponerlo en positivo”; entonces, el espíritu de lo allí señalado ―que para ellos supone hipercrítica―, se esfuma en la redacción y se diluye en el arte de los eufemismos.

En muchos de estos personajes y personajillos, la defensa ante la crítica refleja su ignorancia, pues suelen vivir en el asteroide B-627, bien alejados de los problemas de la gente común; algunos nunca suben a un ómnibus, se sientan en el banco de un parque con Wi Fi, hacen cola para comprar papas, conversan con los clientes de un bar o caminan por las calles de su ciudad después de las doce de la noche; salen de una reunión para otra, se informan por resúmenes y responden a lo que piensa su jefe: no ven o no quieren ver, o no les conviene ver. Quien insiste en la crítica es “problemático” y “conflictivo”, aunque le hayan incumplido un contrato firmado, lo hayan sancionado injustamente, lo hayan peloteado de oficina en oficina o lleve un mes con la casa inundada de aguas albañales: al burócrata no le duele; no lo oye porque nada de eso afecta a su posición. La respuesta para continuar usando el tiempo a su favor resulta también esperada: “estamos puntualizando los detalles”.

No hay por qué satanizar a todos los funcionarios ni confundirlos a todos con burócratas ―recuerdo que una vez, con su habitual genialidad, Leo Brouwer admitió la existencia del funcionario sensible, “escalón superior de la burocracia”―, pero hay que identificar a los “servidores públicos” que elogiaba Mill, de los que analizó Weber para cumplir un encargo capitalista y que han perfeccionado sus mecanismos de enmascaramiento. No olvidemos que ahora una buena parte de los ciudadanos cubanos pagamos impuestos y esos fondos públicos deben corresponderse con una verdadera “rendición de cuenta” de los servidores del pueblo. Ningún funcionario es dueño, y hasta el salario que cobran sale del fruto del trabajo de todos. Hay que identificar y aniquilar al burócrata y distinguir y colaborar con el funcionario sensible. El lenguaje ayuda a identificarlos y a distinguir a unos de otros. No es tan difícil.


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VÍCTOR FOWLER SOBRE LA CULTURA DIGITAL EN CUBA

Cine cubano la pupila insomne - Mié, 05/31/2017 - 18:04

¡Cuánta falta nos hacen artículos como estos! Solo cuando consigamos involucrar a los intelectuales en el debate cada vez más imprescindible alrededor del uso creativo de las tecnologías, asociado a la informatización que vive el país, estaremos contribuyendo a colocar las humanidades digitales en el centro de nuestros quehaceres.

Cultura digital y literatura: informe de un sueño y proyecto

Víctor Fowler • Cuba (Tomado de La Jiribilla)

A finales del pasado mes de abril, como parte del programa de trabajo habitual en la Asociación de Escritores de la UNEAC, tuvo lugar una reunión con los presidentes provinciales de dicha Asociación; en esta oportunidad, además de intercambiar a propósito de problemas organizativos y de funcionamiento interno, el asunto que los convocó fue la intersección entre la literatura y la cultura digital. A lo largo del encuentro, que tuvo lugar en la sede de la UNEAC, fueron abordados temas como la promoción de literatura en la red, las características de una biblioteca digital, la edición electrónica y las humanidades digitales, entre otros. La reunión concluyó con un homenaje al ensayista, traductor y promotor cultural Desiderio Navarro; no solo por los 45 años del proyecto “Criterios”, que dirige desde su creación, sino por su liderazgo en el uso de las nuevas tecnologías para crear espacios de debate y socializar conocimiento.

Entre nosotros, exponer y dialogar acerca de los impactos y posibilidades que, para el escritor, derivan del acelerado desarrollo de las “nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones” es —ya desde la misma situación ambiental en la que se produce la invitación o pregunta implícita— una suerte de enigma multiplicado. ¿Cómo hablar de eso, mucho, enorme, que sabemos que existe, leemos en revistas, vemos en películas, escuchamos hablar, pero que no poseemos y que —si miramos lo que nos rodea con el tipo de calma que impone el realismo— aún demorará en ser parte “normal” de nuestras vidas: equipamiento, conectividad, procesos, etc.?

A propósito de esto, y durante la reunión, partimos de la voluntad de no quedar empantanados en las carencias del presente, sino —por el contrario— transformar la limitación en punto de partida para revisar cuanto se deja de hacer o alcanzar con nuestro actual nivel tecnológico, al mismo tiempo que para intentar proyectos que posibiliten superar metas nuevas. Ello significa tener presente que, pese a las más diversas insatisfacciones, en el país de hoy existen casi cuatro millones de líneas de teléfono móvil y más de un millón y medio de computadoras; junto a ello, significa también que ha sido instalada una planta para ensamblar laptops y tablets con capacidad anual para ciento cincuenta mil de estos equipos. Si a ello sumamos las cantidades que puedan provenir de otras vías, no hay duda alguna de que están siendo sentadas las bases de una transformación que —a un plazo relativamente corto y por simple acumulación— va a estremecer la totalidad de la vida en el país.

¿Cómo entender esa “totalidad”? ¿Cómo hacer que “descienda” y sea parte “normal” en el trabajo cotidiano de una organización de escritores y artistas en un país? ¿De qué forma vamos a ser afectados? ¿Cuáles nuevas oportunidades serán abiertas y con cuáles consecuencias? ¿Qué hacer para extraer de la nueva situación el mayor beneficio o rendimiento posible?

Se hace necesario interpretar el presente y, a la misma vez, trascenderlo; padecer las manquedades y angustias de este momento actual del devenir, pero sin perder la idea (o visión) del flujo, de lo que se transforma. Ello permite suponer, o calcular, que cualquier incremento importante dentro de la cantidad de tablets, laptops, móviles dentro del país no puede sino conducir, de modo directo, a una mayor presión sobre las débiles redes nacionales en lo que toca a demandar mayor cantidad y facilidad de acceso; mejorar los diseños y estructuras de los sitios; incrementar y mejorar la integración entre ellos; ampliar, diversificar y profundizar la información disponible, así como los servicios que sean ofertados; estimular la colaboración entre los diversos usuarios de modo que se produzca el salto hacia un nuevo nivel de procesamiento, accionar y soñar en la realidad. A este escalón diferente le llamamos pensar en red.

Para nosotros, escritores, la progresión del encuentro entre cultura digital y literatura equivale a un mundo en el cual cambian la forma de escribir, la lectura, el libro, la comunicación, la socialización de los textos y su consumo, la enseñanza, la librería, la biblioteca y, finalmente, la conservación de lo escrito.

La cantidad de fascinantes problemas y desafíos que se abren ante nuestros ojos es descomunal; desde los cambios en el lenguaje (típicos del twitter o del móvil) hasta los debates acerca del libro electrónico y la supervivencia o eternidad del libro papel; desde el cambio en las estrategias de promoción cultural y difusión de información hasta el desarrollo de las bibliotecas digitales; desde la transformación en los modos de producir conocimiento (por ejemplo, el modelo de trabajo colaborativo al estilo wiki) hasta la llamada “impresión-por-demanda”; desde las literaturas hechas para el espacio digital (blogs, sitios web, revistas electrónicas, etc.) hasta la crisis de la enseñanza tradicional y su desplazamiento hacia el llamado e-learning (aprendizaje en la red).

Mucho de esto que hoy leemos con asombro en revistas especializadas o simples noticiarios, aumentará su presencia e impacto en nuestro país y hará que vayamos penetrando, cada vez más, en las paradojas y tensiones propias de la cultura digital. ¿Cómo entender esa “totalidad” y qué hacer para extraer de la nueva situación el mayor beneficio o rendimiento?

Por cierto que, cuando mismo nos reuníamos en ese pequeño encuentro de la Asociación de Escritores, en la ciudad de Camagüey (y como parte de ese hermoso proyecto llamado “la calle de los cines”) tenía lugar el “Segundo Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales” del que García Borrero es animador principal. Durante el evento, auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz, la Dirección Provincial de Cultura, el Centro Provincial del Cine, y la Unión de Informáticos de Cuba, con el apoyo del Gobierno y el Partido del territorio, se reunieron informáticos, diseñadores y artistas para presentar y discutir acciones de reanimación cultural que allí son realizadas mediante el uso de las nuevas tecnologías. Un fragmento del artículo titulado “Cultura y tecnología se abrazaron en evento tecnológico”, aparecido el 28 de abril, bajo la firma de Zoila Pérez Navarro, en el periódico provincial Adelante nos cuenta que:

“Alianzas entre el Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual El Callejón de los Milagros y organismos como Desoft, ya permitieron el nacimiento del portal web Callejón de los Milagros, al que cualquier persona que esté en el Paseo de los Cines con un móvil, tablet o laptop puede conectarse gratuitamente a través de una red WiFi local. Desde ahí se acceden a imágenes, carteleras, juegos y bandas sonoras de reconocidos filmes nacionales o extranjeros, que también pueden llevarse a casa”.

En palabras de García Borrero: “… no se trata de organizar foros o cursos”, sino de integrarnos “a lo que ya está sucediendo de modo informal y allí crear las situaciones, como pedían los situacionistas, que puedan favorecer nuestra gestión cultural.” A esta velocidad de reacción la denomina él “hacerlo en caliente”, sobre la base de lo que ya existe, de los caminos de creatividad que han sido descubiertos y adelantados en los procesos de producción y consumo informal. En sus palabras: “Mientras más cosas ‘hagamos’ más cerca estaremos de que nuestras teorías alcancen validez”.

En términos de una teoría de sistemas, lo anterior se traduce en la obligación de atender a lo que sucede en los puntos más aislados, independientes o de posición jerárquica inferior dado que allí son posibles velocidades de desarrollo mayores que las del sistema global. Aquí vale la pena recordar que, por simple cuestión de edad, no pocas veces estas velocidades mayores son conseguidas por aquellos a quienes menos trabajo cuesta manejarse en el mundo de las nuevas tecnologías: los jóvenes.

Es más que evidente que cualquier dialéctica de prueba y error funciona más rápido, con menor gasto de energía y menores riesgos en una de estas unidades antes que en la totalidad del sistema a cuyos planificadores y directivos toca entonces “vigilar” esos puntos de desarrollo acelerado, comprender las características de su funcionamiento, entender sus logros y “alimentarse” de ellos en función de introducir mejoras en los escalones superiores. Dicho de otra forma, las condiciones de velocidad, ubicuidad, cooperación, crecimiento exponencial de la información, almacenamiento y acceso, reutilización, apertura de la red, etc., obligan a planificar y controlar los procesos de otro modo. O sea, a transformar incluso la manera de dirigir.

Quizás necesitemos una segunda Campaña de Alfabetización, pero enfocada esta vez en los temas del universo digital. Un esfuerzo que vaya más lejos que el encomiable trabajo de los Joven Club y de los numerosos cursos sobre informática que centenares de miles de personas han pasado a lo largo del país; más allá de lo que han aprendido en sus escuelas, a pesar de la mínima tecnología con que cuentan, centenares de miles de estudiantes de la Enseñanza Media. Me refiero a diversos proyectos que, con alcance masivo, estimulen “el uso creativo de las nuevas tecnologías”, frase que tomo del intelectual camagüeyano García Borrero; o sea, no quedar detenidos en el conocimiento o manejo de uno o un grupo de programas informáticos, sino propiciar un modo de pensamiento que tenga en su base las ideas de conectividad, velocidad, acceso a fuentes diversas, organización y catalogación del conocimiento, así como su jerarquización, compartir, reutilizar, colaboración permanente, etc.

Quizás, como escritores y artistas, necesitemos —a todo lo largo del país y no de modo azaroso y puntual— inventar lugares y ocasiones en los cuales encontrarnos para intercambiar, debatir y soñar el futuro de la creación artístico-cultural: productos hipermediales, realidad aumentada, obras colaborativas en la red, espacios inmersivos, pantallas electrónicas que —en el espacio público— enlacen arte y literatura, libros que contengan literatura hipertextual, nuevas modalidades de investigación y mucho más.

Quizás necesitemos colecciones de libros especializadas en el enorme universo de la cultura digital, programas televisivos (¿por qué no una “Universidad para todos”?), cursos y entrenamientos, debates públicos, etc. O incorporar a la red, como una decisión de política pública, una mayor cantidad de servicios para el usuario común de modo que podamos saber, al menos, adónde ir en caso de urgencia hospitalaria, cómo llegar a cualquier punto de la ciudad haciendo combinaciones en el transporte público o cuáles monumentos hay en el municipio donde vivo y por qué.

Se trata de un cambio tal, que abarca tanto y con tanta profundidad, que quizás necesitemos, simplemente, reinventarnos.

Comentarios

Carlos Parra Zaldívar el Mon, 2017-05-29

Importante tema, pero cuidado… Un interesante artículo que aborda un tema que trasciende los entornos culturales actuales e implica una nueva alfabetización, en este caso, en los entornos digitales. Pero cuidado, que herramientas informáticas vamos a potenciar y a usar?, las mismas que los grandes monopolios tecnológicos nos han impuesto?. El tema de la soberanía es clave en estos asuntos, si nosotros abogamos por la soberanía en todos los ámbitos, entonces es importante darse cuenta y estar conscientes que también en la tecnología debemos ser soberanos y no seguir siendo esclavos tecnológico del imperio. No podemos difundir cultura usando los mismos sistemas operativos privativos y cerrado. Se impone una cultura digital independiente y abierta. Usar #SoftwareLibre y estándares abiertos nos pone en posiciones ventajosas, garantizaremos la conservación de nuestro patrimonio digital que cada día aumenta más para beneficio y alcance de nuestro pueblo. #CulturaLibre y licencias #CreativeCommons son más afines a nuestro proyecto social. Ojo con esto.


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LA HISTORIA SIN ECOS: EL CINE CUBANO SUMERGIDO

Cine cubano la pupila insomne - Mié, 05/31/2017 - 07:23

Hace ya bastante tiempo que sabemos que la Historia del cine cubano es mucho más que la Historia de Memorias del subdesarrollo, Lucía o La primera carga al machete. Pero aunque lo sepamos y se escriban libros que corrijan ese punto de vista excluyente, o se organicen eventos que recuperen títulos olvidados, en el imaginario del público seguirá dominando la idea de que la Historia del cine cubano es la Historia del ICAIC.

Es lógico. Nuestros grandes clásicos (que eso son Memorias, Lucía, o La primera carga al machete) tienen a su favor un sinnúmero de buenas referencias académicas, las cuales se encargan de multiplicar el prestigio ganado en su momento. Las nuevas escrituras rara vez podrán desmontar el relato que ha sido legitimado a lo largo del tiempo, convirtiendo en canon lo que en un principio se movía entre el entusiasmo de un grupo de expertos y las fantasías colectivas de una época.

Para el nuevo historiador será importante seguir defendiendo esos valores construidos en el pasado, pero sin olvidar que esa Historia visible (la Historia con luces de neón) siempre estuvo acompañada por otra que tendremos que descifrar a partir de lo omitido en los registros oficiales.

Tomemos el caso de una película como Ecos, primer largometraje de ficción realizado por el movimiento de cine-clubistas liderado por Tomás Piard desde finales de los años setenta. Estamos hablando de una película que resultó un hito, en tanto que, en términos de producción, planteaba una posibilidad entonces raramente imaginada en su época, debido a la absoluta hegemonía del ICAIC como entre productor de audiovisuales.

Hoy, pese a no existir una Ley de Cine que regule esos asuntos, ya no es difícil encontrar filmes realizados más allá del ICAIC, que consiguen insertarse en los circuitos de festivales internacionales. Pero en 1987 pretender “competir” con el Instituto era sencillamente un delirio.

Por tanto, cuando hablamos de festejar los treinta años de Ecos hablamos de resaltar mucho más que sus valores estéticos, que seguramente sufrirán el chequeo policíaco de quienes no querrán dejar pasar la oportunidad para resaltar las deudas del filme con la Lucía de Humberto Solás, como si eso en verdad no resultara una fortaleza.

Ecos, insisto, es mucho más que eso. Con la cinta, Piard nos hacía tangible la posibilidad de un cine cubano producido en los márgenes de las dinámicas oficiales de producción, los mismos que incluían no solo al ICAIC, sino también a los Estudios Cinematográficos de la Televisión y las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Pienso que Ecos es el antecedente más preciso que tendría ese cine independiente cubano que ahora mismo pugna por legitimarse en los escenarios de la nación.

Pero, por supuesto, no se trataba de un gesto aislado, sino que formaba parte del espíritu integral de la época en aquel lejano 1987. No en balde, para seguir con los aniversarios cerrados, el próximo 21 de junio tendríamos que estar celebrando treinta años de la creación del Taller Nacional de Cine de la AHS, del cual el cineasta Jorge Luis Sánchez fue su líder más destacado.

Para el historiador de esta época, el treinta aniversario del filme Ecos y del Taller de Cine de la AHS resultan más que simples efemérides. No serían datos complementarios de un relato positivista que ya ha decidido de modo autoritario cuáles son los “grandes acontecimientos fílmicos” que habría que promover en la futura Historia del cine cubano, sino en todo caso piezas claves de una Historia-problema que espera por argumentaciones que ayuden a entender al cine cubano, como parte de algo mayor que es la Cuba que nos sigue animando a pensar en ella.

Una Historia del cine cubano pensada en esos términos no estará renunciando a las jerarquías, pero lejos de dictarlas como imperativos providenciales, nos estará ayudando a descifrarlas como parte de un pacto en que cineastas y espectadores combinan en sus respectivos horizontes de expectativas querencias y ansiedades.

Si, como se ha dicho, el verdadero arte cinematográfico no refleja la realidad tal como es, sino construye y prefigura un porvenir donde los espectadores encuentran alternativas a ese orden de cosas que les ha tocado vivir, tendremos que agradecer a Tomás Piard y Jorge Luis Sánchez que hace treinta años soñaran para nosotros mucho de lo que ahora está pasando.

Juan Antonio García Borrero


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PREMIO A “LOS BUENOS MODALES” (2017) EN SANTA CLARA

Cine cubano la pupila insomne - Lun, 05/29/2017 - 17:54

Hoy César Irigoyen, líder del Proyecto Rodando Fantasías, me escribió desde Santa Clara este mensaje que me tiene sumamente estimulado:

Hermano mío ¿cómo estás? Me complace decirle que el novel proyecto “Producciones Casablanca” de niñas y niños que creamos gracias al empeño y la voluntad de usted y los que lo apoyan ya es noticia.

Acaba de concluir el 3er Festival nacional de creación audiovisual Infantil Rodando Fantasías, el cual se hace aquí en Santa Clara y yo lidero junto a mi proyecto y Producciones Casablanca obtuvieron 3er Premio y una mención colateral de la Casa de los Comunicadores Sociales…

Me siento muy contento y espero así se lo haga llegar a las niñas y sus maestros. El premio lo recogió Eileen y Yanet, las representantes de UNIAL (Universo del Audiovisual para la niñez y la adolescencia) Instituto de Investigaciones Culturales Juan Marinello; ellas se lo harán llegar. Gracias y espero apoyen a esos niños. El año que viene lo espero en mi evento.

Saludos desde Santa Clara”.

Creo que muchos entenderán el porqué de mi entusiasmo. Más allá de lo que significa un premio, estamos hablando de la posibilidad de acercarnos un poco más a la vieja utopía defendida por Pablo Ramos: la utopía de concederles a nuestros hijos una dimensión donde sean sujetos activos, y no meros objetos; sujetos creativos, y no simples consumidores de la buena voluntad de los adultos.

Sé que falta muchísimo para lograr que consigamos una Política Pública encaminada a empoderar de veras a nuestros niños y niñas en el área de los audiovisuales (su consumo y producción). Pero es poco a poco que se alcanzan los grandes cambios.

Lo que ahora mismo propone el Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual “El Callejón de los Milagros” es algo mínimo, casi imperceptible, pero al menos (y por fortuna) no somos los únicos.

Juan Antonio García Borrero


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El populismo hoy: una introducción

Julio Cesar Guanche: La cosa - Sáb, 05/27/2017 - 08:38
  Por Julio César Guanche El populismo es hoy un tópico global. En América latina es una de las tradiciones políticas con mayor presencia histórica. El cuerpo de análisis dedicado al tema —desde todo tipo de enfoques políticos y metodológicos— es uno de los acervos fundamentales de las ciencias sociales en el continente, siendo clave … Continuar leyendo El populismo hoy: una introducción →
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Populismo y régimen representativo.  Un análisis desde el corporativismo en la Cuba de los 1930

Julio Cesar Guanche: La cosa - Sáb, 05/27/2017 - 08:38
  Julio César Guanche Actualmente, un extendido consenso teórico sitúa, como causa de la emergencia del populismo, la reacción frente a la crisis del sistema institucional representativo. Ese consenso afirma que tal reacción toma formas antinstitucionales y críticas de la representación, que terminan por desmontar el entramado democrático. En esta lógica, el populismo (en este … Continuar leyendo Populismo y régimen representativo.  Un análisis desde el corporativismo en la Cuba de los 1930 →
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LENTES CUBANOS EN NUEVA YORK

Cine cubano la pupila insomne - Sáb, 05/27/2017 - 07:03

Lentes Cubanos en Nueva York

Organizado y coordinado por Bach Media, compañía enfocada en la producción y distribución del cine cubano en la isla y el mundo, se desarrollará la muestra “Lentes cubanos: Cine contemporáneo y cineastas emergentes” (Cuban Lens: Contemporary Cinema and Emerging Filmakers), que tendrá lugar el venidero 31 de mayo desde las siete de la noche, en el Centro Rey Juan Carlos I de España de la New York University (NYU).

Se proyectarán las obras de corte documental y de fuerte aliento experimental Casa de la noche (Marcel Beltrán), Conectifai (Zoe Miranda), Abecé (Diana Montero), El hijo del sueño(Alejandro Alonso), Limbo (Rafael Ramírez) y Batería(Damián Sáinz), todas realizadas recientemente por egresados y por actuales estudiantes de la EICTV como parte de sus ejercicios de curso.

Con posterioridad a las proyecciones de estos materiales, algunos de los cuales han participado en importantes festivales del mundo, se desarrollará un conversatorio con algunos de sus realizadores, que comentarán acerca de temas como raza, emigración, género y tensiones acerca de la identidad, que resultan ejes de tales propuestas.

Cuban Lens… forma parte de un grupo de dos eventos, aunados bajo el título de Contemporary Cuba’s Films & Millenialsy que en la tarde del 1ro de junio reunirá a millenials cubanos —nacidos al borde del cambio de milenio, también calificados como Generación X o 00—, quienes hablarán sobre la creación y el consumo cultural en Cuba.


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BREVE MANUAL PARA ENTRAR AL CALLEJÓN

Cine cubano la pupila insomne - Vie, 05/26/2017 - 19:26

Aunque conectarse al Portal El Callejón de los Milagros del Paseo Temático del Cine existente en Camagüey es fácil, no todos los amigos conocen los pasos a seguir.

Lo primero es recordar que el Portal solo puede ser visto desde el Paseo Temático, lo mismo en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, en el multicine Casablanca, o en la Cafetería Cine Café que está al final del Callejón. Por otro lado, muchas personas todavía confunden el wifi con Internet, y necesitamos reiterar que el Proyecto intenta fomentar el uso creativo de las tecnologías en función de la cultura audiovisual.

Para navegar, una vez que se esté en el Paseo es preciso activar el wifi del dispositivo inteligente que se tenga (teléfono, Tablet, laptop) con el fin de detectar las redes inalámbricas disponibles. En nuestro caso saldrán varias (Etecsa, por ejemplo, que habría que tener saldo para navegar, o Gran Hotel, que se requiere una contraseña), pero a la que hay que conectarse, que es absolutamente libre, es a la del Callejón de los Milagros.

Una vez conectado se puede acceder de varias maneras al Portal. O bien escribiendo en el navegador (ya sea Chrome o Mozilla Firefox) la dirección del Portal (www.callejon.cmg.cu), o escaneando la imagen de Código QR que aparece impresa en varias partes del Paseo. Una aplicación como el Zapya tiene incorporado un lector de Código QR, pero también dentro del Portal hemos dejado al alcance del usuario la aplicación QR Droid, que no solo permite leer los códigos, sino también crearlos de acuerdo a nuestros intereses más puntuales.

La idea es que el Portal funcione como un gran repositorio que resulte útil a la comunidad. Por el momento ya se pueden descargar libros, materiales audiovisuales, archivos de sonido, que se han puesto allí para apoyar los diversos eventos que han estado ocurriendo en el Paseo en estos últimos meses.

Así, por ejemplo, los que asistieron a las sesiones teóricas del más reciente Taller Nacional de Crítica Cinematográfica recordarán que allí se le rindió homenaje al cineasta Abbas Kiarostami. Pues bien, los interesados en la obra de este cineasta, si van a la zona de Descargas, podrán encontrar un módulo de diez libros que abordan la carrera de este realizador iraní.

El Portal ofrece otras herramientas, como son los Catálogos de fondos existentes en la bóveda del Centro Provincial del Cine, o una relación de las mejores películas de la Historia del cine que pueden ser alquiladas en la Mediateca de Nuevo Mundo.

Pero como otras veces hemos dicho, para que exista un uso realmente eficaz y eficiente por parte de la comunidad (que es en definitiva a donde se dirige este proyecto sin ánimo de lucro) necesitamos incentivar las acciones de formación de usuarios. Solo si las personas consiguen ver con sus propios ojos las ventajas que trae para ellos el uso de estas tecnologías, estaremos contribuyendo a que la informatización del país se acelere.

Juan Antonio García Borrero


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ATRAPADO (2017), de Daniel Chile

Cine cubano la pupila insomne - Vie, 05/26/2017 - 09:25

Recuerdo haber leído alguna vez esta fascinante idea de Tarkovski: “El artista existe porque la sociedad no es perfecta”. En Cuba nos cuesta trabajo entender que el cineasta no es exactamente un maestro de escuela. Por supuesto que ese conjunto de imágenes y sonidos que está articulando influyen en el imaginario que más tarde asocia “lo real” a lo que ve en pantalla, pero la responsabilidad del cineasta (como artista) es sacar a la luz lo complejo, lo que requiere de una mirada crítica y un debate permanente, porque más allá de lo circunstancial, estaría en juego nuestra esencia como seres humanos, como individuos que saben que la vida se construye a diario junto a los otros, y en ese cotidiano convivir lo cívico tendría un peso fundamental.

En este sentido, el cortometraje Atrapado (2017), de Daniel Chile,no deja de ser una película inquietante, al recordarnos que cada sujeto está condenado a elegir y establecer sus propias marcas de valores. Los contenidos de la conciencia individual no tienen un alcance universal, sencillamente porque como seres humanos partimos de nuestra existencia más puntual para en cada caso “decidir” qué es lo mejor. Yo lo resumiría de este modo: la gente no será por esencia buena o mala persona, sino que mientras viva estará todo el tiempo construyendo y reconstruyendo esa dimensión personal.

En el caso de Atrapado, desde el mismo título se nos avisa que estaremos en presencia de una historia en la que el encierro es el gran protagonista. Pero no hablo de un encierro físico, como el que viven aquellos que pasan alguna temporada en la cárcel: en el encierro del que habla el corto no hay muros ni barrotes (la libertad misma para decidir, como hubiese sugerido Sartre, sería la condena), y no tiene otro celador que la conciencia.

En los cuatro cortos que hasta ahora ha realizado Chile (Tres puntos/ 2008; Túnel/ 2011; Tarde para Ramón/ 2013, y Atrapado/ 2017) uno puede detectar una inquietud común por parte del realizador: los individuos comunes apresados en situaciones límites que van a transformar de un modo drástico sus rutinarias maneras de ser.

Pero no hay en el cineasta un deseo expreso de moralizar. Esto quizás confunda a quienes esperan del cine mensajes tranquilizadores donde el Bien siempre triunfa en la lucha contra el Mal. Chile se limita a colocar su cámara y observar con intensidad los comportamientos de sus personajes, que son seres insustanciales, acosados por los mismos problemas que en la vida real nos impacta a todos. Las acciones de ellos, sus decisiones a la hora de elegir una resolución de corte ético, será el detonante que activará en nosotros la revisión de esa escala de valores que nos sirve para convivir en sociedad.

En cuanto a lo formal, Atrapado es una película muy cuidada. No solo es eficaz la fotografía cuando nos construye ese asfixiante universo cerrado sobre el que se sostiene el drama, sino que el montaje se luce estableciendo prioridades narrativas. Dentro de la brevedad del corto hay un momento (obviamente, no debo entrar en mayores detalles porque vendería parte de la sorpresa que nos quiere regalar el guión) que parece interminable: en esos brevísimos segundos está concentrada toda la angustia del personaje (que, sobra decirlo, es la nuestra), y no es solamente lo visual, sino también la elaboradísima banda sonora, lo que va trasladando a nuestra subjetividad buena parte de la desazón del protagonista.

Con Atrapado Daniel Chile le concede a la historia del cortometraje cubano uno de sus mejores momentos. En países como México y España hay toda una escuela de cortometrajistas que han convertido en tradición esta práctica que, lamentablemente, no es respaldada por lo comercial.

Son pocos los cineastas cubanos que piensan en la realización del corto como un ejercicio de creación artística de absoluta legitimidad, pues se suele interpretar el mismo como el puente que llevará al largometraje. La excepción entre nosotros tal vez sería Juan Carlos Tabío, que ha realizado varios, entre ellos Dolly Back, todo un clásico, y también Jorge Molina, un verdadero especialista de esta modalidad. Atrapado vendría a enriquecer con creces ese panorama, al tiempo que nos deja a la espera de los futuros empeños del realizador.

Juan Antonio García Borrero


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LA NUEVA FORMACIÓN DE USUARIOS DE LA INFORMACIÓN

Cine cubano la pupila insomne - Jue, 05/25/2017 - 06:31

En mis tiempos de estudiante de la Universidad, los profesores solían orientar la consulta de un montón de libros en la Biblioteca Provincial Julio Antonio Mella. Recuerdo mis primeras incursiones en aquel recinto todavía sagrado para mí: jamás olvidaré la imponente impresión que provocó aquel pantagruélico laberinto de estantes llenos de libros de los más diversos formatos; tampoco el auxilio que me brindaron los primeros bibliotecarios que me enseñaron a lidiar con un catálogo ordenado por autores, títulos, materia…

La formación de usuarios de la información es considerado un paso imprescindible si queremos que el conocimiento que se obtenga sea realmente creativo. De nada vale tener en la mano el teléfono más sofisticado o la Tablet de última generación, si no se conoce las potencialidades que hay en ellas, y que pueden multiplicar la efectividad del trabajo cultural.

Es por eso que, como parte de las acciones del Proyecto El Callejón de los Milagros, en cada una de nuestras cibertertulias estaremos previendo, junto a las presentaciones de películas y charlas, una acción de formación que nos permita compartir un conocimiento útil para la propia tertulia.

Esta tarde comenzaremos explicando para qué nos sirve la aplicación QR Droid, la cual ya puede descargarse gratuitamente del Portal El Callejón de los Milagros. Los que acudan a la cibertertulia con algún dispositivo inteligente (Tablet, teléfono, laptop), luego de descargar la aplicación, podrán escanear los códigos que estarán impresos en el segundo Boletín El Callejón de los Milagros que entregaremos en ese momento, lo que les permitiría interactuar directamente con el escenario informativo diseñado en el Portal.

Sé que cada uno de estos pequeños pasos que se dan en la anhelada ciberalfabetización que tanto necesita el país, apenas se notan todavía. Pero es importante que insistamos en darlos. Nos queda el consuelo de que los Lumiére brindaron su primera función para apenas 33 personas, y hoy el número de usuarios del cine es sencillamente una cifra inabarcable.

Juan Antonio García Borrero


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ENTREVISTA CON DANIEL CHILE, DIRECTOR DE “ATRAPADO”

Cine cubano la pupila insomne - Mié, 05/24/2017 - 07:11

Mañana, a las cinco de la tarde, estaremos estrenando en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo el cortometraje Atrapado. Compartimos con los lectores del blog esta entrevista con su realizador Daniel Chile, publicada en el Portal de la Asociación Hermanos Saíz.

Daniel Chile: El cine es algo muy serio

Por: Lázaro J. Chirino | 10 de abril de 2017

Daniel Chile habla rápido, le pone expresividad a sus manos y te sigue el hilo conductor del diálogo. Así se convierte cualquier entrevista en una tertulia amena para quien quiera conocer cómo piensa y qué le inquieta.

Atrapado, su más reciente corto de ficción, es el pretexto para iniciar lo que sería un intercambio interesante con uno de los jóvenes realizadores audiovisuales más prometedores de los últimos tiempos en Cuba. Sus anteriores trabajos abordan el drama social, donde el hombre ocupa el centro de sus historias.

«Todos mis cortos siguen un hilo conductor y me he propuesto que el contexto del país tenga un impacto en los personajes, pero también me he propuesto tocar temas universales. Me interesan los conflictos relacionados con la naturaleza humana, que partan de un contexto cubano: la marginalidad, la soledad, la perspectiva, el pasado lacerando el presente y los conflictos éticos».

Entonces me atrevo a preguntarle si no tiene miedo de que los realizadores jóvenes cubanos caigan en una repetición de sus mismos códigos estéticos o temáticos. Sin pensarlo me dice:

«Existe una profunda preocupación por la Cuba actual. Por ejemplo, se reflejan temas como el envejecimiento, la economía, la supervivencia… y me parece muy válido. Quizás a veces se reiteran los temas… pero por algo será. Lo que debe abrirse el espectro porque el país no es solo eso. Deben hacerse otros géneros cinematográficos como suspenso, terror, comedia… El cine tiene un carácter transformador de la realidad y debe despertar reflexión en el público. Mientras no caiga en panfletos y se haga desde una verdad, es válido todo.»

La llegada de modernas tecnologías al país ha permitido democratizar el acceso a la creación. Cualquiera con una idea puede hacerla realidad con solo encender una cámara y luego editarla en su casa. El contexto nacional ha sido revolucionado para bien… pero ¿pone en peligro la calidad de lo que se produce?

«Es una bendición esto que ha ocurrido con la tecnología. No soy un detractor del fenómeno. Pero de pronto puede traer un dilema: cualquiera puede hacer un cortometraje de ficción o un largometraje. Pero siempre van a primar aquellos que emprendan una obra con la verdadera seriedad que se merece el cine que es un arte muy complejo y serio. Por ejemplo, yo filmo como si tuviera una cámara de 35 mm. Lo emprendo con la mayor madurez y sensibilidad que pueda».

La pasión por el cine no le permite a Daniel Chile hacer concesiones con las ideas que lleva a la gran pantalla.

«He tratado de ser lo más sincero posible con mi trabajo. Cada proyecto que emprenda lo haré con mucha pasión. Me paso las 24 horas pensando en el cine, leyendo novelas y soy un cinéfilo empedernido. Asumo cada obra con mucha seriedad. Hasta ahora he explorado en el drama, pero quién sabe si de pronto en el futuro pueda hacer una comedia o un suspenso. Pero nunca lo voy a hacer para caer en un esnobismo o corriente que esté de moda. Parto de mis instintos, de lo que siento y así he hecho con cada uno de mis cortometrajes. No me arrepiento de ninguno, todos dicen lo que he querido expresar y me siento muy orgullosos de ellos».

Daniel posee un apellido reconocido en el audiovisual cubano. Su padre, Roberto Chile, se ha destacado en el documental y el videoarte. Se ajusta entonces el refranero popular cuando dice: «Hijo de gato caza ratón».

«Siempre se harán injustamente comparaciones. Para mí es un placer ser su hijo. Es un hombre que ha trabajado como realizador y camarógrafo. Considero a mi papá un artista y siempre lo he admirado mucho. Sin proponérmelo he tratado de construir mis propias historias, con mis verdades. Soy de otra generación, de otro tiempo. Yo no voy a tener nunca los mismos cuestionamientos que tuvo él con su generación y lo más bonito es que respetamos nuestras ideas, la manera de asumir Cuba en estos tiempos. Trabajo en construir mi estilo, mi sello, mis historias. Siempre con el respeto y la admiración de tener un padre como él».

¿Qué afecta a los realizadores cubanos hoy? ¿Cuáles son sus principales reclamos?

«Obviamente hay una limitación económica a la hora de hacer cine pero eso no solo pasa en Cuba sino en todos los países latinoamericanos. Si me preguntas qué es lo más difícil diría que escribir el guión; pero lo más complicado es conseguir el presupuesto. Pero si todo el mundo escribe algo que diga cosas interesantes, profundas, cada cual va a encontrar su espacio. Las instituciones a veces no apoyan a los productores y hay que estar dependiendo constantemente del dinero procedente del exterior. Por eso es que se aboga por una Ley de Cine. Sin embargo, en mi caso con Atrapado el Instituto Cubano de Artes e Industrias Cinematográficas (ICAIC), que no produjo nada, se interesó y me permitió estrenarlo en una sala. Le ha pasado a otros colegas y no es imposible».

¿Qué opinión le merecen los premios de festivales?

«¿En la historia del cine cuántos se han ido sin un premio? Sin embargo, la vida ha premiado a otros grandes directores. Para mí si son importantes porque lamentablemente muchos se guían por ellos. Ganas un premio y enseguida te conocen, pero no debería ser así. También participar en los festivales permite que te vean patrocinadores, distribuidores, gente que te puede captar para hacer una obra en algún país. Quienes dan los premios son seres humanos que tienen gustos particulares y muy subjetivos. Un realizador no tiene por qué deprimirse ni molestarse si su película no gana. Lo que sí es lamentable producir para los festivales y premios porque se debe trabajar desde la verdad de cada cual».

Es entonces que el diálogo conduce a formular posibles soluciones ante las necesidades que tienen los realizadores jóvenes en Cuba. Vivimos en una sociedad que consume menos cine, que prefiere quedarse en casa y elegir de «El paquete» lo que consume y donde son insuficientes las plazas para exponer las nuevas creaciones.

«Es lamentable que a un festival no se le dé casi ningún tipo de promoción. El mayor encuentro es La muestra joven del ICAIC pero no basta con ella. El realizador no es feliz hasta que su obra no es compartida con el público, ese es su principal logro. Lo otro es la distribución en certámenes internacionales. Hoy el contexto es un poco más favorable pero a su vez difícil porque la inscripción cuesta y es a través de Internet. Los realizadores hacen su obra, y dónde la ponen, en sus casas con sus amigos. Es lamentable que existan películas cubanas que no participan en grandes festivales. No pienso que sea sólo por la calidad sino que es también un problema de distribución. Hoy existe un movimiento de cine independiente en Cuba que está insertado en estas competencias, no siendo así con las que se producen desde el ICAIC. Eso demuestra el alcance que va teniendo la producción audiovisual independiente y al final me parece que ese es el futuro. No se trata de una guerra, sino de unirse todos por el bien del cine cubano».


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EL AUDIOVISUAL CUBANO EN EL SIGLO XXI: SUS MEJORES PELÍCULAS

Cine cubano la pupila insomne - Mar, 05/23/2017 - 07:15

Mientras más reviso la relación de películas cubanas realizadas en lo que va del siglo XXI, más conciencia tomo de que hace mucho tiempo murió, y no nos habíamos enterado, el antiguo concepto de cine cubano.

En realidad, ya lo sospechábamos. Pero una cosa es imaginárselo, y otra contar con las evidencias. Es decir, contar con el diagnóstico claro que nace, no de las impresiones que de manera facilista los críticos vamos armando a partir de los rumores, las filias y las fobias, sino del examen de “las cosas mismas”, como dirían los buenos fenomenólogos.

Hasta ahora, cuando hablamos de cine cubano, todavía es demasiado dominante en nosotros lo que representa el ICAIC (el icaicentrismo). Y ciertamente en estos últimos diecisiete años el ICAIC ha aportado títulos relevantes (no adelantaré ninguno, porque de eso estaremos hablando el jueves en nuestra cibertertulia), pero la importancia de lo producido no se compara a la complejidad del escenario en que ahora mismo debe competir esa producción.

Sigo pensando que toda encuesta dirigida a dejar establecidas “las mejores películas…” al final deja saber más de los gustos y carencias de quienes las eligieron, que de las películas en sí. Una encuesta de ese tipo rara vez descansa sobre la más rigurosa perspectiva de conjunto. Más bien lo que hace es prolongar el autoritarismo de quienes antes ya habían decidido qué era lo mejor, pues también aquí funciona lo que Ortega y Gasset apuntaba en sus “Meditaciones del Quijote”: “Los que antes pasaron siguen gobernándonos y forman una oligarquía de la muerte que nos oprime”.

En el caso de las encuestas que se han convocado con el fin de seleccionar lo mejor del cine cubano, es raro encontrar disidencias que pongan en duda lo que ahora todo el mundo repite (que Memorias, Lucía, o La primera carga al machete no por gusto siguen siendo nuestros clásicos).

Yo no le discutiría jamás a un crítico la selección que haga. Solo le exigiría que me deje constancia de lo que ha dejado de ver y por qué. En esa dialéctica de lo visible y lo invisible seguramente podremos aprender más de lo que ha sucedido en la sociedad mientras se hacían las películas, que viendo esas cintas.

Entiendo a Harold Bloom cuando argumenta sus objeciones contra aquellos que, de modo indiscriminado, han querido democratizar el canon. Dice: “La inmortalidad durante un cuarto de hora se confiere ahora pródigamente, y puede considerarse una de las consecuencias más hilarantes de «abrir el canon».

A mí también me parece que, como críticos, estamos obligados a tener en cuenta ciertas jerarquías en función de lo estético. No para imponerlas, porque en ese caso lo discutible está en la creencia de que el crítico cuenta con un poder mesiánico que lo exonera del error, sino para estimular su discusión.

Hay cineastas cubanos a los que probablemente les interesaría pagar en efectivo con tal de no formar parte de esa selección canónica que hacen de modo sistemático los críticos (Jorge Molina, por ejemplo). Y, sin embargo, ese cine tendría un valor a descubrir en otras dimensiones.

En el caso de ese audiovisual cubano realizado en el siglo XXI, todo se complica porque, más que de una revolución de contenidos, estaríamos hablando de revueltas en el plano de la producción, distribución y consumo. Y eso confunde al crítico tradicional, que necesita tenerlo todo a la mano (algo que siempre fue un espejismo, por cierto).

El jueves, en la cibertertulia El Callejón de los Milagros, estaremos lejos de ofrecer un canon o un contracanon del cine cubano. Lo que importa es preguntarnos cómo dialogan esas películas con nosotros y la época que nos ha tocado vivir.

Juan Antonio García Borrero


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LOS INTELECTUALES Y LA COMUNIDAD

Cine cubano la pupila insomne - Lun, 05/22/2017 - 08:19

Esta breve reflexión se inspira en algunas ideas expuestas por la Dra. Graziella Pogolotti, en una excelente entrevista concedida a Raúl Garcés y Rafael Hernández para la revista Temas Nro. 72 (octubre-diciembre de 2012). Allí se abordan varias cuestiones de interés, pero he querido retener este segmento porque conecta con inquietudes que desde hace algún tiempo me acosan. Cito a Graziella Pogolotti:

Es indiscutible que la actividad cultural ahora es mucho más extensa de lo que pudo serlo en cualquier otro momento anterior de nuestra historia; suceden cosas, y no solamente aquí en La Habana, pero ¿dónde queda ese registro? ¿Y cómo se convoca a los públicos? Tenemos decenas de peñas literarias. ¿Quiénes asisten? Los amigos del homenajeado. Se está produciendo una autofagia que no logra conectar y reproducirse en un ámbito mayor”.

Lo que la Dra. Pogolotti llama “autofagia” otras veces lo he nombrado “autismo del intelectual”. Con ello aludo a esos momentos donde los creadores terminan encerrándose en un universo (el suyo y el de sus más cercanos) que muchas veces confunden con el mundo en que a diario vivimos. En esos casos, la conexión con ese ámbito mayor que no es otra cosa que la “comunidad” a la que pertenecemos, sencillamente brilla por su ausencia.

Encontrar una respuesta que explique ese divorcio es demasiado complejo. Influyen muchos factores, porque el intelectual no es un ente especial o diferente del conjunto de humanos que conforman su auditorio. Pero sospecho que en esa brecha tiene un peso fundamental una suerte de fobia heredada, donde el trabajo comunitario no se percibe como algo que formaría parte de los deberes ilustrados.

Insertarse en la comunidad para pensarla desde allí (y no desde afuera) es algo que tal vez no tenga tanto glamour como escribir o hablar sobre ella en determinados espacios académicos o letrados. Así, se prefiere mantener una distancia que, en el fondo, no es otra cosa que resistencia a perder determinadas posiciones de poder.

Porque si en vez de seguir usando un lenguaje heredado de los viejos tiempos, dejamos que sea esa comunidad a la que pertenecemos la que hable con total espontaneidad, tal vez estaríamos contribuyendo a borrar las distancias. Y ya de paso influir con nuestros saberes de expertos en los cambios que necesita esa comunidad.

Pero, por supuesto, tendríamos que pensar en la comunidad, no como algo estático que está allí para recibir nuestras orientaciones. En la comunidad la gente vive, sueña, sufre, en un estado de sopor permanente. El intelectual, cuando no está jugando el rol de orientador, también está constantemente a cada minuto aprendiendo a vivir. Y necesita actualizarse con todo lo que está pasando a su alrededor.

Por eso resultaría tan importante una vez más aprender a aprender, y permitir que los más jóvenes, por ejemplo, nos permitan entrar sin recelos en su mundo, que es un mundo que por razones culturales y tecnológicas muchas veces se nos antoja ajeno. De allí que aplauda de modo incondicional esta otra sugerencia de la Dra. Pogolotti:

Hay que saber escuchar, renunciar a cierto reflejo condicionado que hemos venido desarrollando en el tiempo, y que nos tiene siempre en guardia para dar una respuesta inmediata. El diálogo, la capacidad de escuchar no es eso; se trata de saber de dónde vienen esas preocupaciones e intereses de los jóvenes, dejar que hablen y no sientan que pueda producirse a consecuencia de eso alguna forma de represalia. Hay que construir un puente de confianza

Juan Antonio García Borrero


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“MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO”, EL GUIÓN

Cine cubano la pupila insomne - Sáb, 05/20/2017 - 00:09

Los estudiosos de la obra de Tomás Gutiérrez Alea van a tener en este nuevo libro de Ediciones ICAIC, un referente insoslayable. Se trata del segundo libro de la Colección “Guión Cubano” de esta casa editorial, y que pone en manos del lector el guión de Edmundo Desnoes y Titón sobre el que se construyera el filme más significativo de toda la historia del cine cubano.

El libro cuenta con un prólogo de Astrid Santana Fernández de Castro, quien ya nos diera muestras de gran agudeza analítica en el libro que dedicó a examinar las relaciones de la película con la literatura. Asimismo incluye entrevistas con Edmundo Desnoes y Nelson Rodríguez, así como textos de Román de la Campa, Rufo Caballero, y Luciano Castillo, vinculados a la adaptación de la novela y el trabajo de guión.

Comparto un fragmento del artículo que escribí para el volumen, en este caso hablando sobre la recepción del filme en 1968, el memorable año de su estreno.

JAGB

SOBRE LA RECEPCIÓN DE “MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO” EN 1968 (Fragmento)

Por Juan Antonio García Borrero

Para los cubanos de aquellas fechas, el 19 de agosto de 1968 fue un día más bien anodino. Comparado con otros de aquel año que pareció estremecer todo el planeta, y nombrado en Cuba “Año del Guerrillero Heroico” en honor al desaparecido Ernesto Che Guevara, ese día puntual apenas es retenido por quienes elaboran informes históricos relacionados con la isla.

Puede entenderse el bajo perfil de esa jornada. Esas veinticuatro horas carecían del glamour que acompañó al 4 de enero, cuando quedó inaugurado en la capital el Congreso Cultural de La Habana; o del dramatismo del 28 de ese mismo mes, cuando se denuncia públicamente la existencia de una “microfacción” encabezada por el comunista Aníbal Escalante, quienes se oponen a la política del gobierno revolucionario; o del vigor del 13 de marzo, que es el día que Fidel Castro anuncia el inicio de la “ofensiva revolucionaria”, con la que se nacionalizan todas las pequeñas empresas que todavía existían a lo largo y ancho del país en manos privadas. En sentido general, las noticias nacionales reflejadas en los periódicos de ese día apenas parecen ser el eco del esfuerzo colectivo que se le pide al pueblo para hacer realidad la “Zafra de los Diez Millones”, la cual tendrá lugar en solo dieciséis meses.

Aquel 19 de agosto de 1968, sin embargo, fue estrenado en los cines América, Radiocentro (Yara), Mónaco, Tosca, City Hall y Metropolitan el que todavía es considerado por muchos, el mejor filme de toda la historia del cine nacional: Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea. En carta dirigida once días después a Ramón F. Suárez, director de fotografía del filme que había abandonado el país, Titón evoca ese momento del siguiente modo:

“Ya se estrenó la película en seis cines simultáneamente. Lejos de lo que esperábamos, ha resultado un éxito de público sorprendente. Mucho más que cualquier otra película cubana, incluyendo el Burócrata. Hoy se cumple la segunda semana y todavía hay colas impresionantes cualquier día de la semana. Y lejos de lo que esperábamos también, la película no resulta tan polémica ni nada de eso. La gente en su gran mayoría la acoge con entusiasmo (pienso yo que van un poco prejuiciados con la cosa de los premios y todo eso) y son pocos los que están en contra. Claro que ha encontrado algunos enemigos irritados (interesantes e importantes) lo cual me tranquiliza algo con mi conciencia. Lo principal de todo, y eso sí lo esperábamos, es que la película conmueve y hace pensar a la gente. Los inquieta. Y si están a favor de la película es porque sienten que eso los ayuda a comprender muchas cosas. Ha sido un verdadero succes, como diría la gorda de Fandiño.

No tengo las críticas a mano. Me imagino que tu madre te las enviará. De todas maneras, eso es lo más deprimente de todo. No hacen más que repetir cosas que ya hemos dicho en los dos cinedebates que se celebraron antes del estreno y ponerse de parte de la película sin aportar ningún punto de vista original, sin desentrañar su verdadero significado. Es triste, en medio de todo”.[1]

El hecho de que en la misiva Gutiérrez Alea se muestre inconforme con la recepción crítica que ha tenido en su estreno Memorias del subdesarrollo, no hace más que confirmar que las lecturas de una película siempre implicará la existencia de espectadores que intervienen en la decodificación de los mensajes desde su propia historicidad.

Los que asistieron a esas primeras exhibiciones de lo que hoy consideramos nuestro gran clásico, lo hacían desde el sistema de convenciones y creencias que entonces eran dominantes en ese momento puntual. Por otro lado, “el éxito” al que alude Titón habría que verlo asociado a esa necesidad que tenían (y aún tienen) los cubanos de asomarse a sus producciones nacionales; El cineasta cubano Manuel Herrera, quien siendo director de la Cinemateca de Cuba organizaría un homenaje al filme por sus cuarenta años, y fue testigo del estreno, evoca aquel momento de la siguiente manera:

“No sería justo decir que fue un éxito en su estreno. Casi que hubiera sido intrascendente si en su época el estreno de un filme cubano no hubiera sido “de por sí” un hecho cultural importante.

Se estaba en el preludio de la zafra más monumental de nuestra historia, que nunca llegó a consumarse. En lo político parecía que de nuevo nos encaminábamos a un acercamiento al bloque socialista, una vez apagados los aires de la “primavera de Praga” y del “mayo francés”. En lo interno varias fuerzas se enfrentaban por el dominio de la cultura, y una sombra de "dirigismo cultural” ya pretendía acechar a nuestros intelectuales y artistas. Se abría un espacio a Occidente en nuestras pantallas, monopolizadas hasta entonces por un decadente “realismo socialista” que más que abrirnos a la creación, la cerraba. Poco faltaba para que el llamado quinquenio gris asomara en nuestra historia, precedido por una “ofensiva revolucionaria” que pretendiendo ser un paso adelante retrocedía inevitablemente hacia los oscuros prolegómenos de las unidades militares de ayuda a la producción”.[2]

Juan Antonio García Borrero

Notas


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PRESENTACIÓN DE “ATRAPADO”, de Daniel Chile, en Camagüey

Cine cubano la pupila insomne - Vie, 05/19/2017 - 16:24

El próximo jueves, a las cinco de la tarde, en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, estaremos presentando en la Cibertertulia “El Callejón de los Milagros” el cortometraje Atrapado (2016), de Daniel Chile.

De acuerdo a la sinopsis, Roldán es un repartidor de pizzas que vive en una casa en pésimas condiciones y su esposa está a punto de dar a luz. Sin embargo, la entrega de una pizza a un cliente le dará un vuelco a su vida… El cortometraje está interpretado por Carlos Luis González, Alicia Hechavarría, Aramís Delgado y Patricio Wood.

Esa tarde, en la segunda parte del evento, estaremos hablando de las mejores películas cubanas realizadas en el siglo XXI.


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EN MEMORIA DE ADRIANO MORENO

Cine cubano la pupila insomne - Vie, 05/19/2017 - 14:47

Comparto con los amigos del blog esta lamentable noticia que acaba de dejarme Mayra Álvarez en mi muro de Facebook.

Estimados amigos:

Lamentablemente en horas de ayer en la mañana, falleció uno de los fundadores del ICAIC, una de las personalidades de nuestro cine. Conocido por sus amigos como “Nano”, Adriano Moreno.

Nació el 16 de abril de 1945 en Cuba. Hijo de una familia de cineastas cubanos, desde muy temprano incursionó en el mundo del cine convirtiéndose en director de fotografía, asistente y operador de cámara de diferentes largometrajes, cortometrajes, comerciales y video clips.

Comenzó a trabajar en el laboratorio del ICAIC en 1961 y en 1962 se inició como asistente de cámara, lo cual realizó durante catorce años. Posteriormente se desempeñó como camarógrafo. En 1987 fue promovido a director de fotografía. En su filmografía algunos de sus más representativos trabajos en el cine cubano como asistente de cámara son: En días como estos, Cuba 58, Mella, Girón, La odisea del General José, El huésped, La ausencia, Un día de noviembre, Lucía, La primera carga al machete, Los días del agua, No tenemos derecho a esperar, Tiempo de hombres, La nueva escuela; los documentales: Nace una comunidad (1975), El tiempo es el viento (LM) (1976), La sexta parte del mundo (LM) (1977), A veces miro mi vida (LM) (1981), El corazón sobre la tierra (1982), Que levante la mano la guitarra (1983), Mi hijo el Che (1985), Esa mujer de tantas estrellas (1987); como camarógrafo: Vuelo 134 (1965), Los días del agua (1971), El brigadista (1977), Polvo rojo (1981), Se permuta (1983), De tal Pedro tal astilla (1987), Pablo (1978), Tango y tango (1984); como director de fotografía: Dolly back, Clandestinos, Bajo presión, Confesión a Laura, Disparen a matar, El bosque silencioso, Golpes a mi puerta, La fidelidad, futuro incierto, Amaneció de golpe, Mambí, Che, El encanto de la luna nueva, Asesinato en El Meneo, Entre ciclones, Hablo a Venezuela, Mi vida por Sharon, Kangamba.

Fue profesor de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Impartió cursos y talleres en el ICAIC y en Venezuela, Chile, Costa Rica, Colombia y España. Ostenta la medalla Raúl Gómez García y la Distinción por la Cultura Nacional.
Nos sumamos al dolor de sus familiares y amigos más cercanos.


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EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS EN ECURED

Cine cubano la pupila insomne - Vie, 05/19/2017 - 05:30

Ha sido una agradable sorpresa descubrir que el Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual “El Callejón de los Milagros”, ya tiene su entrada en la Ecured. Todo lo que ayude a concederle visibilidad a los objetivos comunitarios del Proyecto será bien recibido.

Por otro lado, ayer tuvimos un excelente encuentro con buena parte de los educadores de la provincia, preparando el camino para las estrategias que el Proyecto debe trazar en un futuro que ya está allí, porque estamos hablando de acciones concretas para el verano y el curso escolar que viene.

Algo nos quedó claro a todos. El uso creativo de la tecnología no lo propicia la sola posesión de los dispositivos. Necesitamos estimular la voluntad institucional que empuje a convertir la condición de usuario intuitivo en algo fecundante. Y eso solo será posible si nos planteamos la formación de usuarios como una meta tan o más importante que la adquisición de tecnologías. Por suerte, en Camagüey ya empezamos a movernos en esa dirección.

Juan Antonio García Borrero


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